¡Ali bumaye!

¡Ali bumaye!

Por Adrián Machado


Revisitamos una de las peleas más extraordinarias del siglo pasado: en 1974 se enfrentaron en Zaire el joven campeón de los pesos pesados George Foreman contra la leyenda, destronado por negarse a ir a Vietnam, Muhammad Ali. El encuentro y lo que lo rodeó fue tan denso que produjo una de las grandes piezas literarias referidas al boxeo, Norman Mailer confeccionó un reportaje para la posteridad llamado simplemente “El Combate”.

Kinshasha, Zaire, 30 de octubre de 1974, 4 AM hora local -para que coincida con el prime time estadounidense-; ese fue el escenario de uno de los momentos más memorables de la historia del boxeo profesional. Ali retaba el título del campeón e invicto George Foreman en un país que no existe como tal hace tiempo, hoy es la República Democrática del Congo, y con múltiples incidencias fuera del cuadrilátero. El resultado es harto conocido no solo por los fanáticos del deporte de los puños, pero los condimentos externos lo hacen aun más legendario. Militancia social, filosofía del box, identidad “negra” y africana, y Ali elevando su figura a una altura en la que se mantiene hasta el día de hoy.

El enfrentamiento propiamente dicho fue electrizante, con una estrategia imprevista por parte de Ali que logró lo que parecía una quimera, propinarle su primera derrota -y por nocaut- a Foreman y arrebatarle el cinturón de monarca de los pesos pesados. “Flota como una mariposa, pica como una abeja”, era la famosa filosofía de Ali. Opuesta de manera integral al boxeo y a la forma de ser de Foreman: el excéntrico, verborrágico y mesiánico frente a la silenciosa máquina de golpear.

El abordaje adoptado por el oriundo de Louisville, Kentucky, causó estupor en los 70 mil asistentes y en quienes siguieron el combate por televisión. Lejos de bailar, quien antes fuera conocido como Cassius Marcellus Clay se pasó la mayor parte de la pelea contra las cuerdas, implementando una técnica que más adelante se conocería como rope-a-dope, resistiendo los potentes embates de Foreman, desgastándolo y cuando el gigante estuvo exhausto, con una veloz combinación, lo hizo besar la lona para recuperar su cinturón en el octavo asalto.

“Muhammad Ali con un dramático KO en el octavo tumbó a George Foreman”, relataban en la transmisión de HBO. Velada que contó con la participación de la leyenda de la NFL, uno de los mejores corredores de todos los tiempos, Jim Brown y de Joe Frazier, notable peso pesado que protagonizó una trilogía de ensueño con Ali. En el descanso del séptimo round, quien fuera rival de ambos boxeadores -había caído por KO el año previo contra Foreman-, sentenció: “I think George isn’t gonna make it” -No creo que George lo logre-. Y así fue, tras una derecha cruzada al mentón, el campeón besaba la lona y hacía añicos su sueño de retener el título del mundo.

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El Combate

La pelea se llevó a cabo un mes más tarde de lo previsto debido a un corte en la ceja de Foreman. Ese impasse le permitió al escritor Norman Mailer realizar su crónica periodística de una manera que no la hubiera podido concretar si el evento tenía lugar en tiempo y forma. “El Combate” recrea todo lo sucedido en esos días en la nación africana: los entrenamientos, las conferencias de prensa, la pelea, lo sucedido luego de los 8 rounds disputados, incluso tuvo el privilegio de salir a correr con Muhammad Ali. En poco más de 250 páginas, Mailer desarrolla un perfil de ambos púgiles, sus entrenadores y sparrings, promotores, el clima que se vivía bajo el régimen de Mobutu y el fervor de la población hacia el retador. Todo en un tono novelado que presenta la redención de Ali, la peligrosidad de un calmo Foreman y el personalismo de Mobutu.

El relato de Mailer no se ciñe solamente a lo sucedido durante esos días en Zaire, sino que es un fresco de lo que sucedía en ese momento -mitad de los 70’- en los Estados Unidos en cuanto a cuestiones sociales, económicas, mediáticas y raciales. Los detalles de este perfil boxístico hacen al núcleo del texto, como por ejemplo la definición que el autor brinda sobre el pleito que acaba de presenciar: “el primer combate importante en el que se había observado un considerable parecido con una partida de ajedrez”. La obra es de lectura obligatoria para los amantes del boxeo, del periodismo, de Ali y de los estallidos sociales de aquella década en el corazón del mundo occidental.

Entre las incontables palabras vertidas por el seguidor de Elijah Muhammad, Norm -como lo llamaba él- rescata la premisa que le daba sentido al acto de boxear: “No estoy haciendo todo esto por la gloria del boxeo, sino para cambiar muchas cosas”. La narración nos sumerge en el Zaire de aquel momento, con Don King haciendo su debut como promotor de boxeo, la figura omnipresente del dictador Mobutu Sese Seko, los rincones de ambos luchadores. Escuchamos el canto de guerra de los fanáticos: “Ali bumaye, Ali bumaye” -Ali, mátalo; Ali, mátalo; en lingala, uno de los idiomas del Congo-. También denominado el combate de la jungla –Rumble in the Jungle-, el escenario es literario per se, en ese territorio se inspiró Joseph Conrad para escribir “El corazón de las tinieblas”, novela que luego Francis Ford Coppola adaptaría para filmar Apocalypse Now.

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Vuelta al pasado

En 2019, al cumplirse 45 años de aquella jornada africana, George Foreman repasó el duelo: “Todos temían por Muhammad Ali. Todos. Así que pensé en salir y noquearlo en uno o dos rounds para que se lastimara”. Luego reconoció que no tomaron en cuenta la fortaleza de Ali: “Mi esquina me indicó noquearlo en el primer asalto, segundo asalto, tercer asalto y ya no conservé más energía. Luego miré, y era el cuarto asalto, y le había acertado a este tipo con cada golpe, debí haberlo noqueado, pero no le había hecho nada. De hecho, era un poco más fuerte”.

Por otra parte, el combate fue una página mitológica en la carrera de uno de los más grandes boxeadores de toda la historia -sino el más-. Perdió sus títulos y se vio privado de pelear profesionalmente por tres años en su momento de esplendor debido a sus convicciones. El KO en la tierra de Mobutu lo elevó al panteón de los grandes héroes norteamericanos: “Dije que ganaría y gané. Dije además cómo lo haría y lo hice. Pronostiqué que el animal caería solo, y así fue: les aseguro que el golpe de derecha fue bueno, pero no muy potente. Es que él tenía la derrota por nocaut en el alma y yo el triunfo en la sangre”, gritó Ali tras consagrarse campeón.

Como se desprende de lo expuesto, no fue una pelea más para ninguno de los dos: Foreman ingresó en un oscuro túnel depresivo que lo llevó a retirarse por casi dos años. El estado en que se encontraba incluía no poder conciliar el sueño: “Estaba devastado, tuve pesadillas. Seguí despertando en medio de la noche pensando que iba a superar el conteo y perdía el combate en mis pesadillas”. En ese momento abrazó la fe cristiana y regresó brevemente al ring en 1976.

Un año más tarde colgaría los guantes por una década para convertirse en pastor evangélico. En 1994 se alzó con uno de los cetros de los pesos completos a los 45 años y se mantuvo activo hasta 1997: su último acto fue en Atlantic City contra Shannon Briggs.

Rememorando aquella épica batalla, el gigantón texano no guarda rencor hacia Ali por los insultos, burlas y acusaciones -esto se puede apreciar claramente en el magnífico documental “When We Were Kings”-, sino que lo recuerda con afecto: “Fue el ser humano más emocionante que he conocido en mi vida. Quiero decir, hay algo en él que te atrae. Incluso hoy lo pienso y fue un gran evento. Fue algo especial. Era más grande que solo una pelea. Fue más grande que una simple pelea de campeonato de peso pesado. Las personas que estaban cerca todavía lo recuerdan hoy y las nuevas generaciones quieren aprender al respecto, acortó la brecha”. Ali remarcó en varias ocasiones, ya retirado, que sus agresiones verbales fueron parte del show para vender la pelea y le pidió disculpas por ese motivo a su rival de aquel entonces.

Muhammad especuló con el retiro luego de aquel impactante triunfo -en el que la mayoría pronosticaba no solo una derrota suya, sino en que round sería noqueado-, pero estiró su carrera varios años más. Como muchos púgiles a lo largo de la historia del boxeo, la extendió excesivamente. Pasaron peleas menores y de las otras: la tercera parte de su épico duelo con “Smoking” Joe Frazier, el cierre de la trilogía con Ken Norton, dos duelos con el joven Leon Spinks y el triste ocaso con derrotas versus su antiguo sparring Larry Holmes en 1980 y un año después contra Trevor Berbick. Al día siguiente de aquel choque oficializó su retiro del cuadrilátero.

George Foreman tiene 71 años, continúa su misión evangelizadora y se transformó en un hombre de negocios en los Estados Unidos gracias a la venta de parrillas. Muhammad Ali murió en junio de 2016 a los 74 años en Phoenix, tras haber sufrido problemas respiratorios. Fue afectado durante décadas -ni bien abandonó la práctica profesional del deporte- por el Parkinson. ♣♣♣

#PA.

Viernes 1 de enero de 2021.