El hombre de Lacalle

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Por Lucía Sabini Fraga

Finalmente los números quedaron así: el flamante presidente Luis Alberto Lacalle Pou obtuvo el 48.87% de los votos, mientras que la dupla del Frente Amplio Martínez-Villar quedó con 47.35%. El porcentaje restante de 3.8% pertenece a los votos blancos y anulados, que si bien son números completamente ordinarios, en una elección tan reñida como ésta asumieron un papel crucial. Fueron 37.042 votos de diferencia entre ambas fuerzas, el número más bajo que registra la historia uruguaya en una elección o incluso balotaje.

Ayer al mediodía se desarrolló el acto de la coalición ganadora en la capital uruguaya, que había tenido que reprogramarse tras la suspensión del viernes por las condiciones climáticas adversas de ese día. En el acto, realizado al aire libre en la rambla (costanera) de Pocitos –un barrio montevideano de clase media alta– habló al inicio Beatriz Argimón, la primera vicepresidenta electa del Uruguay. Argimón viene también del Partido nacional, es escribana de profesión y se ha desarrollado particularmente en cuestiones de género desde su espacio político.

Mucha gente con banderas uruguayas decoraba el espacio, aplaudiendo y agitando los brazos en lo que parecía una fiesta de verano. “Nosotros no entendemos la política desde el odio y desde el miedo”, dijo el ex diputado devenido en presidente. Su oratoria, moderada y con tonos sensibles, se prolongó alrededor de 45 minutos. El discurso versó sobre distintos aspectos que hacen a la agenda política oriental; desde el área de salud, el rol del campo, la baja de impuestos y las reformas en educación. En relación a una de las áreas más sensibles, remarcó lo que ya está cantado a gritos desde ese espacio: endurecer las políticas de seguridad. “El gobierno tiene que ser claro en el ejercicio de la autoridad, se le termina la impunidad a la delincuencia, sea del tipo que sea”, en un claro mensaje a sus opositores y también a la justicia. “Tendremos un ministerio del Interior, una jefatura de la policía, pero este presidente va a estar al mando de la seguridad pública en los próximos cinco años”, fue una de las expresiones más aplaudidas respecto al tema.

Teniendo en cuenta el contexto, Lacalle Pou también se refirió a las relaciones internacionales con los países vecinos en tiempos de convulsión social. En un intento por bajar la pelota, aseguró que no podemos “vivir del mal ajeno” y que necesitamos mandatarios “que se lleven bien entre ellos, no importa el gobierno, no importa la ideología”. También concluyó que dentro del Mercosur intentarán desarrollar buenas relaciones con los presidentes de Argentina, Brasil y Paraguay “para levantar la región”. Y haciendo alusión a –no queda claro qué proceso– dictaminó “a los dictadores les vamos a decir dictadores, no les vamos a buscar la vuelta”.

Por último, Lacalle Pou hizo bandera de las aptitudes democráticas del país y de lo que muchos medios internacionales insistieron en remarcar: la increíble quietud en que transcurrió la dulce espera para conocer los inciertos resultados y posteriormente, los reconocimientos y saludos mutuos entre ambos adversarios.

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Dentro del equipo ganador se encuentran cinco partidos políticos: el Partido Nacional, el Partido colorado (con Ernesto Talvi a la cabeza y uno de los partidos tradicionales del Uruguay), Cabildo Abierto (del ex militar de ultra derecha Guido Manini Ríos); el Partido de la Gente y el Partido Independiente, espacios que entre ambos dos sumaban apenas un 2% en las elecciones generales.

Puertas adentro de la coalición, habrá que ingeniárselas para distribuir los distintos ministerios y competencias. En el plano de lo confirmado, se encuentra la primera mujer en ocupar una de las carteras más importantes del país: el Ministerio de Economía y Finanzas, que quedará a cargo de Azucena Arbeleche, economista y profesora uruguaya de 49 años.

Dentro de las especulaciones (ya que todavía no hay confirmaciones oficiales), suena que al Ministerio de Salud Pública arribarían sectores de Cabildo Abierto, lo que preocupa a más de uno debido a la mirada conservadora y tradicional del principal referente de ese partido. En el Ministerio del Interior es posible que asuma el diputado blanco Jorge Washington Larrañaga, el mismo que impulsó la campaña “Vivir sin miedo” y por la cual se realizó un plebiscito de reforma constitucional que se votó junto con las elecciones generales del 27 de Octubre. La reforma implicaba entre otras medidas, la creación de una Guardia Nacional Militar con efectivos de las Fuerzas Armadas uruguayas, en un país que ostentaba hasta hace pocos años el índice más alto de policías por habitantes de la región según el CAF – Banco de Desarrollo de América Latina. La posible reforma no llegó a buen puerto ya que no obtuvo el 50% necesario, y quedó frenada con igualmente el 46% de los votos.

La cuestión religiosa también está en debate: desde 1911, Uruguay es un país laico en su constitución. Incluso, también se borró del mapa político el único partido católico que existía desde que volvió la democracia; aunque más cerca en el tiempo habrá que analizar el rol de los evangelistas y sus instituciones quienes van calando cada vez más fuerte en la arena política del país. En términos de influencia, Uruguay posee en cambio una fuerte impronta masónica que incluyó a muchos de los ex presidentes, entre ellos el actual frenteamplista Tabaré Vásquez.

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Hay varios ejes que preocupan a la otra mitad de la ciudadanía que no se siente ganadora. Por un lado, están las medidas relacionadas a la seguridad interior, la mirada represiva e incluso defensora de los militares de la última dictadura que azotó al país durante las décadas del 70 y 80, por algunos sectores del espacio ganador. Por el otro, se encuentra lo referido al carácter económico del nuevo programa de gobierno: es sabido que se asumirá desde el Estado un recorte social importante, aunque se desconoce desde dónde se harán los ajustes; ya que la posible reducción o ahorro de USD 900 millones (propuesta del programa de gobierno del Partido Nacional), dependería en gran parte de “tocar” o modificar lo que se invierte como parte de los servicios públicos, como ser el agua potable, la luz, el teléfono de línea e internet, los correos postales o el ferrocarril; todas empresas de carácter estatal hasta el día de hoy.

Por otro lado, están las políticas sociales que se impulsaron desde el Ministerio de Desarrollo Social en estos últimos 15 años desde el Frente Amplio, que incluyeron políticas y programas de trabajo, de reinserción laboral, de ayuda a madres Jefas de Hogar y las vinculadas a los distintos subsidios para los sectores más vulnerables de la población. Para esta cartera se tiene entre los posibles candidatos a Pablo Bartol, miembro del Opus Dei y director de la ONG Los Pinos, un centro educativo para niños y jóvenes.

El último eje, pero no menos importante, refiere a las medidas y políticas de gobierno más rupturistas y disonantes respecto al resto del continente: la despenalización del aborto, aprobada en diciembre de 2011, y la legalización del cannabis –con control y producción estatal- votada en el 2014 y reglamentada casi un año después. Del bloque ganador, sólo el referente de la ultra derecha de Manini Ríos se posicionó actualmente en contra de esta última normativa, y aunque los demás candidatos evitaron el tema, tampoco la votaron a favor en su momento. De hecho, por esos tiempos, desde el Partido Nacional y el Partido Colorado varios de sus representantes anunciaban la intención o posibilidad de derogar la ley si salía. Veremos, con el diario del lunes, cuanto de estas intenciones siguen en pie seis años después. 

A su vez, el gobierno entrante tiene su propia agenda. La llamada “Ley de Urgente consideración” que pretende aprobarse apenas asuma el nuevo Congreso en el mes de febrero (mes que asumen en funciones ambas cámaras tanto de diputados como de senadores, es decir, un mes antes que el presidente electo) es un misterio hasta para los propios uruguayos. Nadie sabe bien de qué se trata ni qué contiene, pero genera ciertas expectativas -y no de las buenas- tanto hermetismo.

De todos modos, ni la Coalición ganadora ni el presidente hijo del ex presidente, tienen el camino allanado: la otra mitad del país y la central obrera más importante -el PIT CNT- estarán alertas ante los posibles cambios de rumbo que afecten los derechos adquiridos. Que en definitiva, al pueblo uruguayo, lo pacifico no les quite lo valiente. ♣♣♣

#PA.

DOMINGO 1 DE DICIEMBRE DE 2019.
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