Campaña en Brasil: la abstinencia sexual como método anticonceptivo

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Por Lu­cía Sa­bi­ni Fra­ga

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Esta semana comenzó la polémica campaña “Adolescencia primero y embarazo después” llevada a cabo por el Ministerio de Mujer, Familia y Derechos Humanos de Brasil, que con el fin de reducir las tasas de embarazo adolescente, plantea la abstinencia como posible método de control.

Si algo no se le puede achacar al presidente brasileño Jair Bolsonaro es de no ser sincero con sus intenciones y auténtico en su forma de expresarlas. Esta semana sorprendió al mundo la noticia de que entre el periodo 2018 – 2019 (coincidente con la llegada del nuevo gobierno), las adquisiciones directas de los portadores de armas civiles creció un 17,2 % y que los mismos compraron municiones en una cantidad similar a las que contrajeron las propias fuerzas de seguridad de Brasil, 32.2 millones de municiones. Es bastante evidente que ese aumento de debe al cambio de regulación que permite ahora a un civil comprar 200 municiones por arma, frente a las 50 permitidas anteriormente.

Pero con Bolsonaro y su equipo no hay respiro, y todas las semanas nos deparan noticias alarmantes o simplemente increíbles. Este pasado lunes comenzó una polémica campaña comandada por el Ministerio de Mujer, Familia y Derechos Humanos de Brasil y su titular Damares Alves (una pastora evangelista que confesó el verano pasado que no posee títulos académicos -aunque se presenta como abogada y maestra- sino que sus títulos son “bíblicos”), con el fin de reducir las tasas de embarazo adolescente, y cuyo eje curiosamente no se centra en la educación sexual sino en la abstinencia como posible método. La campaña llevada a cabo por dicho ministerio, en colaboración con el de Salud, se desarrollará mayormente a través de redes sociales y está orientado a un público de niños y jóvenes de entre 10 y 18 años.

Con el eslogan “Adolescencia primero y embarazo después”, la ministra Damares Alves pretende disminuir los números de niñas y adolescentes madres en todo el país: Brasil posee una tasa alta de embarazos adolescentes calculada en 68,4 nacimientos por cada mil mujeres; problema que comparte con el resto de América Latina que sólo es superada en los promedios mundiales por África subsahariana. De todos modos, los últimos veinte años habían demostrado una mejora respecto a los propios índices del país más grande del continente: según los datos relevados por la Organización de las Naciones Unidas, entre 1997 y 2017, la disminución fue de 84 a 68 embarazos cada 1.000 adolescentes de entre 15 y 19 años. Como referencia, el promedio mundial es de 46 cada 1.000 mujeres de esa edad, en esa condición.

“Estamos lanzando la campaña de prevención del embarazo precoz (…) El sexo precoz no termina con esta campaña. Tenemos que continuar hablando del tema”, señaló la ministra Alves durante la presentación oficial de la campaña el lunes pasado en la capital de Brasilia. Desde su creación, el proyecto fue ampliamente cuestionado ya que el objetivo implícito del gobierno suponía promover la abstinencia sexual entre adolescentes como una política alternativa de control natal. De todos modos, y paralelamente con esta campaña, el gobierno brasileño también contempla otras acciones: este año se distribuirán gratuitamente, según informaron fuentes oficiales, 570 millones de preservativos femeninos y masculinos en todo Brasil, y se desarrollarán campañas para fomentar el uso de métodos de planificación y anticonceptivos.

A fines del mes pasado, de cara a las inquietudes que despertaba el proyecto, la propia ministra (conocida por estar abiertamente en contra de la despenalización del aborto y por un sin fin de frases polémicas y machistas) respondió al diario Folha de S. Paulo respecto a los fundamentos del proyecto: “Una niña de 12 años no está preparada para ser poseída. Si me probasen, científicamente, que el canal de la vagina de una niña de 12 años está listo para ser poseído todos los días por un hombre, yo paro de hablar ahora”. Evidentemente para la ministra no es un tema de derechos, sino una cuestión física determinada únicamente por el deseo masculino.

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El carácter del Ministerio de Mujer, Familia y Derechos Humanos (creado en 1997 bajo la presidencia del ex mandatario Fernando Henrique Cardoso) fue modificado bajo el gobierno de Dilma Rousseff y unificado con otras dos secretarías, creándose el Ministerio de las Mujeres, de la Igualdad Racial y de los Derechos Humanos (MMIRDH). En el 2016, bajo la presidencia de Temer, se dio de baja este ministerio, volviéndolo a crear un año después pero aunque con una perspectiva bastante distinta: enfocado en la familia tradicional y diluida la lucha por los derechos de la mujer y la igualdad racial. Con Bolsonaro de presidente, se terminó de cerrar el círculo: la propia Damares advirtió dos años antes de que ganara el actual mandatario en las elecciones del 2018, de que era hora que “la iglesia gobierne”.

Es que en términos de gabinete, el actual gobierno no escatima en polémicas. La semana pasada un grupo de científicos vinculado a la Universidad de Sao Paulo (USP), cuestionaron el nombramiento de un defensor de la teoría del creacionismo religioso para ejercer un alto cargo del Ministerio de Educación de ese país. La mirada religiosa se cuela rápidamente en los programas educativos en contra del consensuado evolucionismo, y más de un científico se agarra la cabeza de tirar por la borda cientos de años de secularización académica.

Por su parte, el ministro de Educación de Brasil, Abraham Weintraub, viene siendo criticado hace rato: es muy habitual que escriba con faltas de ortografía en sus tuits o que incluso confunda apellidos de famosos escritores con nombres de alguna otra cosa. La última perlita fue a mediados de este enero cuando escribió “imprecionante”en lugar de “impressionante”, en portugués. Lo que se diría, un gabinete a prueba de errores (y horrores). ♣♣♣

#PA.

SABADO 8 DE FEBRERO DE 2020.


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