Eclecticismo sin título

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Por Mariana Díaz

Recorriendo la historia de la humanidad, trazamos una línea y nos encontramos 300 años antes de Cristo con una cultura que fue verdaderamente dominante, diversa e internacional. Entre el debilitamiento de Atenas y la conquista del Imperio Romano, se encuentra el Helenismo, una época en la que inicia una sociedad universal que duró más de 300 años, en el que las características más importantes se realizaron en la medida en que se suprimían los límites geográficos, el nacionalismo y ciertos privilegios de clase.

El fin de la ciudadanía vinculada a la polis significaba ignorar los orígenes y las tradiciones, no sólo de los habitantes del Imperio que respondían a la nueva organización capitalista, sino también, de los artistas que se trasladaban libremente a los nuevos puntos culturales del Imperio.

El Helenismo hacía posible un sentido de comunidad colaborativa, distributiva e integrativa, que se orientaba a la organización económica racional y a la materialización de la vida espiritual. Un sistema ecléctico, no solo sucedía en la diversa y burocrática organización del Estado, sino que también, sucedía en el arte través del concepto “commercium litterarum et artium” que generaba la unión trabajadora para la fundación de instituciones, colecciones de arte y trabajos objetivos, en base a un nuevo desarrollo que debía ser intelectual, competente y rentable.

Los estilos artísticos de las épocas anteriores al Helenismo no fueron igualitarios, mientras que las clases sociales superiores convivían con el arte aristocrático -supuestamente- elevado y formal, las demás, lo hacían con el arte -supuestamente- intermedio entre lo sagrado y lo profano.

Barroco, rococo y clasicismo, fueron algunos de los estilos artísticos que convivieron en el Helenismo, una convivencia experimental entre expresiones y libertades, que lograba confundir, desvalorizar y disolver el estilo clásico del arte y su estructura social poco igualitaria.

La consolidación económica y social de la antigua clase media -que no tenía influencia en el arte elevado y formal- cambiaba la estructura social y conformaba un nuevo público que tendría la posibilidad de acceder sobre las bases del capitalismo racional, creativo y estético del Helenismo, al consumo de obras de arte.

El eclecticismo tenía la intención de contribuir a una vida artística más igualitaria, los cambios que se daban en la estructura social, lograban romper la relación entre el individuo y el sistema político y favorecían a las capacidades individuales y al personalismo, uno de los rasgos más característicos de la época helenística.

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Ideas antropomorfas, poderosas, bellas y siempre jóvenes, integraban un complejo sistema mitológico, religioso y divino en el que se basaban los habitantes de la antigua Grecia. Practicaban la adivinación para conocer su voluntad, encontrar respuestas a lo desconocido o para incinerar a sus muertos, depositando junto a ellos una cantidad de piezas artísticas como estelas, columnas o monumentos de adoración que señalaban las sepulturas.

Sin embargo, las manifestaciones artísticas se caracterizaban por la preocupación humana, el arte griego presenta una escala que perseguía un ideal de perfección y buscaba principalmente la belleza a través de la proporción, la armonía y la simetría.

Victoria de Samotracia. Escultura de mármol. Ca. 190 a.C. Autor desconocido. Colección Museo Louvre.

Atenas en llamas y Rodas rodeada por las aguas del mar Egeo. En esta ciudad que aún conserva su espíritu de ciudad griega, fue -probablemente- creada hacia el año 190 a.C la Victoria de Samotracia, una obra maestra que responde a la tan esperada belleza del arte griego helenístico. 

Doscientos cuarenta y cinco centímetros de mármol helenístico, movimiento y erotismo en sus pliegues mojados por el mar y empujados por el viento. Níke tes Samothrákes, expresividad y monumentalidad a la Diosa de la Victoria.   ♣♣♣

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“Hoy acabo de encontrar, en mis excavaciones, una estatua de la Victoria alada (o eso parece), de mármol y de proporciones colosales. Por desgracia, no tengo la cabeza ni los brazos, a menos que los encuentre en pedazos en la zona. El resto, la parte entre los pechos y los pies, está casi intacto, y trabajado con una habilidad que no he visto superada en ninguna de las grandes piezas griegas que conozco”.

Charles Champoiseau. 15 de abril de 1863.

#PA.

Domingo 28 de junio de 2020.
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