Guasón y Áyax: víctimas de una sociedad violenta

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Por Penélope Canónico


“ἁνὴρ ἐκεῖνος, ἡνίκ᾽ ἦν ἐν τῇ νόσῳ,
αὐτὸς μὲν ἥδεθ᾽ οἷσιν εἴχετ᾽ ἐν κακοῖς,
ἡμᾶς δὲ τοὺς φρονοῦντας ἠνία ξυνών”. Vs. 266-268.

“Aquel hombre mientras estaba en su delirio, se regocijaba en los males en que estaba. Por otro lado, su desgracia nos afligía a quienes comprendíamos”.

Las normas señalan qué conductas resultan disvaliosas en una sociedad que muchas veces parece teledirigida, como señala Giovani Sartori. Literatura y cine invitan a reflexionar acerca del escenario dramático que se genera cuando la regla es transgredida. La tragedia de Sófocles y la cinta de Todd Phillips presentan dos personajes que pueden ser leídos en una misma clave: olvidados por sus pares en un mundo que les resulta cruel ¿Qué sucede cuando buscan ser oídos y reconocidos?

El texto griego ejemplifica una tensión entre la nueva ideología de la civilización promulgada por Odiseo y los ideales aristocráticos encarnados en el héroe Áyax quien termina siendo conducido al suicidio por un ardid humano/divino. En tanto que, el Guasón interpretado por Joaquín Phoenix plantea que la sociedad es la culpable de haber destruido los sueños de un hombre hasta hacerle perder la razón.

Joker y Áyax fabrican en sus mentes una ficción teñida de violencia que los atormenta por dentro. Más tarde, la vuelven performativa al trasladarla al plano fáctico donde encuentran el escenario ideal para poder expresarse. Ser ignorados por el medio donde se encuentran inmersos les funciona como punto de partida para buscar respuestas.

Héroe y antihéroe son atravesados por fuerzas ajenas que los desbordan en su accionar. Dominados por una conciencia dramática que problematiza sus destinos. En el caso de Áyax, la ceguera causada por la diosa Atenea le impide distinguir la realidad y permite que sea gobernado por el odio y por una profunda crisis de identidad que lo conduce al tormento de sus rebaños. El Guasón pareciera ser un asesino narcisista antes que un enfermo mental precisado de ayuda. La pasión de este hombre olvidado por la sociedad reside en hacer reír, pero lejos de alcanzar su propósito, la vida hace que su visión del mundo se distorsione convirtiéndolo en un criminal.

Sujetos solitarios, al borde del delirio. Ante la imposibilidad de restaurar el honor quebrantado tras no haber resultado victorioso, como lo esperaba, en el concurso por las armas de Aquiles, Áyax resuelve apartarse de su entorno. Deja de considerarse como aliado de los aqueos para juzgarlos como viles enemigos. El Guasón hace lo propio con sus pares, cansado de recibir burlas y de que su voz sea cancelada.

Individuos violentos emergen de una sociedad violenta. Esta imagen recorre ambas historias, manifestando cómo el pasado es recreado en el presente de los protagonistas y cómo los esfuerzos por adjudicarles sentido a sus identidades resultan fallidos.

Víctimas del accionar de agentes externos que los convierten en sujetos vulnerables, conduciéndolos desde la rebelión, el desvarío, la deshonra y humillación. Se ven forzados a construir performativamente un final “heroico” que les otorgue visibilidad y purifique sus pasiones. Pero el reencuentro con sus valores heroicos resulta quimérico y el destino, ensombrecido por la impronta de la violencia. ¿Qué sucede cuando la sociedad invisibiliza su mandato de ser normal? ♣♣♣

#PA.

SÁBADO 23 DE NOVIEMBRE DE 2019.
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