Metamorfosis sin título

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Por Mariana Díaz

No es extraño pensar en las razones de la excepcional riqueza en pinturas del Museo del Prado al saber que durante el Siglo XV y XVI hubo una misma monarquía ejerciendo el poder sobre España y los Países Bajos y el fundamento del Museo era tener la colección real de España.

Entre Carlos V e Isabel la Católica, Felipe II fue el gran heredero del detalle, de la religiosidad cotidiana, de la angustia, la conmoción y la tensión que provenían de la pintura flamenca y del renacimiento italiano, entre las obras maestras de Tiziano, Van der Weyden y Patinir, adquirió en abundancia las extravagantes y maravillosas obras de Hieronymus van Aeken Bosch, “el Bosco”.

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Quizás ya percibiste el hormigueo de la mente cuando se encuentra con el Bosco, con las inquietantes figuras enigmáticas, fantasiosas, desgarrantes, satíricas y ambiguas que después de observarlas concluyen en sensaciones absolutamente indefinidas.

Existen dos nombres para una misma experiencia: mal y miedo. No los podemos entender, ni expresar con claridad y menos aún con satisfacción, son hechos negativos por la misma razón de que nos resultan inexplicables y el Bosco nos invita a pensar en lo impensable.

“El mundo es un carro de heno del que cada uno toma lo que puede”, el artista utiliza un proverbio flamenco, pero representa al mundo según una imagen bíblica.

La creación, la mujer y el pecado. El mal inexplicable que desafía históricamente al entendimiento de que el mundo sea habitable. Eva fue engañada por la serpiente, comió del fruto y lo compartió con Adán. Ambos decidieron y decidir fue el ingreso del pecado al mundo. Existe el pecado porque existen los mandamientos, existe el mal porque existe un código que lo supone, pero también, existe la razón humana, que es un atributo permanente y universal y depende de cómo esté compuesta es que percibimos el hormigueo de nuestra mente.

Los placeres de la humanidad. La imagen central nos muestra una situación en la que el anuncio de una catástrofe no produce ningún cambio visible en el comportamiento humano, dónde hay una sutil connotación de las consecuencias. Placeres, sátira religiosa, maravillas, diversidad, violencia y figuras fantásticas como la forma humana desvirtuada.

Hay un actor principal, un símbolo en silencio y la disolución de la humanidad es el caos que se produce alrededor de él. El heno está ahí, es solo una forma y la civilización es vulnerable ante él, el miedo a quedarse atrás y el miedo a la exclusión. En la imagen sobran estímulos para tener miedo, un miedo de que todo colapse sobre ellos mismos.

En esta escena el miedo no es en absoluto imaginario, la obra tiene la autoridad de representar algo que quizás nos es imposible creer y nos enfrenta a una realidad violenta como medio de la humanidad para obtener placer, el tan actual disfrute ahora y pague luego.

De la génesis, el infierno. El artista propone un infierno en construcción, pero el infierno de ayer es el mismo que el de hoy. En la antigüedad muchos se aprovechaban y utilizaban esto para hacer que la gente compre su salvación. Hoy en día, el demonio hasta nos parece irrisorio, la crisis de confianza crece en el momento en el que nos damos cuenta de que el mal puede estar en cualquier lugar, no destaca de la masa, ni de una deliciosa cuna surrealista como lo es este tríptico.

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Zygmunt Bauman me invita a reflexionar sobre el desencadenamiento que provoca la increíble obra El carro del heno. Nos ha curtido el arte de la vida moderna líquida, estamos en una especie de zona gris donde hay una confusión que envuelve el futuro en una niebla aún más densa y la niebla es uno de los escondites favoritos del mal y se forma a partir de los vapores del miedo.

El hecho de que pensemos una obra que fue realizada en el año 1500, no consiste en dejarla en el pasado, sino, en reivindicar las esperanzas del pasado y obligarnos a reinventarlas continuamente, en buscar el equilibrio entre la igualdad, la libertad y la seguridad.

Existen dos nombres para una misma experiencia: mal y miedo. Podemos intentar ver que hay más allá del miedo, ir a lo profundo de sus raíces, el Bosco nos las trae y el arte nos propone que el hormigueo de nuestra mente se enfrente a la tarea de arrancar esas raíces.

#PA. El Bosco. El carro del heno. Ca 1500.

Domingo 10 de mayo de 2020.
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