Túnez: ¿Qué deparará de la igualdad de derecho sucesorio?

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Por Noelia Róman

El 13 de agosto de 2018 fue la fecha elegida por Béji Caid Essebsi para anunciar un proyecto de ley sobre igualdad de derecho sucesorio. Tras su muerte activistas feministas se cuestionan el futuro de la norma.

Antes de adoptar su primera Constitución democrática, Túnez promulgó en 1956 el Código del Estatuto Personal, un texto pionero que se convirtió en orgullo nacional al prohibir la poligamia, fijar la edad mínima de matrimonio, y legalizar el derecho al aborto y al divorcio para las mujeres.

En homenaje a este acto del que fue el primer Jefe de Estado tunecino, Habib Burgiba, el 13 de agosto se añadió al calendario nacional como el Día de los Derechos de la Mujer Tunecina.

Una fecha elegida el pasado año por el presidente Béji Caid Essebsi para anunciar un proyecto de ley sobre la igualdad en el derecho sucesorio: hombres y mujeres heredarían lo mismo salvo aquellos casos que prefieran aplicar la sharia (ley islámica), la cual estipula que la mujer recibe la mitad del hombre en el mismo grado de parentesco.

Tras la muerte del mandatario el pasado 25 de julio, las activistas feministas se preguntan quién heredará esta iniciativa que ha despertado no sólo la hostilidad de los sectores religiosos, que la consideran una violación del Corán, sino de las corrientes más liberales que creen que la agenda política tiene otras prioridades.

Prueba de ello, hasta el momento ningún partido ni candidato lo ha mencionado en su programa electoral de los próximos comicios presidenciales y legislativos previstos el 15 de septiembre y 6 de octubre respectivamente.

Conscientes de esta situación, la “Asociación de Mujeres Demócratas” (ATFD), una organización histórica que lucha desde hace 30 años en primera línea política, insta al Parlamento a aprobar este texto antes del fin de su mandato.

“Es vergonzoso que las tunecinas no se beneficien de su propia tierra, sólo el 4% es propietaria”, denuncia su presidenta, Yosra Frawes.

Pese al artículo 21 de la Constitución, que recoge la igualdad entre sus ciudadanos sin importar su sexo, las cuestiones sobre la mujer son “instrumentalizadas por razones políticas bajo el pretexto de la religión”.

“Con la llegada de los islamistas, todo lo relacionado con la mujer suscita las pasiones y los demonios del conservadurismo. Cuando el gobierno de coalición entre el laico Nidaa Tunes y el islamista Ennahda llegó a su fin, encontraron en esta ley una causa para ganar o perder votos”, explica Frawes.

Para esta abogada, avances como la autorización del matrimonio entre una mujer tunecina y un hombre de otra religión o la ley contra la violencia machista estuvieron acompañados de polémica pero lograron ser aceptados por la sociedad.

Sin embargo, en el interior de los hogares la unanimidad tampoco está garantizada. En una misma familia, cada miembro defiende su propia visión, como Munir, padre de tres hijos y una hija, que asegura respetará la paridad. “¿Si la mujer trabaja y paga sus impuestos como el hombre, por qué razón iba a recibir menos? Yo tengo mi propia ley y no hago ningún mal a la religión”, argumenta.

Su mujer Kalthoum, de una familia numerosa de ocho hermanos, dice sentirse afortunada de haber tenido un padre “moderno” cuando la cuestión de la igualdad ni si quiera era objeto de debate.

 “Se empeñó en que sus hijas estudiáramos, a pesar de las burlas de su entorno, y decidió repartir por igual. Mis hermanas, que tenían buenos trabajos, decidieron dar su parte a los hombres pero yo no trabajaba y preferí guardarlo por si algún día necesitaba el dinero”, relata con orgullo.

Junto a ellos, su hija Samia de 34 años, experta contable en una compañía privada y madre de tres hijas, declara que prescindirá del legado en beneficio de sus hermanos.

“Tengo estabilidad y un buen trabajo, además soy la mayor y ellos lo necesitan más que yo”, justifica antes de añadir “si la crisis continúa como hasta ahora nuestros hijos ni si quiera tendrán opción al debate porque no les quedará nada que repartirse”.

Su hermano Zied, en la veintena y responsable en un hotel de lujo, cree que la herencia es un problema “tan importante como cualquier otro”, aunque al final, “cada familia actuará a su manera”, sostuvo y agregó: “Me da igual lo que diga la ley, para mí mi hermana es igual que yo y le daré lo que le corresponda”, zanja.

Una opinión que no comparte su cuñado Sofiane, informático, que critica este “falso” problema que distrae al Gobierno de sus responsabilidades, como la mejora de las condiciones laborales, especialmente las de la gran mayoría de trabajadoras rurales.

“La Constitución dice que somos un país musulmán y en el Corán está escrito como tal. No se puede cambiar un texto sagrado”, sostiene.

A la espera de que los futuros dirigentes cumplan con sus promesas, la Asociación de Mujeres Demócratas, que acaba de cumplir su 30 aniversario, promete: “terminaremos aquello que empezamos”.

Redacción PA.Agencia EFE.

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