Los Bolsonaro, acechados por la corrupción

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Por Lucia Sabini Fraga

Se aproxima el aniversario del primer año de mandato del presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro; un año donde el actual mandatario no pasó desapercibido ni en sus declaraciones ni con su impronta a la hora de gobernar.

Bolsonaro asumió el primero de enero de 2018 tras ganar las elecciones presidenciales a Fernando Haddad del PT (Partido de los Trabajadores) con más de 10 puntos de diferencia en la segunda vuelta electoral, tras un escenario altamente polarizado y con el candidato de mayor intención de voto –Lula Da Silva– preso.

Con un discurso anclado en remover y depurar el Estado ante las supuestas prácticas de corrupción de la anterior gestión, el presidente Bolsonaro ganó popularidad y se mostró estricto a la hora perseguir y castigar a los responsables. Hace poco más de una semana incluso, declaró que estaba dispuesto a aplicar métodos de tortura –como el denominado pau de arara, que consiste en colgar boca abajo a una persona, previamente atada por las muñecas y los tobillos– a cualquiera de sus ministros si se los encontrase involucrados en algún caso de corrupción.  

Sin embargo, el problema le está tocando la puerta más cerca de lo esperado. El mayor de sus hijos, el senador Flavio Bolsonaro, está en la mira de una investigación por lavado de dinero y malversación de fondos públicos, formando eventualmente parte de una organización delictiva junto a Fabricio Queiroz, viejo amigo desde la década del 80 del propio Jair. La acusación refiere al manejo de “empleados fantasma” (o “ñoquis” como se le suele nombrar informalmente); una delegación de alrededor de 20 personas, entre las que se encontrarían miembros de la familia de la segunda esposa del presidente.

Según se presume, el mecanismo de desvió de los ingresos a partir de esos contratos laborales, se habría llevado a cabo durante el mandato del senador cuando fue legislador de Rio de Janeiro, entre los años 2003 y 2018. El dinero se habría utilizado para la compra de propiedades en el turístico barrio de Copacabana de esa ciudad, y para la instalación de una franquicia de tiendas de chocolate como parte de un emprendimiento privado de la familia. Queiroz, antiguo chofer y asesor de Flávio B., estaría involucrado como actor central en el manejo de la red de recaudación, y es por eso que el miércoles pasado se llevaron a cabo 24 órdenes de inspección entre domicilios y oficinas ligadas a dicho personaje. El operativo fue solicitado por la fiscalía de Río de Janeiro y autorizado por el juez Flavio Nicolau; fiscalía que hace más de un año tiene en la mira la investigación y que fue oportunamente suspendida por el presidente del Supremo Tribunal Federal, Antonio Dias Toffoli.

Luego de los allanamientos, tanto padre como hijo, salieron a defenderse de las acusaciones. Flavio Bolsonaro por su lado, aseguró ser inocente de los cargos y calificó la investigación como una venganza política de quienes quieren derrocar a su padre. Mientras que ayer viernes, el presidente salió al cruce de los medios sosteniendo la inocencia de su hijo y cuestionando el accionar de la justicia de Río de Janeiro, en particular de la fiscalía, quienes actuarían -según el mandatario- en connivencia con el gobernador de ese estado Wilson Witzel. “Han estado investigando a mi hijo desde el año pasado, y todavía no han encontrado nada. ¿Alguna vez has visto a los fiscales del estado de Río investigar a cualquier persona, cualquier corrupción, algún error, algún funcionario público del estado? Y Río es el estado más corrupto de Brasil”, preguntó molesto el mandatario al salir de su residencia en Brasilia.

En una rueda de prensa posterior, el presidente también arremetió contra un periodista que preguntó acerca del presunto lavado de dinero de su hijo, haciéndole un comentario de tinte homofóbico: “Usted tiene una terrible cara de homosexual y no es por eso que yo lo acusó de ser homosexual” fueron sus textuales palabras.

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Obsesionado con el carácter religioso de su gobierno, el presidente de Brasil  afirmó el miércoles pasado durante una actividad por Acción de Gracias de Navidad en el Palacio de Planalto – ubicado en Brasilia, capital de ese país-, que “yo puedo ser el jefe más importante de la República pero el hombre de Brasil es Jesús” ante la satisfacción de los más de 600 pastores y líderes evangélicos que lo escucharon atentamente.

Pese a sus intentos, el primer año de gestión viene acompañado con una baja de la popularidad del presidente: según una encuesta publicada por el Instituto Ibope divulgado el día de ayer, el gobierno es considerado “pésimo” por un 38 % de los brasileños, mientras que un 31 % lo califica de regular y sólo un 29 % aprueba su gestión. La percepción de todos modos, se modifica según el origen de los consultados; la encuesta por ejemplo también incluyó un sector únicamente empresarial, dentro de quienes el 65 % confían en el gobierno y un 64 % aprueba la gestión del mandatario; expectantes por la activación del modelo de desarrollo económico de corte liberal que rige actualmente en el país. ♣♣♣

#PA.

Sábado 21 de diciembre 2019.
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