La representación de la mujer en el teatro de Shakeaspere

La representación de la mujer en el teatro de Shakeaspere

Por Penélope Canónico

Las obras del dramaturgo inglés se resignifican época tras época, sin perder vigencia, puesto que al asistir a sus representaciones el espectador experimenta las pasiones presentadas sobre el escenario. Allí reside la magia de sus textos. Los personajes femeninos contribuyeron a acentuar este propósito. Por cuestiones de moral y buena conducta, estaba prohibido que fueran interpretados por mujeres. Cristina Featherston, docente de literatura inglesa de la UNLP e investigadora de CONICET, explica cómo fue retratada la figura femenina dentro del ámbito teatral Isabelino, concretamente en Shakeaspere.

El teatro de Shakeaspere se produjo principalmente en la época isabelina (Siglo XVII), donde fue conceptuado como una empresa comercial. Cumplía una función de entretenimiento popular y estaba ubicado en una zona marginal de Londres, llamada southback (ámbito de prostíbulos, pubs y teatros). El precio de las entradas variaba de acuerdo a la comodidad de la ubicación: las más baratas le exigían al público estar de pie, expuesto a los cambios meteorológicos.

Las representaciones se llevaban a cabo durante el mediodía. “Me resulta difícil imaginar la escena central de Romeo y Julieta en plena luz del día porque estudié a Shakeaspere a la manera victoriana, en la cual la escenografía es realista y verosímil. Pero en el período isabelino el público tenía un papel activo, ya que estaba obligado intervenir con su imaginación”, explicó Featherston.

Si uno se remonta al Siglo XVII, pareciera que la función de la mujer es secundaria. En este sentido, asume un papel de mera espectadora, lo cual  puede observarse en las grabaciones que las retrataron camino al teatro dentro de embarcaciones. Es necesario preguntarse qué pasaba con ellas en el contexto de la representación, dado que les estaba prohibido subirse al escenario porque estaba mal visto social y moralmente que fueran actrices. De modo que los papeles femeninos eran representados por jóvenes adolescentes para que la voz no sonara  tan discordante.

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A fines del Siglo XX un reconocido  actor norteamericano encontró una placa en el depósito de una zona abandonada del southback, que tenía la siguiente leyenda: “Aquí estuvo el teatro de Shakeaspere”.  De modo que allí se construyó El Globo, recinto elegido por la compañía del dramaturgo inglés. “Cuando fui al Globo, asistí a una puesta en escena de la Fierecilla domada, en la cual actuaban solo mujeres. Lo curioso es que en pleno Siglo XX, aun los papeles masculinos estaban representados por ellas. Descubrí que el director de la obra había decidido presentar la contrapartida del teatro isabelino, haciendo el ejercicio inverso”, relató la investigadora.

Por otro lado, el lector del S XXI se asombra de que los personajes personificados por Julieta y por Lady Macbeth evidencien un distanciamiento con respecto al modelo coercitivo femenino de la época, dado que no se ajustan al estereotipo de mujer confinada al ámbito de lo privado. Tampoco lo hacen Cleopatra en Antonio y Cleopatra, Gertrudis en Hamlet, Titania en Sueño de una noche de verano ni Porcia en El mercader de Venecia. “No es un dato menor que estas figuras adquieran una función activa dentro de las tragedias y comedias shakeaspereanas, mientras que en las obras históricas se tiñen de pasividad al ser consideradas como prendas de intercambio entre las dinastías”, destacó la investigadora.

Shakeaspere construyó sus obras tomando diversas parejas de amantes provenientes de la antigüedad. Así, uno puede detectar a Antonio y Cleopatra, Helena y Lisandro, Píramo y Tisbe, Troilo y Crésida. Todos ellos poseen una larga tradición que fue rescrita y resignificada por el escritor inglés. Ahora bien, el personaje de Julieta no deriva de ninguna literatura clásica, mitología, leyenda ni cultura arcaica. Pues se trata de una doncella cuya imagen fue construida e idealizada  culturalmente por la sociedad. Es decir, no existen referencias internas que aludan a las pasiones de Romeo y Julieta dentro de las obras shakeaspereanas, como sí ocurre, por poner un ejemplo, con la pareja de Píramo y Tisbe a la cual sugiere Hamlet. “Pienso que Troilo y Cresida podrían ser un Romeo y Julieta bis porque se juran amor eterno y concretan su pasión sin expectativa de matrimonio y pertenecen a distintas familias.

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Ahora bien, si uno realiza una lectura minuciosa de Romeo y Julieta, puede darse cuenta de que él está enamorado de una mujer ideal pro que acrece de toda determinación. Si bien es Romeo quien inicia el proceso de maduración, resulta mucho más profundo en Julieta. Sin embargo, ella depende en todo momento de la nodriza, personaje importante por encarnar el rol de una madre, quien le aconseja y le  brinda afecto maternal. No obstante, Julieta se independiza cuando le inspira a cometer adulterio, diciéndole: “Romeo está encerrado, casate con el príncipe Paris”. En este sentido, Fathearston reflexiona: “Me parece relevante la escena en que Julieta, tras haber recibido un consejo de su nodriza, se da vuelta y la llama mujer diabólica. Considero que a partir de ese instante, comienza a recorrer su propio camino de maduración. Aunque termine enredada en un trágico destino por no haber sido capaz de advertir la estrategia del fraile, me resulta sumamente importante que haya cobrado independencia de la sociedad en la que estaba inmersa”.

Así, diferentes clases de mujeres afloran en las obras del dramaturgo inglés. “Romeo y Julieta es vista como una obra menor, pero en realidad la protagonista marca un tipo de mujer”, señaló la docente. Asimismo, en Macbeth se puede observar la figura femenina asociada a la ambición por el poder y a la falta de descendencia por no cumplir con los mandatos sociales. Lo mismo sucede en Antonio y Cleopatra. En cambio, en El Mercader de Venecia surge la mujer racional que supera a los varones en su argumentación pero debe enmascarar su rostro bajo ropajes masculinos, como si fuera un juez. Finalmente, en La tempestad, última obra conocida de Shakeaspere, el personaje de Miranda aparece vinculado a la civilización porque resuelve cuestiones que su padre, obsesionado en la magia, olvidaba.

 “Mi obra preferida de Shakeaspere es Hamlet porque me parece una pieza que uno no puede terminar de cerrar. Lo curioso es que  nunca me convencieron las interpretaciones que he visto del príncipe. Pero me sigue interpelando la figura del personaje que cree que la vida es una cosa (los padres se aman, las mujeres son fieles, los hombres son a imagen y semejanza de Dios) pero cuando se enfrenta con ella todo es desencanto. Sin embargo, no me gustaría que Hamlet fuera representado por una figura femenina”, sentenció la investigadora. ♣♣♣

#PA.