El Tarot: entre el azar, la intuición y la creatividad

El Tarot: entre el azar, la intuición y la creatividad

Por Ana Llurba


En El tarot creativo. Una guía moderna para una vida inspirada, Jessa Crispin no solo ofrece una sugestiva introducción al método adivinatorio milenario desde su aplicación práctica como caja de herramientas inspiradoras para artistas y escritores, sino también una arqueología cultural y psicológica de su propio acercamiento a este lenguaje simbólico ancestral.

En la famosa ucronía El hombre en el castillo (1962) de Philip K. Dick, dos de sus personajes principales, el señor Tagomi, un comerciante japonés, y el escritor Hawthorne Abdensen, consultan una y otra vez un oráculo milenario, el I-Ching o Libro de las mutaciones. Este tratado, cuyo origen se remonta a más de tres milenios de antigüedad, consiste en la combinación aleatoria de sesenta y cuatro hexagramas. Un hexagrama es una figura compuesta por seis líneas horizontales apiladas, en la cual cada línea es bien un Yang (una línea sólida o ininterrumpida) o un Yin (una línea interrumpida por un espacio en su zona central) que representan una estructura de ideas relacionadas con las tensiones entre cambio y continuidad.

En ese preocupante mundo paralelo de ficción donde Alemania y Japón ganaron la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos es un territorio dividido y colonizado por ambas potencias triunfantes, ambos personajes, Tagomi y Abdensen, plantean las mismas dudas existenciales y vitales que su demiurgo, el escritor de la novela en sí como un juego de espejos. Tal como él mismo contó, durante la escritura de aquella novela ganadora del premio Hugo, Philip K. Dick tomó algunas decisiones estructurales de la arquitectura de aquella ficción que no le convencían mucho, solo porque aquel oráculo se lo aconsejó. En cambio, casi una década antes, el compositor vanguardista John Cage recurrió al mismo libro adivinatorio y cosmogónico para trabajar de manera sistemática con el azar y la influencia de las filosofías orientales. A diferencia de Dick, Cage obtuvo resultados más que satisfactorios para su famosa composición Música de los cambios (1951), cuyo nombre adoptó del famoso oráculo chino (El libro de las mutaciones o el libro de los cambios).

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Autores como Borges, Calvino, Yeats, Plath o Shirley Jackson han empleado el lenguaje simbólico y el método adivinatorio en sus obras.

Artistas y barajas. Con un origen que de acuerdo con la fuente que se consulte se remontaría hasta el Antiguo Egipto o hasta la Baja Edad Media y el Renacimiento, como en el caso del Tarot de Marsella, el Tarot ha sido también utilizado como dispositivo inspirador por muchos creadores.

El Tarot de Marsella es la baraja más conocida. En sus orígenes se utilizaba solo con fines lúdicos y a medida que se fueron agregando elementos simbólicos y alquímicos, comenzó a utilizarse con fines oraculares. Con sus setenta y ocho cartas divididas entre veintidós arcanos mayores, más cincuenta y seis arcanos menores representados por cuatro palos: espadas, bastos, copas y oro, que a su vez representan los cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra, el tarot de Marsella es la baraja estándar en la que se inspiran casi todas las demás.

Tal como cuenta la misma Jessa Crispin en la introducción de El tarot creativo, las huellas del uso de este lenguaje simbólico y método adivinatorio han influenciado a escritores interesados en relatos arquetípicos como los provenientes de las mitologías universales, las leyendas y los cuentos de hadas como Jorge Luis Borges y sobre todo Italo Calvino, quien confesó usar este método para tomar decisiones durante la escritura de El castillo de los destinos cruzados (1973). No es sorprendente que estos narradores interesados en los arquetipos y simbologías milenarias que habitan en el inconsciente colectivo recurrieran a este lenguaje simbólico, incorporando elementos susceptibles de ser actualizados, asumiendo nuevas formas en la ficción, a través de un eterno retorno que no siempre significa lo mismo.

Sin embargo, no solo estos escritores con inspiración metafísica y filosófica recurrieron al Tarot. Autores como William Butler Yeats, poeta y dramaturgo considerado unos de los padres del llamado “Renacimiento irlandés”, la poeta Sylvia Plath, alma máter junto con Anne Sexton y Robert Lowell de la poesía confesional o Shirley Jackson, narradora americana y artífice del género del terror con trasfondo social también lo hicieron. A pesar de sus diferentes contextos históricos, estilos y circunstancias personales, la marca del acercamiento al lenguaje arquetípico del Tarot es un denominador común en algunas de sus obras. Otros creadores, como el polifacético Alejandro Jodorowsky no solo rediseñó la baraja clásica, la llamada Tarot de Marsella, sino que toda su prolífica obra cinematográfica y literaria está influencia por el sugestivo lenguaje de los arcanos que conforman la baraja.

Al igual que Jodorowsky, otros artistas no solo han modificado sino que han creado su propia baraja incorporando su estilo en el diseño de los arcanos. Tal como el ilustrador Ricardo Cavolo con su Tarot del fuego o The Slutist Tarot, que presenta una celebración mística de la tendencia sex positive con un enfoque queer y algo kinky también. La misma Crespin trabajó en el diseño de una baraja junto a la artista Jen May. El resultado es el Spolia Tarot, una sugestiva baraja donde a través del collage conviven imaginería e historia esotérica elaborando una interesante arqueología cultural.

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En El Tarot creativo, Jessa Crispin critica los prejuicios contra lo esotérico, intuitivo y espiritual.

Con otro enfoque, el compositor Brian Eno junto a Peter Schmidt crearon una baraja llamada Oblique Strategies. Over One Hundred Worthwhile Dilemmas (Las estrategias oblicuas. Más de cien dilemas que valen la pena). Su objetivo no era recrear la baraja clásica, reproduciendo sus arcanos sino crear una caja de herramientas para artistas. En lugar de ello, crearon un oráculo para ser usado cuando se está atascado en un problema o cuando se necesita una perspectiva nueva en una situación dada. En cada carta aparece un aforismo o una restricción desafiante. Algunas contienen paradojas prácticas sobre procesos creativos y la mayoría de ellas tiene que ver con cuestionar el acercamiento del artista a sus objetivos. De esta manera, este tarot es una caja de herramientas para superar los bloqueos creativos alentando el pensamiento lateral.

Estimulación creativa. Jessa Crispin es conocida en España sobre todo por sus dos libros anteriores: el beligerante ensayo Por qué no soy feminista: Un manifiesto feminista (Ediciones del Lince, 2017) y El complot de las damas muertas (Alpha Decay, 2018) unas acertadas memorias donde, entre la crítica literaria y la autobiografía, narraba su viaje a través de Europa y más allá en busca de sentido en el exilio, a través de las vidas de escritores y artistas anteriores que también se encontraron a la deriva. Además fue editora fundadora del magacín literario Bookslut y también escribe para medios como The New York TimesThe GuardianThe Washington Post o Los Angeles Review of Books. En este, su tercer libro, El tarot creativo. Una guía moderna para una vida moderna (Alpha Decay, 2019), Crispin se anima a ir en contra de los prejuicios que ven cualquier acercamiento a lo esotérico-intuitivo-espiritual con condescendencia y hasta repugnancia.

Siendo ella misma una tarotista experta que cobra 140 euros por hora de consulta (!), con varios artistas entre sus clientes habituales, Crispin creó un especie de manual que pretende mostrar que el Tarot puede ser útil para cualquiera que se dedique a actividades creativas. Con el paso del tiempo el Tarot de Marsella se convirtió en la baraja estándar, y la gente comenzó a usarla tanto que inspiró otras. La baraja Rider-Waite fue diseñada en 1903 por dos miembros de la Orden Hermética de la Aurora Dorada, Arthur Waite y Pamela Colman Smith, y toma el primer apellido de la compañía editora. El manual de Cristin se basa en ella.

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Toda la obra cinematográfica y literaria de Jodorowsky está inspirada por el tarot y él mismo rediseñó la baraja clásica.

Con el objetivo de liberar este milenario lenguaje simbólico de su carga ocultista y acercarse a los más escépticos, al final de su interpretación de cada carta, la autora ofrece una lista sugerida de material suplementario: libros, películas, pinturas. De esta manera, crea un mapa personal marcado por varios hitos bibliográficos inspiradores, donde relaciona cada uno de los arquetipos que representan las cartas con referencias más literarias que arcanas. Por ejemplo, en el apartado sobre la carta del Dos de copas, un arcano menor muestra a un hombre y a una mujer sosteniendo una copa cada uno. Ambas se tocan y de la unión surge una cabeza de león alada sobre un caduceo. Según explica Crispin, esta carta trata sobre la colaboración y el respeto mutuo, y por eso para complementar su sentido sugiere el álbum My Life in the Bush of Ghosts, de Brian Eno y David Byrne y el libro Radioactive: Marie & Pierre Curie, de Lauren Redniss. Además, siguiendo los preceptos de la psicología jungiana, Crispin enfatiza en la importancia de la imaginería arquetípica de cada carta como un estímulo para pasar por alto el proceso de pensamiento, alcanzando una reflexión más emocional e intuitiva. Aunque Crispin cree que las cartas pueden ayudar a las personas a lograr una mayor autocomprensión, insiste en que su uso no es el equivalente a la terapia.

De esta manera, a través de una propuesta lúdica y entretenida, El Tarot creativo no es tan diferente de su libro anterior, El complot de las damas muertas, con su singular método de crear cartografías de inspiración artística, de contagiar a través de la lectura y la experiencia vital nuevas maneras de acercarse a la producción creativa. ♣♣♣

#PA. CACTUS.

Ilustración: Nathalia Escalona