Violación de DDHH y malos tratos; el drama de los refugiados según las series

El ultimo sondeo de la ONU demuestra que existen más de 100 millones de personas que han sido forzadas a abandonar sus hogares por guerras, terrorismo, temores de persecución y hasta catástrofes naturales en todo el globo. El mundo audiovisual en los últimos años, ha elegido exponer esta crisis humanitaria, de esta forma, hoy nos podemos encontrar con una gran cantidad de films que hablan sobre estas “travesías de supervivencia”, las cuales se quedan cortas a la hora de mostrar la verdadera realidad de los desplazados.

Por Bruno Sgarzini

En la serie Years and Years de Russell Davies, Rusia ha invadido y ocupado Ucrania. También impuesto penas de prisión contra los gays del país. Viktor Goraya ha escapado de esta persecución con la ayuda de su novio británico, Daniel Lyons. Ha cruzado en balsa y sido detenido por los policías británicos en un campamente de refugiados, donde miles de ucranianos esperan hacinados recibir asilo.

Vivienne Rook, una política de ultraderecha, hace campaña a favor de recluirlos en campamentos de concentración lejos de la mirada de los ciudadanos comunes, atemorizados de que los ucranianos les roben los pocos trabajos que quedan.

En la vida real, más de siete millones de ucranianos fueron desplazados por la intervención de Rusia en Ucrania. Más de cuatro mil han muerto por la guerra, según la ONU. 

Polonia ha recibido 1.152.364 de ucranianos, Rusia 1.116.387, Moldavia 86.266, Rumania 82.344, Eslovaquia 77.330, y Hungría 24.091.

Han escapado de las bombas y el horror de la guerra. Aunque no se ha reportado persecución a los miembros de la comunidad LGTBQ+ en las áreas ocupadas.

Sí que el Ejército ucraniano bloqueó la salida de las mujeres trans como refugiadas de la guerra. “Son hombres. Deben volver y luchar”, les ordenaron los guardias fronterizos según el diario italiano La Corriere della Sera. Por ley, los hombres entre 18 y 60 están obligados a alistarse en el Ejército.

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Cuando la realidad, a veces, es más oscura que en las series

Maraim es una afgana madre de una niña de dos años que ha escapado de la guerra eterna en su país. En 2021, un gobierno talibán se instaló luego de la huida, en masa, de los soldados estadounidenses y europeos que ocupaban el país.

Maraim y su hija llevan dos años en el campamento de refugiado de Kara Tepe en la isla griega de Lesbos. Tienen que pedir permiso para salir y es lo que más las afecta.

Hasta ahora, mi hija nunca ha estado en un parque. Tiende a tener comportamientos agresivos por lo que ha presenciado aquí. No le gusta jugar, reír, hablar o jugar con muñecos”, afirma.

“En este momento, no sé si podemos ser reconocidos como solicitantes de asilo o si seremos rechazados otra vez”, agrega. Según Médicos sin Frontera, los procesos de asilo arbitrario, el miedo a la deportación y las precarias condiciones de vida contribuyen al deterioro de la salud, tanto física y mental, de los refugiados en los campamentos.

De acuerdo a sus reportes, los niños y niñas, como la hija de Maraim, asistidos en sus clínicas presentan comportamientos regresivos, como retraimiento e incontinencia urinaria, o retratos en el desarrollo cognitivo, emocional y social.

Las personas que han experimentado un trauma significativo tienen dificultades para procesar sus recuerdos más angustiantes y tienen miedo durante gran parte del tiempo. Los síntomas del trastorno de estrés postraumático y del trastorno depresivo se encuentran en más del 50% de los pacientes pediátricos y adultos.

La situación no es fácil para refugiados que han escapado por tierra y mar, de las guerras, hambrunas y sequías. De lugares tan remotos como Siria, Afganistán, Irak en Medio Oriente o Eritrea, Congo, Libia, Etiopía en África.

En 2020, la situación en las islas de Lesbos se agravó cuando el campamento de Moria se incendió luego de una protesta contra la cuarentena ordenada por el Gobierno griego. Se estimaba, por aquel entonces, que Moria albergaba casi 13.000 personas, más de cuatro veces su capacidad oficial.

La policía bloqueó la salida de los refugiados de los campamentos y los locales, incluso, los atacaron para que no se escaparan a otras aldeas de las islas de Lesbos.

Dos años después, la situación es mucho peor; los refugiados de Moria fueron reubicados en un campamento contiguo al de Kara Tepe.

Con la llegada de un gobierno griego de derecha, muchos de los campos abiertos ahora están cerrados con vallas y límites de libertad de movimiento. Los refugiados solo tienen tres horas para salir dos veces por semana, a no ser que atraviesen alguna emergencia de salud o necesiten tratamiento médico.

Duermen en carpas hacinados con baños químicos en mal estado, interrupciones del suministro eléctrico y pocas duchas con agua caliente, según la asociación Médicos del Mundo. También están expuestos al frío y al viento helado en pleno invierno sin la posibilidad de calefaccionarse.

Para Médicos de Frontera, la Comisión Europea, Grecia y los Estados europeos deberían dejar de construir centros para encerrar a las personas en cárceles, como los que hay en las islas griegas, y fomentar políticas de recepción humanas y dignas.  Implementar políticas que se centren en proteger y ayudar a las personas refugiadas y solicitantes de asilo en lugar de disuadir, detener y deportar a quienes buscan seguridad en Europa.

Pero el mal trato a los refugiados, muchas veces provocadas por los países de acogida, no es solo un tema de Europa.

En la serie Desplazados de Cate Blanchett, Sofie Werner es una azafata australiana que es detenida por la policía luego de escaparse de un hospital psiquiátrico.

Unos años antes, Sofie participó de varias reuniones de una secta en Melbourne. Pero escapó cuando su líder comenzó a abusar de ella. En el hospital psiquiátrico siente que puede ser encontrada por la secta. Por lo que, en su escape, hace dedo para perderse en las rutas australianas de sus médicos.

Con este razonamiento, cuando es detenida, le dice a la policía que es una ciudadana alemana que desea regresar a su país gracias a un documento de identidad que ha robado. En consecuencia, Sofie es encerrada en un campo de detención para migrantes en las afueras de la ciudad australiana de Brisbane.

Allí, comparte pabellón de prisión con Ameer y su hija Mina quienes llegaron a Australia en una embarcación ilegal desde Indonesia. Escapan, como Sofie, pero del gobierno talibán que ha llegado a Afganistán con su fundamentalismo religioso.

Los dos esperan ser asilados por Australia por considerarse perseguidos en su país. Son, además, lo que queda de su familia luego de que su esposa y su otro hijo murieran en el viaje por mar a Australia.

Su historia no es real, pero sí la de Sofie Werner.

En 2005, la azafata australiana Cornelia Rau fue detenida en un campo de detención para migrantes. Un hecho que despertó las críticas de la opinión pública australiana contra los malos tratos a los migrantes. En respuesta, el gobierno firmó convenios con las islas Nauru, Manus, y Papúa Nueva Guinea, entre otras, para instalar allí los centros de detención para migrantes lejos de la mirada de los medios australianos.

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El caso de Mehdi Ali

A principios de 2022, los malos tratos volvieron a las portadas de los diarios cuando el tenista serbio Novak Djokovic fue noticia por su reclusión en el hotel Park Hotel de Melbourne, Australia por negarse a poner una vacuna contra el Covid para jugar el abierto de Australia.

Pero no era un hotel cualquiera, cuarenta inmigrantes eran sus compañeros de residencia. También a la espera de recibir asilo.

Los reclusos pasaban la mayoría del tiempo en habitaciones con ventanas pequeñas y malas comidas.

Djokovic vivió una pequeña parte de lo que los refugiados han estado experimentando durante años, por las vergonzosas políticas sobre refugiados del Gobierno australiano”, afirmó en un comunicado Graham Thom, experto en asuntos sobre refugiados de Amnistía Internacional en Australia.

Uno de los compañeros del tenista profesional fue Mehdi Ali, un iraní que busco refugio en Australia junto a su primo Abdan. Luego de naufragar en alta mar, llegaron a la isla Navidad y fueron recluidos en un centro de detención en las islas Nauru hasta que fueran procesadas sus solicitudes de asilo.

Por aquel año, el por entonces primer ministro australiano, Kevin Rudd, dijo que los “solicitantes de asilo que llegan sin visa nunca serían aceptados en Australia”. Rudd acababa de firmar un acuerdo con Papúa Nueva Guinea, una pequeña isla cerca de su país, para ubicar a los refugiados en sus campos de detención.

Durante su cautiverio, los primos iraníes presenciaron, tres años después, cómo un joven migrante se incendiaba, durante una visita de las Naciones Unidas, para llamar la atención sobre la situación de los detenidos.

Según Médicos sin Fronteras, el estado de salud mental de los solicitantes de asilo en las islas Nauru se encontraban entre las peores que la organización había visto en todos sus años de atención a víctimas de trauma y tortura.

“Esta política [de procesamiento offshore indefinido] previsiblemente destruye la voluntad de vivir de seres humanos inocentes”, dijo la organización.

“Lamento haber venido aquí. A veces, desearía haber muerto en el océano”, reconoció Mehdi, años después.

Seis años después, Mehdi fue trasladado al Kangaroo Point Central Hotel el Brisbane por el deterioro de su salud mental. Su primo Adnan lo acompaño como su persona de apoyo.

Las autoridades les habían negado el poder alojarse en la casa del hermano de Adnan en Sidney. Dos años después, Adnan fue quien más sufrió por la reclusión en el hotel, sin poder salir ni siquiera a dar un paseo. Fue hospitalizado después de tragar varias hojas de afeitar.

Esta vez fueron recluidos en el Park Hotel en Sidney.

Cuando Djokovic se convirtió en el nuevo huésped del hotel, los primos protagonizaban una serie de protestas desde las ventanas de sus cuartos para visualizar en el limbo jurídico que estaban.

Mostraban carteles con la cantidad de años que llevaban detenidos, a pesar de que las autoridades de las Islas Nauru dieran el estatus de refugiados para que se reubicaran en un tercer país.

Y hasta comenzaron un juicio contra el Estado australiano en búsqueda de que lo trasladaran a un tercer país.

En marzo, luego del escándalo internacional, los primos fueron escoltados al aeropuerto de Melbourne para tomarse un avión hacia Minnesota, Estados Unidos, donde fueron aceptados como refugiados.

Según los últimos datos oficiales del Gobierno australiano, hasta el 30 de septiembre de 2021 habían 1.459 personas en instalaciones de detención. La mayor parte de las personas retenidas en estas instalaciones están por cancelaciones de visa.

Australia ha reasentado en islas cercanas a su país a un total de 11 mil refugiados gracias a los convenios firmados con las Islas de Manus, Papúa Nueva Guinea, y Nauru.

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Un mundo de murallas

El mal trato a los desplazados que escapan de guerra, dictaduras, eventos climáticos y hambrunas demuestra cómo los gobiernos gastan más en la represión a los flujos migratorios que en su reubicación.

De hecho, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras. Estamos en la época de mayor construcción de muros de la historia.

Israel es el país con el mayor número de muros (seis), seguido de Marruecos, Irán e India (tres), y Sudáfrica, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Turquía, Turkmenistán, Kazajstán, Hungría, Estados Unidos y México.

Un informe del Instituto Trasnacional, titulado Mundo Amurallado, hacia un apartheid global, afirma que las razones esgrimidas por los gobiernos son; inmigración (32%), terrorismo (18%), contrabando de bienes y personas (16%), narcotráfico (10%) y disputas territoriales (11%).

Según el Instituto Trasnacional, la industria militar y de seguridad es una de las fuerzas impulsoras de la militarización de las fronteras, incluida la construcción de muros y vallas. Para ello, ha impulsado una narrativa en la que la migración y otros desafíos políticos o humanitarios en la frontera son tratados principalmente como un problema de seguridad, para el cual la construcción de muros y vallas, junto con el uso de equipos militares y de seguridad, es presentada como la “solución”.

Los mayores beneficiados son contratistas militares de seguridad, como Airbus, Thales, Leonardo, Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman, L3 Technologies, Elbit, Indra, Dat-Con, CSRA, Leidos y Raytheon.

Para el instituto detrás del aumento de los muros y la industria se esconde una narrativa poderosa y manipuladora que se ha vuelto hegemónica.  Que sostiene que los migrantes, en particular, “son una amenaza para el modo de vida de algunos países, en vez de víctimas de políticas económicas y políticas perpetuadas y promovidas por los países más ricos que obligan a las personas a abandonar sus hogares”.

Todo un drama reflejado en las series.♣♣♣

#PA.

10 de julio de 2022.

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