Dilemas del país perfecto

Dilemas del país perfecto

Por Lucía Sabini Fraga

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Suecia tiene un nivel de desarrollo y organización que resulta difícil, a nuestros ojos, imaginar. Desde detalles que parecen mínimos, como la señalización automática en cada parada de bus, tren o medio de transporte, indicando destino final y tiempo que resta para que pase (GPS mediante), y que en realidad significan millones de carteles electrónicos conectados.

En cualquier departamento, independientemente de la zona en la que se encuentre, se tienen lavaplatos automáticos y puertas con códigos o llaves con dispositivos electrónicos imantados para abrir y cerrar no solo la puerta de ingreso al edificio, sino para el sector de lavadero (un sistema comunitario de máquinas y secarropas organizado por turnos) y también para tirar la basura, que por supuesto tiene su depósito aparte. Primera conclusión, no es bueno tener mala memoria numérica ni andar perdiendo llaveros en este país.

Suecia es uno de los países pioneros en abandonar el uso de efectivo. Existen lugares para ir a comprar o consumir en los que ya no aceptan más que tarjetas. Y los turistas, a veces andamos con ciertas dificultades a la hora de pagar, sobre todo los que no se manejan con tarjetas en sus países. Convengamos que en Estocolmo, la capital sueca, todo es tan caro ─comparándola incluso con otros países europeos─ que difícilmente vengan turistas que no tengan cierto nivel socioeconómico y por consecuencia, usos varios de tarjetas. Es más, ya los plásticos comienzan a ser obsoletos y lo más común es el uso de sistemas (aquí se llama Switch) de pago mediante aplicaciones del celular conectadas a las cuentas bancarias. Bienvenidos al fin de la materialidad del dinero.

En una cena familiar hace pocos días, me sorprendió como la dueña de casa mientras me hablaba y preparaba milanesas ─nos quiso deleitar con algo típico de nuestros pagos para no extrañar supongo─ miraba a cada momento su reloj de pulsera. Al rato entendí que no es que fuese una obsesiva de la hora, sino que su whatsapp estaba allí titilando en la pequeña pantalla de la muñeca. No se me ocurre peor dependencia que llevar el celular como si fuera el tiempo mismo. En mis 34 años no había conocido nunca tal sistema, aunque puede ser que no sea yo el paradigma de la tecnología. Teniendo en cuenta su omnipresencia (y nuestra creciente dependencia) no es Suecia un lugar ideal para quedarse sin batería en el teléfono ni para tener un modelo medio chotito. De hecho, el Iphone es el modelo más habitual dentro de los jóvenes.

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Si ya el Uber aparece como toda una novedad para nuestros destinos y solo se consigue en algunas ciudades de Argentina; en Estocolmo ya se alquilan con un solo click mediante una app, un monopatín (seguro en inglés hay un nombre más cool que yo desconozco) con el que circular a mayor velocidad que caminando pero sin la incomodidad de un permiso de conducir o del ejercicio que requiere una bici. Se pueden dejar en cualquier lado siempre y cuando se cumplan los límites establecidos por el radar. Del mismo modo y con similares reglas, se alquilan autos mediante una aplicación (Aimo por ejemplo es una de las más vistas por la ciudad). Por supuesto están las bicis, que también son de uso masivo como en varios lugares de Europa; y una red de transporte público que combina subterráneos, trenes, trenes-subterráneos (si, son distintos) barcos y colectivos digna de envidiar.

Para entender estas cuestiones, es necesario saber que la geografía estocolmense difiere mucho de la de otras ciudades. Comparándola, por ejemplo, con Buenos  Aires, donde es fácil tomar una dirección, fijarse si sube o baja la calle y ya. Estocolmo mantiene cierto relieve propio de la zona montañosa al mismo tiempo que sus distintos barrios son islas rodeadas por agua y bosque unificadas por la gestión humana. Un mar de archipiélagos super conectados. Eso la hace una ciudad increíblemente linda turísticamente hablando, aunque sacando el detalle de un clima francamente hostil. Mantiene el contacto con la naturaleza a través del agua, el bosque y las superficies rocosas de manera casi ininterrumpida dando un continuo respiro a la visual. Solo hay que acostumbrarse a un invierno con noches de 20 horas y veranos (cortos y no muy intensos) con el sol en la cara desde las 3 de la mañana.

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La tierra de Alfred Nobel, de ABBA, de la historia vikinga. Tierra de exitosas multinacionales cuya tecnología de punta modificaron hábitos y consumos planetarios. La histórica empresa líder en comunicación Ericsson, la marca de autos Volvo, el sistema de música más utilizado actualmente Spotify, la empresa de diseño mobiliario para el hogar y la autoconstrucción IKEA, o un gigante de la industria petrolera como Skanska, son sólo algunos ejemplos de la lista.

Según un informe de la BBC de Londres, en los últimos años este país nórdico creó más compañías multimillonarias per cápita que cualquier otro lugar (por supuesto, después del enclave norteamericano empresarial Silicon Valley). Suecia tiene hoy día apenas poco más de 10 millones de habitantes: es entendible que con gran cantidad de empresarios y emprendedores (para la envidia del presidente argentino) en su haber ligados a desarrollos tecnológicos, el país incorpore avances en su vida cotidiana de manera regular e ininterrumpida, fenómeno que se presta en países con escalas demográficas como estas. Y tampoco se puede dejar de lado el papel del Estado ─por no decir que es fundamental─ propiciando una red de bienestar social impensable en otro lugares.

Se aporta el 30 por ciento de los ingresos (del salario por ejemplo) en concepto de impuestos, que se debitan automáticamente. Un porcentaje que se mantiene hace años y que ha dado tremendos y visibles desarrollos, aunque cada día es más cuestionado. De todo modos, el círculo sigue cerrando: el grado de consumo es extremadamente acelerado, acompañado de sueldos que lo permiten, un Estado de bienestar bastante presente, y un desarrollo tecnológico siempre en punta. Las clases medias profesionales tienen sus casas o departamentos valuados en un millón de euros: esos son los parámetros del país del norte.

Todo parece maravilloso hasta que recordamos que si todos los países del mundo consumiéramos (objetos, plásticos, agua, alimento, energía) en los niveles suecos, necesitaríamos como humanidad varias decenas de planetas tierra. Y el problema es que no los tenemos, entonces… ¿quiénes sobran?♣♣♣