Una herida cada vez más abierta

Una herida cada vez más abierta

Por Lucía Sabini Fraga

Ayer, miércoles 3 de febrero, se cumplieron 32 años de la caída de Alfredo Stroessner en Paraguay, una dictadura que azotó a ese país durante 35 largos años: desde 1954 hasta 1989. La vuelta a la democracia tuvo rasgos más formales que reales, y por mucho tiempo se continuó utilizando el miedo y el amedrentamiento como arma disciplinadora a los partidos políticos, los medios de comunicación y los sectores trabajadores.

La dictadura más larga de Latinoamérica se basó en imponer el terror a la ciudadanía mediante distintos mecanismos, combinado con un alto nivel de corrupción y acomodamiento de los sectores afines al gobierno de facto en las estructuras de gobierno y estatales; como por ejemplo fue la repartición discrecional de largas extensiones de tierras. En su informe final del año 2008, la Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay, estableció el numero de 20.090 víctimas directas de las violaciones de derechos humanos durante la dictadura (19.862 personas detenidas en forma arbitraria o ilegal, 18.772 torturadas, 59 ejecutadas extrajudicialmente, 336 desaparecidas y 3.470 exiliadas). Si bien se calcula un total de 107.987 personas victimas en forma indirecta -en un país que para ese entonces tenía sólo alrededor de tres millones de habitantes- hay que partir de la existencia de un subregistro que lejos está de poder abarcar la totalidad de casos, debido al tiempo transcurrido. Los sectores más reprimidos fueron los campesinos, estudiantes y militantes de partidos opositores, principalmente comunistas.

Como el mismo informe explica, “la dictadura stronista se sostuvo no solamente en las Fuerzas Armadas sino también fue apoyada desde su inicio por un partido político tradicional paraguayo durante toda su vigencia e incluso después de un tercio de siglo buscó prolongarse a través de la lógica dinástica de los stronistas”. Hoy día, el Partido Colorado sigue gobernando mediante el actual mandatario – Mario Abdo Benítez- quien a su vez tiene un vinculo personal con el exdictador: el padre del presidente fue el secretario privado de Stroessner.

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La desaparición de Lichita

En septiembre del 2020, una terrible noticia mostró la punta del iceberg de un conflicto hasta ese momento subterráneo. El asesinato de dos nenas a manos de la Fuerza de Tareas Conjuntas de Paraguay (FTC) en el departamento de Concepción de ese país, trajo aparejado incluso un cruce diplomático con Argentina. Mientras que el gobierno paraguayo expresó en un primer momento que se trataba de “mujeres” que formaban parte activa de la guerrilla Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), el estado argentino pudo comprobar que se trataba de Lilian y María Carmen Villalba (de once años de edad y nacionalidad argentina) quienes vivían en la provincia de Misiones y estaban de paso en el país limítrofe para conocer a sus padres, militantes de esa guerrilla. Las niñas eran primas entre sí, e hijas de dos hermanas Villalba.  

Hay además innumerable cantidad de irregularidades en cuanto al procedimiento oficial: fueron quemados sus supuestos trajes de milicia, no se realizaron autopsias en el momento y sus cuerpos fueron rápidamente enterrados con la excusa de acatar protocolos por COVID. Las balas entraron de frente, de espaldas y de costado; dos en un caso, siete en el otro. “La posición en que quedaron los cuerpos indica que evidentemente estaban huyendo” de las fuerzas del Estado que atacaron el campamento, dijo Cristian Ferreira, el perito forense paraguayo que examinó los cuerpos en el lugar de los hechos. Se expidió incluso la organización de Naciones Unidas, a través de su representante en América del Sur para los Derechos Humanos, Jan Jarab, quien denunció que “se trata de un hecho gravísimo que terminó con la vida de dos niñas a quienes el Estado debía proteger”.

Pero la secuencia desde aquel infanticidio hasta ahora, solo tendió a agravarse. Con el asesinato de las niñas, la tensión creció y el intento por salir de la zona de conflicto para el resto de las menores de edad que estaban de visita, se volvió una urgencia para la familia Villalva.

El 20 de noviembre (dos meses después del asesinato de Lilian y María Carmen) fueron asesinados tres militantes del EPP en un supuesto enfrentamiento con el FTC, aunque las versiones no oficiales indican que el ataque a los campamentos guerrilleros fue nocturno y cuando estaban desarmados. Estos tres hombres tenían la misión de sacar de la zona de riesgo al grupo de niñas sobrevivientes, que intentaban volver a la Argentina, luego de una travesía que se había visto demorada más de lo esperable debido a la pandemia. Pero allí no terminó la pesadilla: en el intento de escape de las niñas, el 30 de noviembre del año pasado, desapareció Carmen Elizabeth Oviedo Villalba (Lichita) de 14 años.

Lichita es una de las niñas que había viajado desde Misiones junto a Laura Villalba (madre de la menor asesinada Maria Carmen), su hermana melliza Tania, y otra joven Tamara Anahí, y que ahora intentaban regresar a su casa. Tras días de mantenerse perdidas, con heridas de bala que le significaban mucha dificultad en la caminata a Lichita y el total desconocimiento de la zona; las niñas y su tía quedaron divididas entre sí.

Laura Villalba fue detenida el 24 de diciembre en inmediaciones de la zona selvática de Amambay, por las Fuerzas de Tarea Conjuntas de Paraguay, mientras que Tania y Tamara pudieron llegar a Argentina. Lichi desapareció en circunstancias poco claras; incluso se encontraron sus objetos personales en las inmediaciones del último lugar donde fue vista por Laura, y testigos de la zona aseguraron que fue detenida por militares. Según explicó Carmen Villalba, su hermana Laura tiene hoy en día un grave estado de desnutrición y un frágil estado psicológico, producto de su estadía a la intemperie y del aislamiento estricto que cumple en un cuartel militar en Paraguay donde fue alojada después de su detención.

“Todas ellas son testigos de lo que pasó con Maria Carmen y Lilian Mariana, entonces es como que se fue sumando gravedad a los hechos; hay una política persistente de persecución y de criminalización de parte del gobierno paraguayo con mucha ofensiva” explica Cecilia Rodriguez, miembro del Equipo Misionero de DDHH, Justicia y Género que viene tomando el caso desde sus inicios. Actualmente, toda la familia Villalba (los que aún están con vida o en libertad, principalmente menores de edad) que vivían en la ciudad de Puerto Rico en Misiones, se trasladaron a Buenos Aires, debido al temor y el peligro que corren.

A principio de enero de este 2021, y desde Argentina, la joven Tamara Anahí de 19 años, declaró como testigo ante el Comité de Ejecuciones Sumarias de la ONU; y el 13, ante el Comité de Derechos del Niño de Ginebra. Sin embargo, el estado paraguayo la imputó y es de esperarse que prontamente pida su extradición.

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Movilizaciones y represión

Este martes 2 de febrero, se llevaron adelante conjuntamente -entre organizaciones de DDHH, gremiales, movimientos sociales y demás actores- movilizaciones en distintos puntos del país con la consigna que nuclea el reclamo: #EranNiñas. Ese día se cumplían 5 meses del asesinato de Lilian y María Carmen, y poco más de dos meses de la desaparición de Lichita.

En la ciudad de Buenos Aires, el lugar de concentración fue lógicamente la embajada de Paraguay. Los manifestantes presentes exigían justicia, pero también una accionar concreto del gobierno argentino de Alberto Fernández para efectivizar el refugio a las sobrevivientes de la familia Villalba, que aún no ha sido concedido formalmente. Tras la lectura de un comunicado, algunos de los presentes arrojaron bombas de pintura a la fachada de la embajada, y escribieron consignas contra la administración de Mario Abdo Benítez: “Eran niñas”, “Estado paraguayo asesino”, entre otras inscripciones.

Sin embargo, el reclamo -ya de por sí trágico y doliente- quedó una vez más empañado: la Policia de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo del gobierno porteño, desplegó un enorme cuerpo policial, que derivó en una represión a los manifestantes y la detención de siete personas que no fueron liberadas hasta el día siguiente.

No es una novedad que se le otorgue más importancia a la pulcritud de las paredes de un edifico, que al asesinato de mujeres o niñas; pero el eco de la indignación es cada vez mas fuerte y el silencio dejó de ser la única respuesta. En la carta que Tania le escribió a su hermana melliza desaparecida, se despide así: “Estamos haciendo una campaña por vos. Como dice mamá, rompe tu amarre y regresa.” ♣♣♣

#PA.