Un mes de Brexit corroe la relación entre el Reino Unido y la UE

Un mes de Brexit corroe la relación entre el Reino Unido y la UE


Cuando se cumple un mes de la ruptura entre los bloques, no se ha producido la debacle que auguraban los peores presagios, pero se multiplican los problemas en todos los frentes.

Aunque el Brexit formal tuvo lugar hace justo un año, se hizo efectivo hace ahora un mes, con la salida británica del mercado único. Y este tiempo ha actuado como ácido sulfúrico sobre un engranaje ya bastante deteriorado.

La dimensión política del divorcio ha mostrado sus primeras grietas por el flanco más frágil, Irlanda del Norte.

El paso en falso que dio la Comisión Europea el pasado viernes, al anunciar que impondría controles fronterizos a la exportación de vacunas en la isla y rectificar horas después, ha ofrecido una munición inesperada al Gobierno británico para atacar a Bruselas.

Las consecuencias económicas del Brexit también están ya sobre la mesa. Ni el “brexitero” más ingenuo soñaba que no las hubiera, por mucho que a última hora se cerrara un acuerdo para permitir el comercio sin tasas ni aranceles.

El “número dos” del Gobierno británico, Michael Gove, dibujó un panorama apocalíptico en caso de que su país y la UE no hubiesen alcanzado un pacto: hasta 7.000 camiones podían amontonarse en el sureste de Inglaterra esperando a cruzar el Canal de La Mancha.

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Las imágenes han sido benignas y no se ha vivido un caos de suministro.

Pese a todo, los problemas para exportar o importar son omnipresentes. No hay semana en la que un sector no eleve la voz por los dañinos efectos del Brexit sobre su actividad.

Muy perjudicados han resultado los pescadores británicos, que paradójicamente habían sido uno de los estandartes del bando que abogaba por dejar la UE.

Ahora, sus representantes llenan las páginas de los periódicos británicos quejándose de la “traición” que, según ellos, han sufrido a manos de Johnson en el acuerdo con la UE y arrepintiéndose de haber votado por el Brexit en el referéndum de 2016.

Otros días protesta el sector del vino, que sufre en propias carnes el aumento de los precios debido a los costes por tramitar todo el papeleo que implica importar desde la isla.

Y la City de Londres, centro financiero de Europa, todavía trata de asumir el peso secundario que el tratado dispensa a los servicios

La líder política de la City, Catherine McGuinness, reclamaba esta misma semana en una entrevista con Efe “pragmatismo” a las autoridades comunitarias.

¿Qué quiere decir pragmatismo? Pues, básicamente, que la UE conceda al Reino Unido el régimen de equivalencia regulatoria para que las empresas británica puedan operar en los mercados comunitarios.

McGuinness sospecha que Bruselas “se está tomando su tiempo” para reconocer la equivalencia con la intención de que las empresas se cansen y se trasladen al continente.

Algo que, por otro lado, ya está sucediendo: medio millar de compañías británicas o con sede en el Reino Unido habían mostrado antes del 1 de enero su interés en trasladar parte o todo su negocio a Países Bajos, reveló hoy el dominical “The Observer”.

#PA. EFE, Londres.