Bielsa-Aragnouet: el túnel que acentúa el sentimiento europeísta

Bielsa-Aragnouet: el túnel que acentúa el sentimiento europeísta

Por Lourdes Sarsa Granell

Hablar del túnel de Bielsa-Aragnouet, que une la comarca española de Sobrarbe con el departamento francés de Altos Pirineos, es hacerlo de colaboración, sinergias, lazos que se estrechan y el crecimiento de un sentimiento común y europeísta que se ha ido consolidando durante sus casi 45 años de vida.

Este túnel internacional, abierto al tráfico en 1976, es el logro de la unión de estos municipios, que financiaron los trabajos por los que han pagado “hasta hace relativamente poco tiempo” un crédito que avalaron los vecinos con sus propiedades en “una obra de ingeniería económica muy compleja”.

Así describe el proceso el alcalde de Bielsa, Miguel Noguero, quien recuerda que “costó mucho que el Gobierno central viera el proyecto” para esta infraestructura de 3.070 metros, aunque una vez acordada construyó la carretera de acceso que aseguraba su uso.

Con 1.664 metros en la parte española y 1.821 en la vertiente francesa, la apertura del túnel posibilitó que la relación comercial y de vecindad que siempre había existido en este espacio fronterizo se reforzara.

El problema que se prolongó durante años fue la imposibilidad de garantizar que la carretera de acceso estuviera abierta en invierno, principalmente en la parte francesa, donde la caída de nieve podía suponer el cierre de la vía durante varios días, recuerda el alcalde.

Ello, unido a las exigencias de la Unión Europea relativas a la seguridad de un túnel de 3 kilómetros sin vías de evacuación o vigilancia, dio lugar a un primer documento acordado por ayuntamientos españoles y franceses de la zona que recogía la necesidad de que el túnel estuviera “abierto todo el año y con inversión para adecuarlo a la normativa europea”.

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El consorcio hispanofrancés: garantía y seguridad

En 2008 nace el consorcio hispanofrancés para la gestión, explotación y conservación del túnel de Bielsa-Aragnouet que representa, en palabras de Noguero, “una normalidad absoluta y un nivel de seguridad muy alto y envidiado en otros túneles transfronterizos europeos”.

Compuesto por el Gobierno de Aragón y Altos Pirineos, el consorcio gestiona de forma conjunta, con los mismos protocolos, esta infraestructura de 3 kilómetros, y también los 11 de acceso (6 en la vertiente francesa y 5 en la española) para garantizar que se limpia a ambos lados de la frontera y evitar riesgo de avalanchas. Su finalidad es la seguridad y vialidad de la infraestructura carretera.

Andrés Olloqui, director del consorcio, explica que gracias a los fondos europeos POCTEFA (España-Francia-Andorra) de Interreg, que han financiado el 65 % de los trabajos, se ejecutaron en el túnel proyectos como Gescontrans y Bidirex, por importe de 21 millones de euros, para acondicionarlo a la normativa europea en materia de seguridad.

Después, también financiados a través del POCTEFA, llegaron los proyectos Securus 1 y 2, este último aún en ejecución, dotados con 9 millones y destinados a actuar sobre los riesgos naturales -avalanchas o caída de piedras- en la carretera de acceso.

Olloqui recuerda que en 2020, dentro del Securus 2, se construyó en la boca sur un dique de 7.000 metros cúbicos de contención de avalanchas por importe de 223.000 euros y se colocaron en la otra vertiente barreras de contención por 153.000 euros.

El túnel, de dos carriles, es bidireccional para vehículos ligeros y unidireccional alterno para camiones, autobuses y caravanas y también en horario nocturno, cuando apenas circulan unos 25 vehículos de media diaria. Está prohibida la circulación de bicicletas y peatones y también el paso de mercancías peligrosas porque no dispone de galería de evacuación.

La efectividad del trabajo del consorcio en su mantenimiento y accesos y de las mejoras realizadas con su gestión de los fondos europeos a través del POCTEFA la demuestran las cifras. Desde 2008 el tráfico ha aumentado cada año, con una media de mil vehículos diarios, aunque con muchas variaciones: entre 3.000 y 4.000 en verano y entre 600-700 entre semana en invierno, que sube en fin de semana de esquí a 1.200-1.500, apunta Olloqui.

Los camiones que pasan diariamente son unos 60-70 de media, aunque han bajado a unos 40 desde la irrupción de la pandemia de coronavirus.

El túnel se cierra al tráfico “dos o tres semanas en horario nocturno” para labores de mantenimiento y en un invierno de caída “normal” de nieve “entre 7 y 10 días por temporada” por riesgo de avalancha en los accesos.

Con un centro de control principal en boca sur y otro secundario en boca norte, el consorcio licita los contratos de mantenimiento y de vialidad invernal, para la que disponen de hasta 4 quitanieves, contando las de reserva, para solo 11 kilómetros de carretera.

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Un antes y un después en la economía de la zona

Que el túnel de Bielsa-Aragnouet esté abierto todo el año supone “el 90 % de la economía” en la boca española, apunta Juan Carlos Vidallé, vecino de Bielsa que tiene con su hermano una sociedad que gestiona en la cercana aldea de Parzán una tienda de alquiler de esquís, una cafetería restaurante, un supermercado y una estación de servicio.

Recuerda que antiguamente en el valle había ganado y que en la actualidad “el 95 %, por no decir el 100 %, vive del turismo”, por lo que el túnel es su “manera de vivir”. “Sin el túnel no seríamos nadie”, enfatiza.

Argumenta que cuando se cerraba en invierno trabajaban menos, seis o siete meses al año, y tenían cuatro empleados. Desde que existe el consorcio les “ha cambiado la vida” porque el túnel no se cierra “prácticamente para nada”, tiene unos 15 trabajadores todo el año y el 90 % de sus clientes son franceses.

Acuden porque el combustible es más barato, también el alcohol y el tabaco, pero también para disfrutar de la gastronomía, mientras que los españoles pasan a Francia a esquiar en las estaciones de alpino de Piau Engaly o Saint-Lary o a hacer bicicleta de carretera en puertos como el mítico Torumalet, detalla Vidallé.

Coincide con él Miguel Noguero, que además de alcalde de Bielsa conduce el taxi del municipio y es propietario de un bar y un hotel en reformas.

El taxi realiza el transporte escolar y traslada a los niños del valle a la escuela a Bielsa, donde hay matriculados 40 más otros 10 en la guardería, pese a ser una zona con apenas 500 habitantes empadronados. De junio a octubre, trabaja con montañeros a los que acerca para hacer excursiones, recoge o enlaza con otros medios de transporte, entre los que se encuentran muchos franceses, también americanos, alemanes o belgas, atraídos por el GR-11 y por los picos más altos del Pirineo.

Aunque con montañeros trabaja fundamentalmente entre final de mayo a noviembre reconoce que el túnel representa “un pulmón de oxígeno” para poder tener clientela todo el año, por lo que el valle “no se cierra”. A los montañeros que acuden en verano y a los esquiadores en invierno, se suman en primavera y otoño franceses que tienen “muy desestacionalizadas” las vacaciones.

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Intercambios económicos en la frontera

La interrelación económica existente a ambos lados de la frontera la fomentan también entidades públicas y privadas. La presidenta de la Asociación Empresarial Turística de Sobrarbe, Paz Agraz, explica que en 2018 se puso en marcha el proyecto DUSAL para trabajar conjuntamente en la creación de un único destino turístico entre Sobrarbe y los valles de Aure y Louron, cofinanciado al 65 % por el fondo Feder a través del Programa Interreg POCTEFA.

Se trata de poner en valor los productos que tienen, como la BTT, el senderismo o la nieve con la práctica del alpino en Piau Engaly o Saint-Lary, el esquí de fondo en Pineta, las raquetas o la escalada en hielo y el destino de naturaleza en verano, y de promocionarlos de forma conjunta unificando la información y la imagen de las oficinas de turismo.

Ello es posible gracias al túnel de Bielsa-Aragnouet, “que permite tener un intercambio continuo y generar una unidad”, explica Agraz.

El proyecto, para el que se ha pedido una prórroga debido a la pandemia de covid-19, se desarrollará hasta junio, pero la pretensión es “que tenga continuidad en el tiempo”.

El tejido empresarial dedicado al turismo en la zona es “importantísimo”, con un 30 % de turistas de origen francés y un 20 % belga y holandés, y un papel “impecable” del consorcio para mantener el túnel, su “puerta a Europa”, en buen estado.

Desde el otro lado de esta infraestructura, Émilie Verdoux, directora de la Oficina de Turismo de Piau Engaly, recuerda que tienen una asociación comercial con el Ayuntamiento de Bielsa a través de la marca comercial Piau-Sobrarbe, que propone dormir en la localidad española y esquiar en la estación francesa.

La comarca de Sobrarbe es la única del Pirineo aragonés que no tiene estación de esquí alpino, pero sí de fondo, en Pineta, por lo que tienen un convenio “turístico y comercial de forfaits” -aunque este año no se está aplicando debido a la pandemia-, que permite a ambos espacios “complementarse”, según añade el responsable de la estación nórdica, Borja Real.

Verdoux apunta que el 23 % de los esquiadores de Piau Engaly son españoles y destaca “la complementariedad” entre España y Francia en cuanto a la realización de actividades turísticas que permite el túnel, pero también en relación con la agricultura y el cereal.

Este espacio transfronterizo es “muy importante para los dos países” y supone que al vivir al lado de una frontera “realmente ésta no exista”, asevera.

Su compatriota Éric Fraysse, responsable adjunto de pistas de Piau Engaly, considera “esencial” el túnel, cuyo consorcio les ha adjudicado el contrato para la realización todas las semanas en invierno de sondeos y análisis del manto nivoso para poder estimar el riesgo de avalanchas sobre la carretera de acceso.

Fraysse es también guía de cañones y barrancos en verano en España, por lo que el túnel es el acceso para pasar “todos los días a Aragón” con clientes franceses, una circunstancia en la que coincide con Borja Real, quien asevera que “más del 90 %” de su clientela es francesa, lo que le lleva a circular por el túnel “dos o tres veces diarias entre julio y agosto”.

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Experiencias personales

La garantía de poder transitar a diario entre España y Francia ha auspiciado también otros planes de vida para habitantes de esta zona pirenaica fronteriza.

María Lorenzo, técnica de gestión del consorcio, vivió en Bielsa durante 8 años y desde hace 6 años reside en la localidad francesa de Luchon. Un “cambio de vida” que se planteó con su familia para aprender bien la lengua francesa y que su hija Rebeca pudiera compaginar sus estudios con la participación en la sección de esquí alpino de competición, con la que practica este deporte dos días a la semana.

Lorenzo recorre diariamente los 65 kilómetros que separan Luchon de Bielsa, una dirección que toman también otras cuatro familias que conoce que viven en Francia y trabajan pasado el túnel de Bielsa, y también personas que hacen el trayecto a la inversa porque “trabajan en Francia y viven en España”. “Antes no podían hacerlo”, apostilla.

Muchas de estas personas que viven o trabajan en este espacio fronterizo, que van y vienen por el túnel de Bielsa-Aragnouet con la seguridad de que podrán llegar a su destino, se sienten “muy europeas, no españolas o francesas”, concluye el responsable del consorcio.

Y ahonda en que “descoloca” que se cierre la frontera “circunstancialmente”, como ha ocurrido debido a la pandemia, porque “ya casi se te ha olvidado que la hay”. ♣♣♣

#PA. EFE, Bielsa (España).