Los millennials de Latinoamérica

Los millennials de Latinoamérica

Por Fernando Oz

Ellos son la Generación del Bicentenario y están indignados


Están hartos de una clase política de espaldas al pueblo y corrupta. Son los dueños de las redes sociales, utilizan cómics en sus carteles, se identifican con la lucha por la diversidad sexual y son portadores de una conciencia social que trasciende las fronteras. Se organizan para resistir la represión del sistema, no buscan la toma del poder y luchan por una verdadera democracia. Ahora #PeruDesperto.

La inoperancia de una clase política enquistada en Perú se cobró el sábado la vida de dos jóvenes, Inti Sotelo (24 años) y Jack Pintado (22 años), que recibieron impactos de en el rostro y en el cuello. Fue en medio de una multitudinaria protesta en contra del presidente Manuel Merino, que fue duramente reprimida por la policía. Sin el apoyo de la sociedad y abandonado por los mismos socios que lo llevaron del Parlamento al Poder Ejecutivo, Merino terminó presentando su renuncia este domingo.

Durante la represión también hubo 94 heridos, de los cuales 63 fueron hospitalizados, según datos oficiales. Además, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos denunció que hay 42 personas desaparecidas. No fue la única acusación, también se reportaron detenciones ilegales y un caso de abuso sexual contra una joven que fue detenida por repartir volantes en contra de Merino. La policía también reprimió a funcionarios de la Defensoría del Pueblo.

Hubo heridos por perdigones de plomo, postas de goma, golpes, problemas respiratorios, sofocación e irritación que provocadas por los gases lacrimógenos. Las imágenes de la represión que se vienen registrando en Lima desde el pasado lunes, cuando el Parlamento destituyó a Martín Vizcarra de la Presidencia, son similares a las de otras ciudades de Latinoamérica donde la generación del Bicentenario ha decidido hacer frente a los atropellos de un sistema político evidentemente vetusto y corrupto.

Salpicado por corrupción, Vizcarra fue destituido por “incapacidad moral”. A mediados de septiembre, Merino ya había intentado derrocar al mandatario, pero no logró conseguir los votos necesarios. Tardó dos meses para conseguir las voluntades necesarias de la mayoría de los bloques, desde la derecha hasta sectores de izquierda.

Vizcarra estaba enfrentado con los sectores más conservadores. Impulsó medidas anticorrupción y una reforma universitaria que tocaba de manera directa a intereses del establishment.

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Fue la juventud la que tomó la calle y resistió la represión de Estado. Los carteles, las pintadas y los cánticos daban cuenta del hartazgo que hay en la sociedad peruana y el “golpe” que había dado Merino fue la gota que rebalsó el vaso. “Se metieron con la generación equivocada”, se leía en una de las pancartas y otros apuntaban a una la clase política que se maneja en base a intereses particulares y de espalda al pueblo.

La Plaza San Martín terminó siendo el punto neurálgico de todas las protestas en Lima. Una suerte de Plaza Dignidad, nombre con el que bautizaron en Santiago de Chile a la Plaza Italia los miles de manifestantes y héroes de Primera Línea que resisten desde octubre del año pasado los atropellos y las violaciones de los derechos humanos del gobierno de Sebastián Piñera.

En esta oportunidad pareciera que la represión no tomó por sorpresa a los limeños de la generación del Bicentenario, de lo contrario la brutalidad policial hubiese costado más vidas y muchísimos más heridos. Los uniformados vienen demostrando su desmedida potencia de fuego en otras protestas recientes en Perú.

Los métodos para resistir la furia de un establishment político acorralado, evoluciona a ritmo acelerado. Se lo pudo ver en las calles de Chile, Bolivia, Colombia, Ecuador, Nicaragua, e incluso Venezuela, porque está visto que no hay derechas ni izquierdas para la violencia que ejerce el Estado para proteger las clases dominantes de un sistema que se desmorona.

Hace pocos años atrás, las únicas máscaras antigás que se podían ver durante una protesta en Latinoamérica eran las que llevaban algunos periodistas y las fuerzas de seguridad. Hoy las máscaras se multiplicaron entre los manifestantes, quienes no tienen una enteriza utilizan antiparras para proteger la vista. En cada mochila hay un rociador con diversos compuestos -desde agua con bicarbonato hasta leche diluida- para auxiliar a quienes no están protegidos contra los gases, porque si hay algo que los jóvenes del Bicentenario tienen bien claro es que sin unión y solidaridad no hay victoria ni se construye un mundo mejor.

Llevan los mismos cascos que utilizan para andar en bicicleta, skate, o monopatín eléctrico, y quienes más experiencia tienen o saben que actuarán en primera línea, los refuerzan con varias capas de cinta para embalar. Los escudos, de diferentes materiales, también comienzan a ser un símbolo de las protestas en la Latinoamérica del siglo XXI.

Ya saben que las capsulas de gas hay que tomarlas con guantes para no quemarse o simplemente patearlas lo más lejos posible, que las paredes suelen ser traicionaras cuando rebotan los perdigones, aprendieron a distinguir las armas que utilizan las fuerzas de seguridad, que muchas veces el agua de los camiones hidrantes no es simple agua, conocen el tipo de formaciones de los uniformados y que no es bueno estar cera a ellos sin una vía adecuada de escape, hasta logran distinguir a los infiltrados y que es mejor moverse en grupo.

Utilizan diversos métodos de comunicación y el celular juega un papel fundamental, siempre envueltos y en un lugar seguro. Usan perfiles falsos en las redes sociales para comunicarse, establecer zonas de reunión, convocar a nuevas manifestaciones, difundir listas de heridos o de los que fueron detenidos por las fuerzas de seguridad. Las filmaciones y fotografías tomadas por los celulares se han vuelto fundamentales para registrar las detenciones, e identificar los rostros de los uniformados que cometen abusos y violaciones a los derechos humanos.

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Tras la desaforada represión policial, el domingo las Fuerzas Armadas de Perú anunciaron que ponen “todos sus medios y capacidades en la defensa del pueblo y del Estado de derecho, basados en los principios fundamentales de la libertad y la democracia”.

El comunicado se conoció mientras el congresista Merino anunciaba en un mensaje a la Nación su renuncia a la Presidencia. Los jefes militares se pronunciaron después de que medios locales informaran que los comandantes generales de las Fuerzas Armadas no acudieron a una citación que les hizo Merino a primera hora de la mañana del domingo en el Palacio de Gobierno. La generación del Bicentenario los hace temblar.

Pero los militares no fueron ajenos al golpe institucional. Los comandantes generales se habían reunido el pasado martes con Merino en la sede del Congreso, para expresarle su respaldo constitucional poco antes de que este jurara como jefe de Estado, un día después de la destitución de Vizcarra.

Las Fuerzas Armadas manifestaron su “pesar por la muerte de dos jóvenes peruanos” en las protestas que se presentaron en Lima durante la noche del sábado y reiteró “su total respaldo y defensa de nuestro pueblo y de la Constitución”. El Comando Conjunto también exhortó a los peruanos “en estas difíciles circunstancias” para que contribuyan “en la solución pacífica de las diferencias, para hacer frente cuanto antes a las grandes e inmediatos desafíos que enfrentamos”.

Pero los antecedentes del rol de las Fuerzas Armadas en Latinoamérica no son de lo mejor. Los militares fueron los principales en impulsar el derrocamiento de Evo Morales en Bolivia y en apoyar la represión de la presidenta de facto Jeanine Áñez. También son los imprescindibles aliados a Piñera en Chile.

Los jóvenes del Bicentenario, esos que dejaron en Lima bien claro que “se metieron con la generación equivocada”, siguen desconfiando del Congreso y de la clase política. Ahora piden que el presidente de transición hasta julio de 2021 “sea alguien que haya votado en contra de la vacancia de Vizcarra y tenga indiscutibles credenciales democráticas”.   ♣♣♣

#PA. Fotos: Rodrigo Abd, del staff de AP.

Lunes 16 de noviembre de 2020.