Uruguay, murga y crítica social

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Por Lucía Sabini Fraga

Venir de vacaciones al Uruguay siempre fue una buena alternativa para los argentinos. Pero este verano 2020, más de uno re-pensó la alternativa oriental por los altos costos que significa cruzar el charco: no solo hay que tener en cuenta los históricos precios caros del paisito, sino también el cambio argentino en retroceso y la suma del impuesta del 30%.

Como para darles una idea: uno de los clásicos uruguayos, el “chivito” (un sandwich de lomito de carne vacuna con muchos distintos ingredientes como panceta, muzarella, jamón, lechuga, palmitos, etc) sale alrededor de 400$U en cualquier local gastronómico. El cambio está por primera vez en los últimos 30 años en un situación “anómala” y el peso uruguayo mucho más alto que el argentino: en la cotización de esta semana las pizarras de las casas de cambio marcan 0,30; es decir, 3 pesos argentinos alrededor de 1 peso uruguayo. Hagan las cuentas: un buen sandwich sale 1200$ argentinos.

En el actual estado de situación, la crisis se siente. Menos turistas argentinos visitaron Uruguay este año (que igualmente en enero tuvo buena convocatoria) y en el mes de febrero prácticamente no quedaba ninguno. El respiro se viene con el feriado de Carnaval: un fin de semana largo que muchos argentinos aprovechan para cruzar y disfrutar de las playas del este o de la máxima fiesta popular que implica el Carnaval en Uruguay, declarada de interés nacional desde el año 2007. Por su parte, el gobierno intenta contrarrestar lo desfavorable del cambio con distintos beneficios: el reintegro del IVA en varios rubros como gastronomía, hotelería y combustible y el no cobro de impuestos en otras tantas categorías.

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Uruguay se vanagloria de tener el carnaval más largo del mundo, ya que se extiende alrededor de 40 días desde finales de enero hasta principios de marzo. Este viernes y sábado se desarrollaron los famosos Desfile de Llamadas, probablemente la más emblemática de las instancias del carnaval uruguayo. Si bien estaban agendados para el viernes 7 y sábado 8 de febrero, por las condiciones climáticas adversas se movieron una semana. Allí desfilan en orden todas las cuerdas de tambores o comparsas (llamados negros lubolos), las bailarinas y vedettes, los escobilleros, las figuras de “Mama Vieja”, “El curandero”, y grupos cantantes.

Pero además del Desfile de Llamadas y el Desfile Oficial (que contempla todo lo anterior, sumadas las demás categorías de Murgas, Lubolos, Parodistas, Humoristas y Revista Musical) existen las instancias para concursar -dentro de cada categoría existen ganadores cada año- que se disputan de forma oficial en el Teatro de Verano, en la ciudad de Montevideo. Por suerte, no es indispensable pagar la entrada del concurso oficial -que es increíblemente prohibitivo en costos para esta humilde servidora- para ver los espectáculos: todo el período carnavalesco ofrece distintos escenarios populares (llamados Tablados) con entradas más accesibles que combinan, noche a noche, distintos espectáculos.

Para el progresismo argentino, lo más conocido probablemente sean las murgas: los grupos como Falta y Resto o Agarrate Catalina hicieron mella del otro lado del Río de la Plata y conquistaron al público argentino con sus potentes voces y sus sátiras políticas en forma de versos. Las murgas, a diferencia de Argentina, tiene una estructura de espectáculo guionado con sketch, personajes y ejes temáticos. Tiene una presentación (muy enmarcada en el sentido del carnaval como sello popular de la cultura uruguaya), luego el denominado Salpicón (cuyo objetivo es hacer un repaso breve de noticias de actualidad en tono irónico), y que incluye los distintos números; y por último, la despedida (el momento más nostálgico, que despide el carnaval de ese año prometiendo siempre volver).

El principal eje murguero de este año es -como era de esperarse- el cambio de gobierno en el país oriental: alusiones a las crisis futuras, a la pérdida de derechos y de poder de nivel adquisitivo, y sobre todo la vuelta del discursos de la mano dura y la reivindicación militar con figuras como el ex general Manini Ríos (del partido Cabildo Abierto), que forma parte de la coalición ganadora y asume prontamente como diputado nacional. Algunos grupos más alineadas bajo el paraguas del Frente Amplio, otras con tono crítico sin quedar tan pegadas, pero todas coincidiendo en el retroceso político de la etapa que se viene para el país vecino.

Lama la atención la alusión reiterada del presidente Lacalle Pou con la cocaína: por un lado, fueron famosas las declaraciones del nuevo presidente aceptando haber consumido esta droga durante varios años de su juventud; y por el otro, Uruguay se encuentra sexto a nivel mundial en el consumo de cocaína, según un informe del 2015 de la Unodc (Oficina de las Naciones Unidas para la Droga y el Crimen). Sea como sea, los chistes alusivos y juegos de palabras hacen estallar en risas a la platea espectadora que escucha atentamente, churro y mate en mano.

Tampoco faltan las alusiones al mapa internacional: la situación de Brasil y sobre todo el respiro que implicó para el progresismo continental la llegada de Fernández en Argentina, luego de la etapa macrista. Es imposibles no hacer comparaciones: más de un cuplé advierte que “no aprendimos de nuestros vecinos” y que copiaron al parece, lo malo.

Al espectáculo y sus diversas partes, hay que agregarlo la importancia de los trajes y el maquillaje -que implican puntos decisivos en la instancia de concurso. Al fin y al cabo, es una competencia que mueve además, varios millones de pesos uruguayos.

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Pero existe una grieta, como en todo, expresada también en la accesibilidad y la mercantilización de esta fiesta nacional. No son pocos los que mascullan entre dientes que “carnavales eran los de antes” y que ahora las murgas -además de estar al servicio del Frente Amplio según acusan- gastan en producción cifras siderales. Hace poco más de dos años viene surgiendo una instancia paralela, llamada “Más Carnaval” que por ejemplo, promociona tablados en distintos barrios humildes y propone volver al espíritu de la complicidad barrial. Alejar el negocio y acercar a los vecinos: es la apuesta de este grupo de murgueros y ex murgueros que intentan romper la distancia entre espectador y artista, y volverlo un ida y vuelta.

En el Uruguay del 2020 y saliendo del circuito oficial ya tan reconocido, estas murgas también buscan su vuelo propio. ♣♣♣

#PA, desde Uruguay.

DOMINGO 16 DE FEBRERO DE 2020.
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