El todoterreno del cine: Peter Weir

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Por Alicia García

Al oír el nombre de Peter Weir, solo los más cinéfilos lo reconocen. Pero cuando se añade que es el director de joyas como The year of living dangerously, The Truman Show o Witness, muchos se sorprenden de que una única persona esté detrás de títulos tan diferentes.

Porque si hay algo que caracteriza a este cineasta australiano es que en sus 75 años de vida -que cumple hoy- ha hecho todo tipo de cine y siempre con la calidad por bandera, desde historias políticas a thrillers pasando por cine romántico, de guerra o de aventuras, Weir New South Wales, es uno de los realizadores más completos y con un estilo que ha sabido adaptar de manera brillante a cualquier género. 
 
Pese a ello, no ha conseguido traducir en premio las seis nominaciones recibidas a lo largo de su carrera, uno como guionista Green card, cuatro como mejor director  Witness, Dead Potes Society, The Truman Show y Master and Commander, y una como productor de esta última. 
 
Pero si hay algo que destaque en la trayectoria de este australiano es su capacidad para ver la calidad interpretativa en los actores. No solo ha dado algunos de sus mejores papeles a intérpretes a veces encasillados como Harrison Ford, Mel Gibson o Jim Carrey, sino que ha ofrecido oportunidades en apariencia descabelladas pero tremendamente acertadas como dar a Linda Hunt el papel de su vida, solo que era el de un hombre. 

Tras realizar varios documentales televisivos, Weir debutó en el cine con Homesdale en 1971 una mezcla de comedia y drama, a la que siguió una historia de ciencia ficción, The cars that ate Paris en 1974, pero fue la historia de época Picnic at Hanging Rock de 1975 la que hizo sonar su nombre fuera de Australia. 
  
El thriller sobrenatural The last wave, con Richard Chamberlain a la cabeza, demostró la habilidad de Weir para cambiar de género sin perder fuerza y fue su primer éxito internacional.  Aunque sería su siguiente trabajo, un drama sobre la batalla de los Dardanelos de la Primera Guerra Mundial, en la península turca de Gallipoli, que dio el título al filme, el que le situaría definitivamente entre los directores más destacados de aquel 1982. 
 
Fue nominado al Globo de Oro a la mejor película extranjera y supuso además la confirmación de Mel Gibson como estrella emergente tras el primer Mad Max.  Gibson repetiría en el siguiente proyecto de Weir, The year of living dangerously, un drama político romántico con el periodismo como hilo conductor ambientado en el momento de la caída de Sukarno en Indonesia, en 1970.

Una historia violenta y sensible al mismo tiempo, con un reparto en el que también estaba Sigourney Weaver y una Linda Hunt que sorprendió a todo el mundo con un papel masculino con el se llevó el Óscar a mejor secundaria de aquel año. 

A continuación llegó su salto a Hollywood y lo hizo con un thriller que confirmó la calidad interpretativa de Harrison Ford -más allá de Star Wars o Indiana Jones y el buen pulso para contar historias de Weir. 
 
Witness de 1985 consiguió ocho nominaciones a los Óscar -entre ellas las de mejor actor para Ford, mejor director o mejor música, para Maurice Jarre-, pero solo ganó dos, las de mejor montaje y guion. Fue el año de Out of Africa

Su último trabajo hasta la fecha ha sido The way back en 2010, su película más floja junto a “Fearless” (1993), ejemplos de que hasta el mejor maestro hace un borrón. ♣♣♣

Redacción PA. Agencia EFE.
 



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