El idilio de una mujer con la vida

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Por Mariana Díaz

El autorretrato es una práctica histórica en el arte y un autoconocimiento a través de los sentidos. En el Renacimiento, los sentidos se relacionaban con la imagen del cuerpo cósmico, la vista con el fuego y la luz, el oído con el aire, el olfato con el vapor, el gusto con el agua y el tacto con la tierra y tenían un orden jerárquico, en que la vista se encontraba en primer lugar.

El pensamiento occidental también se ha conformado en términos visuales, Heráclito, Merleau Ponty o Borges y el don de su modesta ceguera, han expresado y demostrado su apreciación por el sentido de la vista. Peter Sloterdijkresume que una buena parte del pensamiento filosófico es: ojo-reflexivo, ojo-dialéctico, se ve a sí mismo viendo

El paradigma ocularcentrista a largo de la historia –se supone– nos vincula con el conocimiento, con el mundo, con la verdad y la realidad. Desde el arte, el período renacentista y la representación en perspectiva, hicieron del concepto del yo y del ojo humano, el punto central del mundo.

El filósofo Erich Fromm, entre otras preguntas, se respondía que la realización del yo, se alcanza no solo por el pensamiento, sino también, por la personalidad total y por la expresión activa emocional e intelectual y que se actualizan solo en la medida en que lleguen a expresarse. En otras palabras, la libertad positiva consiste en la actividad espontanea de la personalidad total integrada.

Sin embargo, el concepto del yo y la identidad individual, son algunas de las dudas más importantes a despejar en la actualidad. Pensar, sentir y querer, deberían ser una parte fundamental de nuestra búsqueda y expresión, no para responder a una identidad colectiva ni para ser diferentes, sino, para ser iguales desde el concepto de la identidad individual, un autorretrato genuino y libre.

Ir andando sin norte, sin oeste, sin este, y extraviado del sur, como gira este mundo, de la luz a la sombra, de la sombra a la luz, de la luz y la sombra, a ti.

Canción de Auterretratos. Luis Eduardo Aute.

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Interioridad asiática y exterioridad europea

Amrita Sher-Gil fue una artista que nació en Budapest en 1913, su madre fue una cantante de ópera húngara y su padre un aristócrata sij indio, vivió en Hungría, Francia y por último en India. La multiculturalidad agregó un plus al talento de esta artista que, sin dudas, logró vincular de una manera muy particular el estilo europeo y el asiático. 

En 1976, India declaró a Amrita como una de las figuras más importantes de este país, reconociendo su valor artístico y estético que continúa siendo fundamental en las nuevas generaciones.

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Del ocularcentrismo a la conducta voyeur. Mientras corre la vie en rose, me encuentro cautivada por las manos de una mujer que sostiene la historia y la cultura a través de una prenda.

No tengo dudas de que podemos ingresar a una obra por medio de la vista, pero también, podemos desafiar la hegemonía de este sentido y optar por una postura multisensorial, para que –como voyeur– podamos sentir el placer de analizar un autorretrato genuino y libre.


Autorretrato, de izquierda a derecha.

  • Un espacio exterior: Mercado húngaro. Óleo sobre lienzo. 1938
  • Un espacio interior: Almacenes. Óleo sobre lienzo. 1933
  • Un gesto: Autorretrato. Óleo sobre lienzo. 1930

Autorretrato, de izquierda a derecha.

  • Una escena y un color: Baño de la novia. Óleo sobre lienzo. 1937
  • Una persona: Mi abuela, Jasbir Kaur. Óleo sobre lienzo. 1936

Autorretrato, de izquierda a derecha.

  • Cultura o dogma: Brahmacharis. Óleo sobre lienzo. 1941 
  • Algo que no: Última pintura sin terminar. Óleo sobre lienzo. 1941

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#PA.

Domingo 14 de junio de 2020.
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