El juego metafórico de Magritte

El juego metafórico de Magritte

Por Mariana Díaz

Acepté el rayo de luz que ingresó por la ventana cuando salió para iluminarme naturalmente, el color de una voz que me habló para salvar al tiempo de mi apuro, acepté el roce de otro cuerpo como el deseo de ser la gota de lluvia que caía de su ropa.

Me dirigí siempre hacia ti, sin importar el sentido de la fuerza, tuya o mía, la fuerza como esa fragilidad cuando nos agarrarnos de algo hasta temblar. Porque nada puede detener ni a la luz natural, ni al color de una voz que te salva, ni al deseo de ser lo que le sucede al otro.

Nos dirigiremos siempre, sin importar si la fuerza es tuya o mía.

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Metáfora in absentia total

Un tiempo después de habernos encontrado con Magritte en la Línea A, pienso que todo aquello que fue apenas perceptible a primera vista, aún sobrevive, una satisfacción para quienes existimos -sin importar el sentido de la fuerza- de la existencia del arte.

Para captar la alegoría de la obra, es fundamental que el significado literal de la existencia emigre hacia el significado de la ficción, en donde se diferencian las cualidades para distinguirlas entre tres tipos de metáforas: las denotativas, las connotativas y las asociativas. La primera comprende cualidades primarias de la obra y la semejanza de la forma que la define; la segunda comprende las cualidades socialmente aceptadas y los atributos que dan valor a la obra, pero no la definen; y la tercera comprende las cualidades individualmente aceptadas y los atributos que dan valor a la obra, pero la definen según lo que el individuo esté dispuesto a ver.

En 1964, René Magritte pintó una obra de doble metáfora, dotada por el profundo significado hacia la ausencia de la obra maestra. En la semejanza de formas, utilizó propiedades denotativas y en el enigma de la histórica sonrisa, propiedades connotativas. La falta de similitud referencial, la sinécdoque, las variantes figurativas y la ironía, fueron algunos de los elementos que Magritte empleó en La Gioconda.

René Magritte. La Gioconda. Óleo sobre lienzo. 1964

Al poner en juego la realidad, relacionar una parte con el todo, sustituir las formas y disponer de indiscutibles elementos que hacen a la metáfora visual, el artista logró representar una obra fundada en la semejanza de La Gioconda del gran Leonardo Da Vinci

El cielo de Magritte y el paisaje de Da Vinci; los pliegues en las cortinas y los pliegues en la indumentaria; la incógnita del detrás de escena del telón y el misterio desde el año 1500. Técnicamente, la estructura, la composición, la forma y la paleta cromática. Cáusticamente, la comparación y el desfasaje del elemento principal. Esencialmente, la presencia del título.

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La Gioconda de René Magritte no solo es un giro retórico para poner en duda a la institución arte y cuestionar los valores irónicos del relativismo, es también, una obra para no perder de vista a aquello que está en ausencia parcial o total, aquello que sobrevive y no puede sonar, como el cascabel de la obra, que tiene una pequeña abertura, que se ve plana, como la línea del fondo a la que a la sociedad contemporánea nos cuesta llegar, pero que si nos acercamos, sin importar de quien sea la fuerza, nos dirigiremos siempre a la histórica sonrisa. ♣♣♣

#PA.

Domingo 18 de octubre de 2020.