Días de oscuridad en el Prado

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Por Celia Sierra

El Museo del Prado lleva cerrado 50 días. El murmullo de los turistas ha sido sustituido por el eco de los pasos de los guardias de seguridad, y las abarrotadas salas están ahora completamente vacías y en penumbra. La última vez que estuvo tanto tiempo cerrado fue durante la Guerra Civil, casi tres años. Ahora, el enemigo es el COVID-19.

El pasado jueves se cumplió un año desde que el museo recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades con motivo de su bicentenario, y la pinacoteca ha abierto sus puertas a un grupo de medios, para atestiguar que, aunque cerrado desde hace dos meses, sigue vivo y volverá a abrir sus puertas.

El Prado es el museo más grande de España pero ahora, sin los miles de visitantes que lo abarrotan cada día, lo padece mucho más.

La galería central es una de las pocas estancias bañadas con luz natural y aparece igual de resplandeciente que siempre. Allí se instalan las mejores obras de Rubens, Tiziano o Tintoretto. En el extremo sur, es fácil distinguir las miradas de la familia de Carlos IV, pintados por Goya, que siguen como si nada hubiera cambiado.

La penumbra se impone en cambio en las salas adyacentes, donde Las meninas, sin su habitual gentío, dedican ahora su juego de miradas al resto de retratos de Velázquez.

Más al fondo, en la sala dedicada a Ribera, se encuentra San Roque, una pintura oscura que retrata a uno de los personajes más populares de la Edad Media, considerado el santo protector contra la peste negra. La epidemia, también procedente de Asia, asoló la región, hundió el comercio y afectó a todos los estratos sociales.

Muchos otros de los cuadros que atesora el Prado hablan de este trágico capítulo de la historia europea. Una planta más abajo, El triunfo de la muerte, de Brueghel el Viejo, muestra a un ejercito de esqueletos arrasando una ciudad, ninguna clase social se salva, solo una pareja de amantes, en una esquina inferior, cree estar ajena a la tragedia.

A falta de fotografías y prensa diaria, el arte ha sido el responsable de traer hasta nuestros días el retrato de aquel trágico episodio que asolo en el siglo XIV ciudades enteras como Florencia o Venecia, y continuó volviendo en oleadas durante varios siglos.

Justo después de aquel periodo oscuro llegó el Renacimiento, que comenzó a dar sus primeros pasos con autores como Fra Angélico, del que el Prado guarda La Anunciación, una de sus obras más importantes, y cuyos dorados devuelven la luz de emergencia de la sala, en total penumbra.

Y es que, entonces, como ahora, el arte no sucumbió a la tragedia, sino que tiempo después floreció como nunca y fue una herramienta de resiliencia contra ella.

Pese a esta lección de la historia, está claro que la pandemia cambiará al Prado y al resto de museos del mundo.

Se acabaron las visitas de masas, con aglomeraciones ante las obras más importantes y salas abarrotadas. Se impondrá la distancia social y en los primeros momentos, seguramente costará llenar el aforo ante la falta de turistas extranjeros, que suponían más de la mitad de los visitantes totales.

Aunque el plan de desescalada anunciado por el Gobierno les permite abrir en fase 1 –el 11 de mayo si todos los indicadores sanitarios lo permiten–, todos coinciden en que será más tarde para preparar adecuadamente las instalaciones para los visitantes y para los propios trabajadores. “Es más importante abrir bien que pronto”. ♣♣♣

#PA. EFE, Madrid.

Sábado 2 de mayo del 2020.
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