145 libros para cambiar el mundo

145 libros para cambiar el mundo

Por Tereixa Constenla

Hace 30 años no preocupaban los vientres de alquiler ni circulaba un sustantivo específico para definir la fraternidad entre mujeres (sororidad). Las feministas españolas peleaban entonces por una ley que despenalizase el aborto (desde 1985 se permitía solo en tres supuestos: violación, riesgo para la salud de la mujer o malformación del feto). Había corrientes y divisiones en el movimiento (¿cuándo no?) y el regusto amargo de que la democracia había traído el marco teórico sin transformar la sociedad. Las marchas del 8 de marzo no estaban en su mejor momento.

Varias mujeres hacen el signo feminista en una manifestación a favor del aborto libre y gratuito a las puertas del Congreso de los Diputados, durante el debate sobre la despenalización parcial del aborto en casos de violación, grave peligro para la vida de la madre y malformaciones en 1983.
Varias mujeres hacen el signo feminista en una manifestación a favor del aborto libre y gratuito a las puertas del Congreso de los Diputados, durante el debate sobre la despenalización parcial del aborto en casos de violación, grave peligro para la vida de la madre y malformaciones en 1983.

Pero había gente que, desde o contra, el poder siguió trabajando para desmontar las estructuras políticas, económicas, sociales, culturales y mentales que relegaban a las mujeres. La historiadora Isabel Morant Deusa fue una de ellas. En 1990 impulsó desde la Universidad de Valencia, con la colaboración del editor de Cátedra Gustavo Domínguez, una colección de estudios feministas que se movía entre dos vocaciones: rescatar voces que se alzaron en el pasado contra la desigualdad (de Émilie du Châtelet y Poulain de la Barre a John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill) y airear a las nuevas pensadoras y los estudios de género que comenzaban a implantarse en las universidades españolas. “Lo que nos dio fuerza en ese momento era el convencimiento de que estaban en marcha una producción intelectual y una acumulación de conocimientos en los países occidentales que debían ser difundidas”, recuerda.

Aquella iniciativa, a la que se sumó el Instituto de la Mujer durante varios lustros (hasta que en 2012 se rompió el convenio en la etapa de Juan Manuel Moreno Bonilla como secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad), ha permitido editar 145 libros que acaso constituyen el corpus feminista de más largo aliento editado en España sin interrupción. El último de ellos es un regalo para celebrar el 30 aniversario: el ensayo colectivo Ser ferministas. Pensamiento y acción, que se presentará el jueves online.

La imagen de miles de mujeres en Bilbao formando un triángulo y cantando "A la huelga" dio la vuelta al mundo. Lo hicieron en la manifestación de la huelga feminista, en la que salieron a gritar más de 60.000 personas, según la Policía Municipal.
La imagen de miles de mujeres en Bilbao formando un triángulo y cantando “A la huelga” dio la vuelta al mundo. Lo hicieron en la manifestación de la huelga feminista, en la que salieron a gritar más de 60.000 personas, según la Policía Municipal.

“La colección va en paralelo al feminismo de este país que asombró al mundo en 2018, y que es muy singular respecto a Inglaterra, Francia o EE UU porque está anclado en la vida cotidiana. Hay una comprensión mayor sobre cuáles son los mecanismos que reproducen las desigualdades en cualquier campo y esos libros nos han ayudado a darnos cuenta y cambiar la percepción de la realidad”, reflexiona la filósofa Ana de Miguel, que publicó en 2015 Neoliberalismo sexual (El mito de la libre elección), uno de los grandes éxitos de la colección, nacido de “un baño de realidad”.

Tras ser madre de dos hijos, De Miguel percibió las diferencias sociales que condicionaban la crianza entre niños y niñas, al tiempo que se topaba de bruces con la prostitución de menores cada vez que la familia acudía a la Casa de Campo. “Vi la gran contradicción de una sociedad que no sabía quién era, que cree que está haciendo una cosa y está haciendo otra. Y vi como en una sociedad que apoya activamente la igualdad se han encontrado nuevas formas de sometimiento al patriarcado como la pornografía, que legitima la violencia contra las mujeres”, sostiene.

Nuevas preocupaciones para una vieja lucha que en España ha tenido precursoras como Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Rosalía de Castro, Concepción Arenal, Teresa Claramunt, Carmen de Burgos o Emilia Pardo Bazán, por no citar a la prodigiosa generación de la edad de plata que en la Segunda República conquistó el voto y se sacudió el sombrero. A ninguna de ellas se le pasaría por la cabeza que las feministas de hoy debatan sobre el género no binario, la brecha salarial, el ciberacoso, el mansplaining (si se prefiere, machoexplicación) o la ética del cuidado. Hay temas que se arrastran desde el pasado, pero la conversación se ha enriquecido en este tiempo por caminos impensables en los noventa. “La evolución se produce al hilo de los debates sociales. No hay temas que se hayan quedado atrás porque no hay ninguno cerrado, pero hay debates nuevos que no existían hace 30 años a los que tratamos de dar respuesta, como los vientres de alquiler, la cuestión de las indígenas o cómo afecta la contaminación a la salud de las mujeres”, plantea Alicia H. Puleo, catedrática de Filosofía Moral y Política de la Universidad de Valladolid y autora de Ecofeminismo para otro mundo posible.

Algunos ensayos de la colección Feminismos, de la editorial Cátedra y la Universidad de Valencia.
Algunos ensayos de la colección Feminismos, de la editorial Cátedra y la Universidad de Valencia.

En 2014 Puleo asumió la dirección de Feminismos y dos años después observó un crecimiento en las ventas. Una señal de la marea morada que estaba a la vuelta de la esquina aunque por entonces nadie lo intuyese. En 2017 estalla el MeToo y en 2018, el feminismo español. “Creo que de forma directa e indirecta la colección ha contribuido a ello”, prosigue Puleo, “el hecho de que haya provisto de material sólido en humanidades ha permitido el desarrollo de estudios feministas en las universidades y ha generado una masa crítica formada en el feminismo”. Los acontecimientos parecen dar la razón a Celia Amorós, referente del feminismo latino y premio Nacional de Ensayo en 2006 por La gran diferencia y sus pequeñas consecuencias… para las luchas de las mujeres, publicado en la colección: “No hay nada más práctico que una buena teoría”.

Buena parte de esas teóricas escriben en el libro colectivo que conmemora los 30 años y que ha ilustrado Verónica Perales. Alicia H. Puleo invitó a 43 autoras a reflexionar a partir de una consigna, un concepto o una frase sobre la lucha feminista. Ahí están desde clásicos de pensadoras como Simone de Beauvoir (“No se nace mujer, se llega a serlo”) o Mary Wollstonecraft (“No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”) a los nuevos cánticos del siglo XXI: “¡Hermana, no estás sola!” (difundido masivamente en solidaridad con la víctima de La Manada) o “Si nosotras paramos, se para el mundo”.

También “La revolución será feminista o no será” sobre el que Beatriz Gimeno, una histórica del movimiento que ahora dirige el Instituto de la Mujer, cuenta en el libro una reveladora anécdota. “En mayo de 2011, en plena acampada en la Puerta del Sol, las feministas colgaron una pancarta con ese lema sobre una de las bocas del metro y poco después algunos de los allí acampados la arrancaron entre aplausos, alegando que la revolución no será ni feminista ni machista”, recuerda. “Aquella rabia contra el lema de la pancarta”, continúa, “ponía de manifiesto algo que el feminismo ha denunciado desde siempre: su exclusión de todas las revoluciones”. ♣♣♣

#PA. El País.