¿Qué es el Trabajo?

¿Qué es el Trabajo?

Por Cristián Silva

Se habla mucho del trabajo cuando llega el 1ero de Mayo, pero es poco común leer textos referidos a su definición, por eso creo que puede ser un tema interesante.

Cabe destacar que el 1ro de mayo, tiene un significado de suma importancia a nivel mundial, sobre todo si atendemos a su contenido, esto es: un día mundial de huelga, de paro, declarado por la II Internacional Socialista en honor a los mártires de Chicago, y no un feriado dominguero donde nos quedamos a descansar. Es un día de lucha.

Hecha la aclaración, pensemos en la pregunta que hace de título de este artículo: ¿qué es el trabajo?, ¿ha sido el mismo a lo largo de la historia? Estos y muchos interrogantes resultan interesantes de analizar, pero comencemos por lo simple. Nos sirven de guía, las dos frases del comienzo, que intentan responder a la pregunta, en dos dimensiones: técnica y práctica. En esta ocasión, nos ocuparemos de la dimensión técnica.

“todo ser del reino animal al cual pertenecemos asegura su supervivencia a través de una relación activa con la naturaleza” “trabajo” es la relación con otros en la construcción de un mundo material”:

Pablo Rieznik

El hombre en la tierra, desde su aparición en el Cuaternario, se ha relacionado con la naturaleza a fin de obtener de ella los elementos necesarios para su subsistencia, para poder reproducir materialmente su vida. Primero recolectando y cazando, mediante el empleo de materiales líticos, como también el fuego; luego aprendió a domesticar las plantas y animales, dando origen a lo que Gordon Childe llamó Revolución Neolítica o Revolución Agrícola. A esta relación, en la que el humano se sirve de materiales de la naturaleza para transformarla en su beneficio, el filósofo argentino radicado en México, Enrique Dussel (2017), la llama “relación técnica” (si bien las dimensiones a las que hicimos mención no pueden disociarse en la práctica, las dividimos en lo teórico para que resulte más inteligible). A esta fase corresponde la aparición de relatos míticos que hacían peculiar su relación con la Tierra, porque el hombre veía en ella a su creador, o sea, a Dios, los Dioses. La naturaleza, era la creación de Dios (sea el caso que sea) quien dejó su cuidado a cargo de los hombres, sin la cual sería imposible la vida, por tanto había que respetarla y rendirle culto. “Yahvé Dios tomó al hombre y lo puso en el Edén para que lo cultivara y lo cuidara” (Génesis2:15). Podría decirse que la relación entre el hombre y la naturaleza era casi simbiótica. Respecto de la concepción bíblica del trabajo, si bien cabe poner de relieve su carácter penal, (o sea, el calvario al que el hombre se ve encadenado a causa del pecado) me limito solo a hacer mención de ello.

Siguiendo con la relación entre humanos, naturaleza y Dios-es, en esta parte creo pertinente traer a colación dos obras del economista argentino Pablo Rieznik. La primera titulada Las formas del trabajo en la historia- Una introducción a la economía política publicado en 2003. Y la segunda, La pereza y la celebración de lo humano, publicada poco tiempo antes de su fallecimiento en 2015, en las cuales desarrolla un importante análisis sobre el trabajo humano. A manera de reseña, podemos decir que traza una línea entre los orígenes y el desenvolvimiento histórico del trabajo; es decir el intercambio, el metabolismo entre la humanidad y la naturaleza, que aquella modifica con su actividad, aunque no siempre el trabajo fue entendido así; por ejemplo en la antigüedad, se atribuía la riqueza a la acción de los dioses y el trabajo físico era despreciado, concepción entendible en una sociedad basada en la esclavitud. Rieznik recorre la historia de ese metabolismo hasta llegar a lo que Marx denomina “trabajo alienado”, ajeno y hostil al trabajador que lo ejecuta, transformado éste en “puro apéndice de la máquina”.

Pero lo más interesante del trabajo de Rieznik, respecto de las cosmovisiones antiguas en relación al trabajo y la naturaleza, puede apreciarse en el siguiente fragmento:


“No se identificaba la riqueza con el trabajo en ningún sentido. De un modo general, en el mundo antiguo y durante un largo lapso posterior, hasta el final de la Edad Media prevaleció una cosmovisión organicista y sexuada: `La Tierra concibe por el Sol y de él queda preñada, dando a luz todos los años` […]. La riqueza era un don de la tierra, imposible de ser creada o reproducida por la intervención del mismo hombre que, en todo caso, se limitaba a descubrirla, a extraerla y consumirla. La idea misma de producto o producción humana estaba completamente ausente en la Antigüedad. Dominaba la creencia de que aquellos materiales que aseguraban al ser humano su reproducción existían apenas como resultado del vínculo mencionado entre la Tierra y las potencias celestes, a las que normalmente se les asignaba el atributo de la masculinidad. En la unión, entonces, del Cielo y la Tierra debía buscarse el origen de los animales, las plantas o los minerales “paridos” por esta última, e incluso no faltan mitos y leyendas que atribuyen al propio hombre este origen.


La mitología de la fecundidad de la agricultura, del arado y de la metalurgia se inscribe ya bajo el dominio del dios fuerte, del macho fecundador de la Madre-Tierra, del dios del cielo que clavaba en la tierra su hacha y su martillo, originando así el rayo y el trueno. De ahí el carácter mágico asignado primero al hacha de piedra y después al martillo del herrero, que no hacía sino imitar simbólicamente el gesto del dios fuerte.” (Rieznik, 2002, pg14)

El hombre antiguo y medio se sentía parte de la naturaleza, digamos que encontraba su sentido en la complementariedad con los otros seres vivos de la naturaleza y con la naturaleza misma. La naturaleza era un regalo, por eso, se sentía con la gran responsabilidad de cuidarla, porque a través de ella podía ver y leer a Dios, los Dioses.

La relación con la naturaleza no es de sujeto-objeto, sino de sujeto – sujeto. No hay una dominación de uno sobre el otro. La naturaleza es parte de la vida del hombre, por tanto, viven en una armonía constante.

Cabe de todas formas reconocer las limitaciones de la caracterización que acabamos de hacer respecto de las relaciones y concepciones que el humano ha tenido para con la naturaleza en las edades Antigua y Media, frente a lo que señala Ester Pascua, sobre el Disgusto Medieval, y que sin dudas merece una futura profundización, ya escudriñando más bibliografía.

Al contrario de lo que venimos caracterizando sobre las sociedades antiguas, la relación del hombre moderno con la naturaleza es de sujeto – objeto. El hombre se enfrenta con la naturaleza en una lucha hasta dominarla y explotarla.

Siguiendo  con lo que afirmamos en las primeras líneas de este capítulo, destacamos de nuevo algunas reflexiones acerca del trabajo en la coyuntura moderna por parte de Rieznik (2002):


“Es claro, sin embargo, que la propia modernidad es imposible de ser concebida sin un desenvolvimiento propio de los resultados del trabajo. Es la capacidad humana de transformar la naturaleza la que en un estadio histórico determinado de su evolución creó las condiciones que permitieron, primero, la acumulación original de capital y, más tarde, el despliegue de la industria, la configuración de mercados compatibles con la extensión y los requerimientos de la circulación en escala nacional e internacional (pag.13).”


 A este señalamiento de Rieznik podemos agregar que: es esta capacidad humana de transformar la naturaleza, la que en el periodo histórico que llamamos Modernidad, comenzó a ser la causante de la destrucción de todo aquello que rodea al mismo hombre, incluido a sí mismo. La Revolución  Industrial marcó un quiebre en la relación amigable entre el hombre y la naturaleza. El hombre comenzó a utilizar masivamente el carbón para barcos y fábricas, la extracción de recursos naturales se hizo permanente, al igual que la explotación de seres humanos hacinados en fábricas, incluso niños, desde los 8 años durante 12 o 14 horas por día. En pos del progreso industrial y del auge del sistema económico capitalista, liderado por una burguesía que había sido rechazada y perseguida en el pasado por monarcas y feudales, el hombre comenzó a sentirse dios y dueño de lo que lo rodea y el materialismo económico se convirtió en una forma de vida con el fin de sustentar el sistema. Las chimeneas de las fábricas expulsaban sus desechos al ambiente, ya sea al aire o a los ríos.

La diferencia que tienen los modos de producción anteriores al Capitalismo, es que la idea misma de producción humana carecía de sentido; la riqueza no era producida ni acumulada por el hombre. Una visión de tal carácter implicaba además la idea de evolución y progreso, algo que se encuentra completamente ausente en las diversas ideologías anteriores a la modernidad; y en cambio en este periodo encuentra su sentido y justificación, el sentimiento de superioridad del humano frente a todo lo que lo rodea.

Según Irene Bugallo, la génesis de todo el problema ambiental se encuentra en el Sujeto Cartesiano: La naturaleza empieza a ser un objeto del que se sirve el hombre para satisfacer sus necesidades a través de su explotación (como lo fue siempre, recordemos que esta capacidad es la que denominamos trabajo) pero la diferencia es que no hay una armonía en la relación entre estas dos realidades. El hombre busca su bien por medio de la naturaleza. Aquí la concepción que el hombre tiene de sí mismo es como ministro e intérprete de la naturaleza y no como un hombre contemplativo.

Hasta esta parte hemos tratado de explicar cómo ha sido la relación hombre-naturaleza en la historia de su existencia (sin considerar de ninguna manera que hayamos agotado el tema).

Queda pendiente, la dimensión práctica del trabajo, la cual abordaremos en un próximo texto. ♣♣♣

#PA.