Fin de fiesta: en Uruguay estallaron los casos de COVID

Fin de fiesta: en Uruguay estallaron los casos de COVID

Por Lucía Sabini Fraga


El aumento de contagios corrió de escena al país sudamericano como ejemplo de gestión de la pandemia en la región. Medidas, vacunas y urgencias económicas forman parte del menú de los uruguayos.

De pronto, Uruguay dejó de ser la medida de las cosas. Al menos, dejó de representar al país sin casos de COVID-19 que había logrado mantener muy controlada su tasa de contagio -con números super bajos- y sin recurrir a medidas de cuarentena ni aislamientos obligatorios; salvo algunas pocas medidas restrictivas. Una sociedad modelo que había entendido la gravedad del asunto y había auto regulado su comportamiento.

Con la llegada de la segunda ola de coronavirus a Latinoamérica, esas afirmaciones se desvanecieron en el aire. Si bien Uruguay ya registraba cientos de casos desde noviembre, con un alto pico para las fiestas y el mes de enero (de hecho, se habían cerrado las fronteras de manera rigurosa incluso para los propios ciudadanos), los números ahora parecen haber tocado fondo. El 22 de marzo, el récord de casos prendió todas las alarmas: 2682 en un solo día.

Si tenemos en cuenta la población de tres millones y medio que tiene el país, su registro es mucho peor que sus países vecinos. Mientras que Argentina posee en los últimos 14 días un promedio de 223 casos cada 100.000 -según la página de estadísticas Datos Macro-, Chile 425, Bolivia 92 o Paraguay 381; Uruguay llego a 628. Supera con creces incluso a su vecino Brasil, que tiene un promedio de casi 500. En definitiva, los peores números de la región en cuanto a contagios. Los fallecidos, de todos modos, se mantienen en un nivel sumamente bajo: 247 por millón, apenas la quinta parte de Brasil (1444), Argentina (1225) o Chile (1178). Ni hablar de los países de Europa que rondan prácticamente todos, más del millar. Hasta el momento, en números concretos, Uruguay tuvo desde que comenzó la pandemia 89,458 casos registrados y 856 muertes atribuidas al coronavirus.

Si bien el sistema de salud uruguayo es bastante robusto, la situación es compleja. Actualmente existen 202 pacientes internados en cuidados intensivos (llamados CTI); el área más desbordada. Para reforzar las medidas sanitarias y evitar el colapso, el gobierno prometió la suma de 129 camas de tratamiento intensivo, y la compra de 150 respiradores y monitores.

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Medidas anunciadas

Luego de las inquietantes cifras del lunes, el martes 23 se reunió el Consejo de Ministros para evaluar las medidas a tomar. Mientras que el Ejecutivo -encabezado por Luis Lacalle Pou– siempre sostuvo la postura de evitar cuarentenas y reducciones de movilidad, hasta el propio Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) le había sugerido pocos días antes tomar medidas más drásticas de cara al segundo rebrote.

Finalmente, el martes de noche en conferencia de prensa se anunciaron los nuevos cambios -que no fueron tantos-. Mientras las fronteras al exterior continuarán cerradas, también se determinó el cierre de oficinas públicas -excepto servicios imprescindibles- y free-shops (tiendas libres de impuestos) fronterizos hasta el 12 de abril. Se dispuso la clausura de gimnasios, de clubes y la suspensión de espectáculos públicos; como eventos, obras de teatro o recitales.

Respecto a las clases, se decidió suspender nuevamente la presencialidad en todos los niveles de enseñanza hasta el 5 de abril, para retomar desde allí progresivamente. Respecto al turismo (teniendo en cuenta que este lunes comienza la llamada “Semana de Turismo”, que implica no solo los días religiosos de Pascua sino la semana entera), el gobierno decretó el cierre de los concurridos complejos termales en los departamentos de Salto y Paysandú. Llamó la atención, en el marco de las restricciones, que en relación a los bares y restaurantes, solo se estableciera la reducción en el horario de cierre que será hasta la medianoche; pero no su inhabilitación.

Desde la oposición, el referente del Frente Amplio y actual senador Óscar Andrade le contestó al presidente en su Twitter: “Se perdió la posibilidad de convocar a un acuerdo nacional (…) Cuesta entender como ante una situación infinitamente más grave que hace un año las medidas son mucho más tenues. Mucha soberbia” expresó sin reparos.

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De vacunas y otros demonios

Uruguay tiene su proceso de vacunación en marcha. Fue uno de los últimos de la región en arrancar y va no tan rápido como quisiera, pero va. Según explicó el portal La Diaria de Uruguay, durante esta semana “se llegó a inocular a 13% de la población objetivo y hay 12% que está agendado con fecha y hora. De modo que tiene fecha 25% de población objetivo y 30% está ‘en la cola de espera’, lo que significa que hay 55% de adhesión de la población a la vacunación.” Es importante la aclaración: en Uruguay se habilitaron las listas de espera para cualquier edad (de 18 años en adelante) más allá de que la vacunación tenga un orden de prioridades. Muchos jóvenes ya hicieron su inscripción al registro y ahora les toca esperar. Hasta el momento, alrededor de 400.000 uruguayos ya recibieron la primera dosis.

De hecho, con la estampida de casos, los uruguayos comenzaron a mirar con mayor confianza (o con menos desconfianza) la posibilidad de vacunarse. Si a fines de enero, la proporción de la población dispuesta a incorporarse las dos dosis contra el COVID-19 era del 58%, dos meses después trepó casi diez puntos: según los últimos números de la Usina de Percepción Ciudadana, a mediados de marzo se registraba un 67% de aprobación. Las franjas etarias que más mostraron un cambio de parecer fueron las personas entre 30 y 59 años, y en los niveles socioeconómicos medio y alto. Sucedió que durante las primeras semanas de marzo (el proceso de vacunación en Uruguay comenzó el primero de este mes), la cantidad de personas registradas para vacunarse fue sorpresivamente baja y mucha gente -incluso con turno- no acudió a la cita.

Respecto a los acuerdos con las farmacéuticas, Uruguay adquirió 3,8 millones de dosis entre Sinovac y Pfizer, de las que 1.850.000 ya se encuentran en el país. Además, se inscribió en la plataforma Covax (bajo el paraguas de la Organización Mundial de la Salud –OMS-), por lo que contará con 450.000 dosis más de la firma AstraZeneca.  

Sn embargo, una de las últimas noticias al respecto no fue muy entusiasta: el jueves pasado, por una falla mecánica -según explicaron fuentes oficiales- el helicóptero que trasladaba 300 vacunas de la marca Pfizer para mayores de 80 años de un departamento a otro, cayó, se prendió fuego y se perdieron todas las dosis. Por suerte, los tripulantes de la Fuerza Aérea de Uruguay que se encontraban en el helicóptero no sufrieron heridas de gravedad.

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Los números que golpean al paisito

Como diría la expresión de habla inglesa last but not least (lo último, pero no menos importante), la economía es una de las serias preocupaciones del momento. Las últimas estadísticas dejan ver las consecuencias de un año de actividad económica reducida y por momentos paralizada, al tiempo que pone en evidencia el repliegue incipiente del Estado.  Según los datos divulgados por el Banco Central de Uruguay (BCU), el Producto Interno Bruto (PIB) del país cayó un 5,9% durante el 2020 respecto al año anterior, una caída que no se observaba desde la crisis del 2002.

Para llevarlo a la realidad mas tangible, estas otras estadísticas completan el cuadro: las personas debajo de la línea de pobreza alcanzaron el año pasado al 11.6% de la población, según un informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) que también salió a la luz esta semana. Eso significó 100.000 personas más en situación de pobreza, donde 35.000 de ellos son niños y niñas. Durante el 2019, esa cifra era de 8,8%, representando una suba de casi un 3% entre un año y otro. Del 2018 al 2019 este índice había subido bastante menos (aunque siempre en alza): 0,7 puntos porcentuales.

Entrevistador por La Diaria, el senador frenteamplista y exministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, se refirió a estos números: “La pandemia generó restricciones y el gobierno decidió profundizarlas, bajando salarios y no teniendo políticas activas. Apostó a que la pandemia hiciera su efecto, sin amortiguar nada, salvo seguros de paro”, aseguró.

En la conferencia de prensa del último martes el gobierno prometió -para paliar la crisis COVID y hacer frente a las demandas sociales- un subsidio por enfermedad a mayores de 65 años en el sector privado. Pero a su vez, también dejó ver de donde saldrán esos recursos: por dos meses los salarios públicos sufrirán un recorte, para ser destinados -esa suma- a los desfavorecidos por las restricciones en la movilidad. Una medida que suena solidaria pero que tampoco parece la solución de las cosas; después de esos dos meses ¿cómo lidiará el gobierno uruguayo con la crisis que recién comienza a asomarse? ♣♣♣

#PA.