Apagones y gas natural, la discusión en México

Apagones y gas natural, la discusión en México

Por Jesus Carrillo Castillo


Un nuevo impulso a la producción nacional de gas natural, por parte de nuevos participantes en la industria, podría ser la respuesta para que México consiga la seguridad energética. Sin embargo, el gobierno federal redobla, como en un contrasentido, su apuesta por Pemex y la CFE.

La historia corta del apagón texano se podría resumir así: el frío inclemente ocurrido a partir del 14 de febrero ocasionó una mayor demanda de energía y, al mismo tiempo, sacó de circulación a varias fuentes de generación de electricidad en todo el territorio estatal, por lo que el Consejo de Fiabilidad Eléctrica de Texas (ERCOT por sus siglas en inglés) tuvo que provocar apagones controlados para que la red no se sobrecargara por el exceso de demanda.

Esto tuvo otro efecto: México no pudo recibir suficiente gas natural para sus plantas generadoras (alrededor del 56% de la generación eléctrica del país utiliza este combustible), suscitando un fenómeno similar primero en el norte (de Chihuahua a Tamaulipas), y luego en todo el país, cuando el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) inició una serie de apagones rotativos con el fin de proteger la estabilidad del Sistema Interconectado Nacional. Estos cortes continuarán (o volverán) mientras la red eléctrica se encuentre en riesgo de un desbalance entre oferta y demanda. Además de que estos apagones afectan a la población y a las industrias porque se quedan sin la energía eléctrica indispensable para un sinfín de actividades, la falta de gas natural provoca que muchas familias no tengan calefacción o la posibilidad de cocinar, y que muchos procesos industriales que usan calor no puedan llevarse a cabo.

Por diseño, la red texana puede soportar una demanda pico de 67 gigavatios (gw) en condiciones extremas y, aunque tiene una capacidad instalada para generar 83 gw, se estima que puede generar 69 gw en circunstancias complicadas. Para dar una idea de la escala energética, la península de Yucatán tiene una demanda regular de 1.2 gw[1]. Durante la tormenta invernal del 14 de febrero, la carga de la demanda en Texas llegó casi a los 69 gw; las bajas temperaturas causaron que algunos aerogeneradores se congelaran, lo mismo que varias líneas para el transporte de gas natural, así como diversas instalaciones que operan con carbón y reactores nucleares, forzando a salir de operación a más plantas generadoras de las que el sistema se podía permitir. ERCOT recortó la carga alrededor de la 1:25 a.m. del 15 de febrero, como se observa en la gráfica 1. De acuerdo con Dan Woodfin, uno de sus ejecutivos, la capacidad de las plantas que quedaron sin posibilidad de operar ascendió a los 45 gw, de los cuales, una tercera parte se genera con fuentes renovables y las dos restantes con fuentes térmicas (gas, carbón, nuclear).

Gráfica 1. Carga en la red eléctrica texana durante los días 14 y 15 de febrero. Gigavatios. Fuente: elaboración propia con datos de ERCOT.

El gas natural es una fuente de energía que tiene dos usos principales: en una planta generadora, donde se quema para transformar el calor en electricidad, y directamente en los centros de consumo, por ejemplo, en la estufa de una cocina o en el horno de una fábrica. En México, el uso de gas natural como fuente primaria representa 42% del total, mientras que a nivel mundial la cifra es de 24% y en los países de la OCDE su proporción es casi de 28%. En la gráfica 2 se muestra que la dependencia de México del gas natural es relativamente más elevada, con respecto del uso mundial y de países con economías más desarrolladas.

Gráfica 2. Proporción de uso de diferentes fuentes primarias de energía. Fuente: elaboración propia con datos de BP.

En México, las autoridades de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y el Cenace aún deben aclarar si la interrupción del suministro de gas natural en nuestro país se debió a la falta de gas en el norte de la frontera o si lo que faltó fue voluntad para pagar por parte de la CFE, dado que los precios se dispararon, subiendo desde tres hasta casi 400 dólares por millón de BTU.[2] De ser cierto esto último, no sería exagerado calificarlo de brutal, pues el apagón inicial redujo casi siete gw de carga (alrededor del 20% de la carga regular en invierno),[3] afectando a alrededor de 4.7 millones de personas en condiciones climáticas peligrosas, además de los daños importantes a la economía que se han dado en sectores clave, como la manufactura. Para que los responsables rindan cuentas, las decisiones técnicas o comerciales que llevaron a la falta de abastecimiento deben investigarse.


El gas natural es una fuente de energía que tiene dos usos principales: en una planta generadora, donde se quema para transformar el calor en electricidad, y directamente en los centros de consumo, por ejemplo, en la estufa de una cocina o en el horno de una fábrica.


En un contexto más amplio, el avance del cambio climático y sus efectos hacen apremiante el tránsito hacia energías menos contaminantes; este tránsito debe ser parte de todas las agendas públicas y privadas, y un tema central del debate ciudadano. En los esfuerzos por la transición energética, el gas natural[4] desempeña un papel fundamental porque, entre los hidrocarburos, se trata de un combustible de alta densidad energética y baja emisión de gases de efecto invernadero. Otra ventaja es que una planta generadora de electricidad que usa gas natural entra en operación más rápido que una de carbón.

Si el gas natural tiene tantos beneficios, y considerando el potencial petrolero del país, ¿por qué México no produce más de él? Una parte de la respuesta es que la rentabilidad de un proyecto de gas no asociado al petróleo es más baja que la de un proyecto para extraer ambos. Esta rentabilidad baja del gas mexicano se explica en buena medida porque los precios regionales se han mantenido bajos durante los últimos diez años. Después de la caída en la demanda de gas natural, ocurrida en la recesión de 2008 y 2009,  la tecnología del fracturamiento hidráulico (fracking) se consolidó en el sector petrolero y su uso en yacimientos no convencionales hizo posible una mayor producción de shale gas en los Estados Unidos (esta trayectoria se representa en la gráfica 3a). En la gráfica 3b se encuentra la evolución del promedio mensual del precio de referencia Henry Hub[5] en los últimos veinte años; lo que deseo advertir es la caída en los precios y su estabilidad en ese nivel bajo, debido al cambio en la estructura del mercado ocurrido tras el cambio tecnológico.

Gráfica 3a. Producción de shale gas en EUA. Miles de millones de pies cúbicos diarios. /  Trayectorias de producción y precios de gas natural. Fuente: elaboración propia con datos de la Agencia de Información Energética (EIA).

Gráfica 3b. Precio promedio mensual del Henry Hub. Dólares por millón de BTU. /  Trayectorias de producción y precios de gas natural. Fuente: elaboración propia con datos de la Agencia de Información Energética (EIA).

Debido a que la producción de gas natural en Estados Unidos creció más rápido que su consumo (gráfica 4a), México encontró gas disponible y precios bajos que podían sustituir a la producción nacional. Además, Pemex, después de la reforma energética, no llevó a cabo muchas asociaciones que habrían podido desplegar su potencial en campos de gas. Por si fuera poco, en el gobierno actual, las rondas de licitación se cancelaron, impidiendo que otros participantes pudieran entrar a explorar y desarrollar la geología mexicana. Así, tras la sobreexplotación de los grandes yacimientos en la primera década de este siglo, la caída en la producción de gas en México se profundizó. Todo esto explica el incremento sustancial de las importaciones de gas natural, cuya tendencia se muestra en la Gráfica 4b. Si se compara el total de las importaciones con el uso del gas natural, las primeras representan alrededor del 70% del gas disponible, pero si restamos la demanda de gas natural de Pemex, dado que ésta puede considerarse un insumo intermedio para su producción, las importaciones se elevan hasta alrededor del 90%.[6]

Gráfica 4a. Producción anual y consumo de gas natural en los EUA. Miles de millones de pies cúbicos diarios. / Tendencias de oferta y demanda de gas natural en Estados Unidos y México. Fuente: elaboración propia con datos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la EIA.

Gráfica 4b. Producción mensual e importaciones de gas natural en México. Miles de millones de pies cúbicos diarios. / Tendencias de oferta y demanda de gas natural en Estados Unidos y México. Fuente: elaboración propia con datos de la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la EIA.

Es una buena idea, en términos generales, comprar lo que un país requiere a precios más bajos; sobre todo cuando más de la mitad de la población vive en la pobreza, es deseable tener energía barata y, si es menos contaminante, mejor aún. Sin embargo, la seguridad del suministro es un elemento igual de importante. El escenario que hoy vemos en México, en el que el abastecimiento energético depende en buena medida de un combustible que se importa en una proporción alta, pudo no haber ocurrido: al pagar un precio más bajo por el gas natural, los recursos que no se gastaron debieron haberse usado, principalmente, para fortalecer la infraestructura de almacenamiento, aunque también deberían haberse destinado a la producción nacional. No lo hicieron los gobiernos previos y no lo ha hecho el actual. Al respecto, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador abandonó la licitación para el almacenamiento de gas en cavernas, puesta en curso por el Centro Nacional de Control del Gas Natural en 2018, a pesar de que la política energética estableció “la obligación de constituir un mínimo de cinco días de inventario estratégico de gas natural (45 billones [sic] de pies cúbicos) para el año 2026”. En agosto de 2019 y luego en noviembre de 2020 se anunció, desde el CENAGAS y la Secretaría de Energía, que se retomarían tales proyectos, pero a la fecha no ha sucedido.


El avance del cambio climático y sus efectos hacen apremiante el tránsito hacia energías menos contaminantes; este tránsito debe ser parte de todas las agendas públicas y privadas, y un tema central del debate ciudadano. Entre los hidrocarburos, se trata de un combustible de alta densidad energética y baja emisión de gases de efecto invernadero. 


Para incrementar la seguridad energética de México, y que ni las fábricas ni las casas se queden sin electricidad, se requieren dos cosas: aumentar la infraestructura de almacenamiento de gas natural y dar un nuevo impulso a su producción nacional. Pero la situación financiera de Pemex y sus prioridades operativas hacen que esta empresa no sea la mejor alternativa para conseguirlo. Es, entonces, necesario reactivar las licitaciones para que se aproveche el potencial gasero del país, en particular, en la cuenca de Burgos, uno de los principales depósitos de gas en México. Otra posible solución es constituir una empresa productiva del Estado distinta de Pemex, con participación privada minoritaria, que pueda acceder a capitales nacionales y extranjeros, enfocada exclusivamente a desarrollar campos con potencial para producir gas.

A diferencia de México, Texas tiene un sistema de generación eléctrica robusto y diverso. Produce enormes cantidades de gas natural y energía a partir de fuentes fósiles, y las energías renovables aportan un quinto de su generación eléctrica neta; sin embargo, su red eléctrica está aislada del resto de los estados, en un 95%, lo que hace mucho más difícil que se recupere de un episodio crítico, como hemos podido atestiguar. La lección es clara: la seguridad energética pasa por la sustentabilidad y la diversificación de los riesgos. Hay que ampliar la matriz energética para incluir a las energías renovables para que nunca dependamos de una sola fuente, y hay que mantener abierto el mercado y crear asociaciones estratégicas, evitando la dependencia negligente con Estados Unidos.

Sin embargo, el presidente y quienes están a cargo del sector energético en el país redoblan su apuesta por buscar autosuficiencia energética utilizando solo a Pemex y la CFE, mientras le cierran el paso a las inversiones privadas. Esa obcecación solo profundizará los problemas y le quitará viabilidad a las alternativas que todavía tiene el país en materia energética. Si aprovechar los precios bajos en el mercado de gas natural sin una visión de Estado, como se ha hecho durante los últimos diez años, llevó a postergar la expansión de la infraestructura y a descuidar la producción nacional, ahora, la obsesión por los monopolios de Pemex y la CFE, y por la supuesta contribución a la soberanía que hacen ambos, únicamente traerá más y más apagones[7]. ♣♣♣

#PA. GATOPARDO.

[1] Desde luego, esta demanda varía de acuerdo con la temporada del año y la hora del día. La consulta fue realizada el día 20 de febrero de 2021 a las 13:00 horas.
[2] Un BTU (british termal unit) es una unidad de energía que se usa comúnmente para expresar cantidades de gas natural.
[3] La cifra es aproximada, ver los datos del Cenace para un mejor análisis de la demanda eléctrica en México.
[4] Por gas natural me refiero a hidrocarburos ligeros, es decir, especies químicas de bajo contenido de carbón, usualmente metano y etano.
[5] Henry Hub es un ducto que se encuentra en Erath, Louisiana. Sirve como punto de entrega en contratos establecidos en la bolsa mercantil de Nueva York (NYMEX).
[6] Ver el balance de gas natural elaborado por la Comisión Nacional de Hidrocarburos.
[7] Mi agradecimiento a la Universidad de Yale y su Fox International Fellowship, por contribuir a la realización de este trabajo.