¿Y en Suecia, qué piensa la gente de las medidas de su gobierno?

¿Y en Suecia, qué piensa la gente de las medidas de su gobierno?

Por Lucía Sabini Fraga


Testimonios de cómo los ciudadanos suecos viven la cuarentena sugerida y observan las políticas de su país. El inusitado cruce diplomático entre Suecia y Argentina por la conferencia de Alberto Fernández.  

A propósito de las declaraciones del presidente Alberto Fernández el viernes 8 en la nueva postergación del aislamiento obligatorio –que a su vez habilitó la cuarta fase del cronograma que implica nuevas aperturas de sectores económicos– se suscitaron algunos cruces y reacciones con la propia Embajada de Suecia, que dos días después emitió un comunicado respondiendo en detalle el porqué de sus medidas. 

Cuando el presidente argentino lanzó la polémica frase: “Si abrimos la economía vamos a terminar como terminó Suecia” se refería a la cantidad de casos (que hasta ayer ascendían a 28.582) y sobre todo a la tasa de mortalidad que se extiende a 33 personas cada 100.000 habitantes. Si bien no es más alta que las tasas de Reino Unido (49) o que España (58) –países que sí terminaron optando por aislamientos obligatorios–, sí lo es en relación a sus vecinos escandinavos: Noruega tiene tan solo un porcentaje de cuatro personas cada 100.000, Dinamarca nueve y Finlandia cinco. 

Respecto a la pregunta del por qué de esas diferencias, los ciudadanos suecos son conscientes de que las cifras no muy alentadoras de su país se deben a que han tomado medidas menos estrictas, posibilitando mayores niveles de contagio. Sin embargo, la opinión es compartida respecto al futuro de aquellos que ahora están comenzando a volver a la “normalidad”: “Al no haber cuarentena la gente en Suecia contagia y se enferma, es algo que está calculado. Lo que no se sabe es si la cifra de muertos subirá en los países vecinos cuando se vean obligados a terminar sus cuarentenas más adelante. En algún momento van a tener que hacerlo, y ahí se verá cuál estrategia fue la más efectiva”, opina Yoel S., de 34 años y consultor de comunicación en una agencia creativa, en diálogo con #PuenteAereo.

Sofía, maestra jardinera, coincide. “Se ha usado el dilema de “matar a uno para salvar a 100”que suena un poco cruel, pero al no haber todavía ninguna vacuna, ni nada que pueda combatir el virus, los expertos deben haber dicho ‘tampoco podemos parar el país’, porque en algún momento tenemos que salir a la calle”. 

Hace ya décadas, Suecia ha optado por un sistema de salud público que prioriza el aspecto multidimensional del sujeto; tanta mental, como social y físico. La promoción comunitaria, el trabajo interdisciplinario y el foco en la prevención y la buena calidad de vida, son parte constitutiva de su sistema; donde los aspectos ambientales y recreativos tienen particular énfasis. Por lo tanto, no es casual que varios argumentos de las autoridades vayan en ese sentido a la hora de privilegiar una estrategia más “abierta” por sobre el encierro. Para Yoel “en un plazo de -por decir- cinco años va a ver mucha gente que se verá gravemente perjudicada por efectos colaterales de una economía en alto y de vidas totalmente cambiadas. Se habla mucho de la salud mental, de los efectos del desempleo, de quiebras de empresas, restaurantes,etcétera”.

Suecia, como Argentina u otros países, ha invertido desde el Estado en las áreas más afectadas en el pago de seguros y salarios, con el fin de no generar un colapso económico general, y sobre todo, evitar los derrumbes de las economías familiares o individuales. 

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A partir del inusitado roce diplomático entre ambos países, uno de los diarios más importantes del país nórdico Dagens nyheter (Noticias de hoy) tituló con cierta ironía este miércoles: “Suecia es un horror de ejemplo para Argentina por el coronavirus”. Las comparaciones suelen ser odiosas y sobre todo injustas, teniendo en cuenta las diferencias no sólo económicas, presupuestarias o de estructura sanitaria, sino también culturales y de comportamiento social. La auto-disciplina jugó un rol trascendental para lograr que las calles estuvieran mucho menos transitadas que lo habitual, sin la necesidad de imponer una prohibición, al mismo tiempo que la “inmunidad del rebaño” parece imponerse como estrategia sanitaria. 

Para Adriana P., de 61 años, e ingeniera en sistemas (oriunda de Uruguay pero viviendo hace más de 40 años en Suecia) existe una relación directa entre las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias y la confianza que los ciudadanos tienen en el desempeño de los funcionarios; confianza que según los últimos testeos de opinión, ronda un 70%. “Las autoridades tienen una actitud muy humilde y dicen constantemente que esto es nuevo y desconocido, que lo importante es poder cambiar de rumbo al ir aprendiendo nuevas cosas, tanto en Suecia como en otros países”, agrega Adriana.

Para Yoel, las medidas tomadas son las correctas porque fueron decididas por los expertos en el área: “Me parece admirable que Suecia deje las decisiones a los más aptos para hacerlas y no a los políticos”.

Si bien aún no se puede establecer si la inmunidad colectiva dará resultados eficientes (de hecho, este miércoles el ministerio español de Salud lo refutó como hipótesis), el referente en epidemiología del país nórdico Johan Giesecke, insiste en que todo el mundo se contagiará del virus haga lo que se haga, según explicó en una entrevista con el diario Infobae. “Esta enfermedad se propaga como un incendio, y lo que uno hace no cambia demasiado. Todos se van a contagiar el virus (…) hasta que haya una vacuna”, asegura Giesecke, con el argumento de que actualmente no hay certezas científicas sobre varios interrogantes de la pandemia (y por lo tanto de las correctas medidas o no de los gobiernos) y que el número de los famosos asintomáticos, podría ser de un 98%. “Esta es una nueva enfermedad y pasará tiempo antes de que sepamos qué modelos funcionan mejor”, indicaba en la misma sintonía, el documento de la Embajada Sueca en respuesta a Fernández. 

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El gobierno sueco sí tomó medidas, aunque no implicaron el cierre de las actividades totales, ni mucho menos. Las más drásticas fueron el cierre de fronteras (aunque fue una medida bastante más reciente), la prohibición de reuniones o eventos con más de 50 personas, la prohibición de visitas a geriátricos y la cuarentena para quienes presentaran síntomas compatibles con el COVID-19. Respecto a las clases, mientras que las primarias y los jardines de infantes continuaron abiertos; el nivel secundario y las universidades se encuentran cerradas, aunquetrabajando a distancia con clases online.

Sofía, que trabaja en una guardería en Estocolmo, notó las diferencias durante una comunicación con #PuenteAereo: “En el trabajo también han cambiado las cosas y los turnos son más cortos. En un momento teníamos muy pocos niños porque la gente estaba muy asustada y no los mandaba.” 

Si bien a los suecos no les cuesta mantener la distancia, la situación de ahora es claramente más anómala que lo habitual. En los bares o restaurantes se exige una distancia de una mesa vacía entre medio y las calles parecen desiertas. Para Yoel S., la vida cotidiana cambió drásticamente: “Todo lo que es cultura está cancelado; muchas actividades, reuniones y todo se hace por videoconferencia. Todos mantienen distancia de dos metros y los que están enfermos se quedan en casa, aunque sean síntomas leves”. Por su parte, Adriana aclara: “La gente respeta las recomendaciones.”

Las estadísticas respaldan las impresiones de los entrevistados. Algunos sondeos locales muestran que la mayoría de la población ha hecho cambios en su vida cotidiana: mayormente en la higiene (85%) y el hecho de no estar en lugares con gente (82%). Otro dato relevante es que el 71% de la población de la muestra, dejó de visitar a los adultos mayores para no exponerlos al virus. 

“Yo vivo las medidas tomadas aquí como un regalo de lujo. No ha habido represión, no hay militares en las calles, a nadie les ponen multas, los maltratan o los encarcelan. Las autoridades transmiten que confían en la gente y quieren que todos piensen por sí mismos y no actúen como ovejas”, confiesa Adriana.

Para Sofía, al comienzo fue chocante ver como su país no tomaba medidas más drásticas, pero luego cambió de perspectiva: “sentía que deberían haber hecho igual que en otras partes de Europa y el mundo, pero ahora que han pasado dos meses siento que ha sido positivo y que la vida ha trascurrido, no normal, pero al menos evitando cesantías y perdidas de trabajo”.  

Para Suecia, la fórmula se basa en respetar la libertad individual y que cada sujeto asuma la responsabilidad en su comportamiento; estrategia que sólo puede funcionar cuando se cuenta con las condiciones socio económicas y estructurales que lo permitan. Por lo pronto, el mundo está sumergido en una tormenta y cada país navega con los remos que tiene.   ♣♣♣

#PA.

Viernes 15 de mayo de 2020.