Uruguay y su demora en la discusión por las vacunas

Uruguay y su demora en la discusión por las vacunas

Por Lucía Sabini Fraga


En Uruguay de pronto la pandemia, o mejor dicho la explosión de casos y su auge de contagios, le estalló en la cara al gobierno de Luis Lacalle Pou. En los primeros días del 2021, mientras el ejecutivo veraneaba en La Paloma (un balneario del departamento de Rocha, al este uruguayo) y se lo fotografiaba con su tabla de surf y su torso de gimnasio, el país parecía no tener ninguna certeza sobre el proceso de compra de vacunas contra el coronavirus. Se especulaba con algunas firmas, al tiempo que se repetía que el mes de marzo sería el inicio de un programa que no estaba del todo claro.

El plan estaba en términos teóricos: el 22 de diciembre el Ministerio de Salud Pública (MSP) informó sobre una última versión del plan de vacunación que implicaba un proceso de tres etapas. Una primera para 600.000 personas, que incluía personal de salud y adultos mayores; una segunda etapa para 900.000 personas más de entre 45 y 65 años; y una última tanda que sumaría 1.300.000 ciudadanos de entre 15 y 45. Dentro de cada etapa también hay subdivisiones respecto a sus condiciones de salud, o el tipo de trabajo o tarea que desarrollan. En un país de 3.500.000 de habitantes, se estipula -bajo este plan- una vacunación de más del 81% de la población.

***

Plan de vacunación sin vacunas

La novela de los gobiernos y las farmacéuticas tiene en cada país su propio capítulo. El 23 de diciembre fue noticia el despido (por orden directa del ejecutivo) del coordinador de Relaciones Internacionales y Cooperación del Ministerio de Salud Pública (MSP) quién en el mes de noviembre envió un mail a los representantes de la firma Pfizer, confirmando que Uruguay no compraría sus vacunas. Si bien el mail fue enviado en noviembre, el presidente recién fue notificado al otro mes y actuó en consecuencia. Pfizer además es la firma que venía barajándose desde el equipo gubernamental.  

Durante los primeros días de enero, el presidente decidió apartar al equipo naturalmente asignado para la conversación sobre la adquisición de las vacunas: el ministro de Salud Pública Daniel Salinas, y ponerse él mismo al mando; quizás imitando la actitud de otros mandatarios. Otro traspié fue la explicación en la demora de las tratativas: desde el gobierno afirmaron que el departamento legal de la firma de Pfizer ubicado en Nueva York y sus laboratorios “estaban cerrados hasta el 6 de enero” y por eso no se había podido avanzar en las negociaciones.

Tras días de incertidumbre y desconocimiento al respecto, no fueron pocos quienes criticaron la falta de claridad y de una política comunicacional clara respecto del posible calendario de vacunación y los avances en las negociaciones. Finalmente, este jueves 14 de enero salió a la luz que son dos los laboratorios que llevan la delantera en la firma de convenios: la norteamericana Pfizer y la china Sinovac.

Desde marzo, el objetivo es vacunar semanalmente a razón de 150.000 dosis, teniendo en cuenta que la cantidad de vacunas a comprar es el doble de las personas calculadas ya que son necesarias dos aplicaciones. En total se calculan 5.600.000 dosis, mientras que con Pfizer ya se planifica la compra de al menos un millón. Respecto al laboratorio chino Sinovac, se avanza para adquirir CoronaVac “una vacuna que superó la fase 3 de prueba en Brasil pero con 50% de efectividad, que es el mínimo requerido por la Organización Mundial de la Salud, aunque destacan su efectividad más elevada, con 70%, en casos graves” según informa el periódico local La Diaria.

***

El sistema Covax y el diálogo con los países de la región

Además de los acuerdos bilaterales que los gobiernos nacionales realizan con las industrias farmacéuticas de manera directa, esta el denominado programa Covax. El mismo es una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que prevé un esquema de acceso a la vacuna contra el COVID-19 dirigida a países denominados del tercer mundo. Básicamente, aquellos que detenten población de menores recursos, como puede ser el continente africano, gran parte de Asia o América Latina. Se trata del 20% de la población más vulnerable de 91 países del globo.

Si bien el objetivo que persigue el mecanismo Covax es garantizar 2.000 millones de dosis de vacunas para fines del 2021, esa mirada parece un tanto por demás optimista según ya varios analistas. Uruguay pretende recibir bajo este sistema al menos 755.000 dosis en el primer trimestre del año, aunque nadie sabe a ciencia cierta si ese anhelo podrá concretarse.  

También está en danza la posible asociación con otros países para sobrellevar mejor el panorama. Así lo expresaron en una carta varios refrentes del partido opositor Frente Amplio, titulada “Un tema de gobierno. Un compromiso del país” que fue enviada el pasado 10 de enero al ministro de Salud Pública, Daniel Salinas, miembro del partido Cabildo Abierto y parte de la coalición gobernante. Allí advierten las diferencias en cuanto a anticipación en la firma de convenios, y sugieren la asociación con países del continente que tienen más adelantadas dichas negociaciones, como México o Argentina.

“En este momento resulta clave la confianza en nuestras autoridades. Para eso es fundamental, ante la enorme preocupación de los uruguayos, tener claro el rumbo que decidirán tomar. Esto haría más factibles las asociaciones internacionales que nos permitan tener un mayor marco de certezas” advierte parte de la carta.

A fines de diciembre, el presidente argentino Alberto Fernández había ofrecido ayuda al mandatario uruguayo para disponer de gestiones más rápidas, comentario que fue ciertamente ignorado por Lacalle Pou y equipo, dando lugar incluso a un cortocircuito de malentendidos. “Hablé con el canciller uruguayo, mi amigo ‘Pancho’ (Francisco) Bustillo, y hablé con el presidente de Bolivia, Luis Arce. Les dije que, en lo que yo pudiera ayudar, contaban conmigo. Me puse a disposición para ayudarlos y generar los contactos necesarios para ayudarlos a tener la vacuna”, dijo Fernández unos días antes de terminar el 2020. Sin embargo, la noticia no cayó tan bien del otro lado del Río de la Plata donde varios funcionarios salieron a negar la versión y a desentenderse de los dichos del presidente argentino.

Buscando quizás mayores sintonías y nuevos socios locales, el gobierno de Uruguay recibió el ofrecimiento ahora de Chile a través de su presidente Sebastián Piñera. Las conversaciones que mantienen ambos mandatarios hace semanas dan muestra de la buena voluntad de cooperación, aunque la forma de expresarse no sea la más alentadora: Piñera ofreció a Uruguay las dosis de Pfizer que su país “no llegue a utilizar”. En términos concretos, eso implica un retraso en los tiempos porque serían las dosis que queden libres una vez vacunada toda la población chilena.   

Mientras tanto, en Uruguay la suavidad de las medidas viene arrojando resultados no del todo alentadores respecto a los números de contagios de COVID. El aumento de casos se disparó con fuerza desde la segunda semana de diciembre, y durante la temporada de verano -que incluye mayor movimiento debido a las vacaciones- la situación no parece mejorar. El jueves, un nuevo récord de 1514 casos diarios dio el puntapié para que varios municipios y la Intendencia de Montevideo (donde hay mayor cantidad de casos) refuercen la decisión de mantener horarios reducidos en bares o restaurantes y el recorte de actividades culturales.

Respecto a la ocupación de camas en terapia intensiva, Uruguay mantiene un promedio de 56,8% a nivel país -con diferencias según cada departamento- aunque preocupa mayormente la escasez de personal médico. También se mantiene las fronteras cerradas: Luis Lacalle Pou resolvió prorrogar hasta el 30 de este mes las restricciones de ingreso al país, que incluyen a uruguayos y residentes, para evitar la propagación del virus. Por ahora, todas las fichas están puestas en marzo. ♣♣♣

#PA.