La contrarrevolución en Cuba llega de la mano de los artistas

La contrarrevolución en Cuba llega de la mano de los artistas

Por Federico García

La noche del 27 de noviembre pasado, agentes de la Seguridad del Estado de Cuba ingresaron disfrazados de médicos a una vieja casona del barrio San Isidro, uno de los más humildes de La Habana. Fueron seguidos por efectivos de la policía, quienes irrumpieron por la fuerza y se llevaron detenidas a unas quince personas.

Los apresados en realidad formaban parte del Movimiento San Isidro (MSI), un grupo de artistas, académicos e intelectuales que se encontraban realizando una huelga de hambre en protesta por la liberación del rapero Daniel Solís, a quien la Revolución presidida por Miguel Díaz-Canel detuvo y condenó a ocho meses de prisión por “desacato”.

La ofensiva mediática fue inmediata. El diario Granma, órgano de difusión oficial, publicó versiones de que Solís tenía “vínculos con terroristas” en Florida, tildó la huelga de hambre de “show orquestado desde Estados Unidos” y aseguró que el desalojo fue una medida de seguridad para evitar la propagación del Covid-19.

Al día siguiente, los miembros restantes del movimiento se congregaron frente a la sede del Ministerio de Cultura para pedir que la policía diera a conocer el paradero de sus compañeros y los soltara. A ellos fueron uniéndose lentamente reconocidas figuras del ambiente cultural cubano. Tanto que, con más de 300 manifestantes, la protesta fue catalogada como una de las más grandes en los últimos 60 años en la isla.

Así, lo que comenzó siendo una sentada se convirtió en pocas horas en la exigencia de más libertad de expresión que terminó con la liberación de los detenidos tras varias horas y el compromiso por parte de las autoridades de abrir una mesa de diálogo con el Movimiento San Isidro, formado en su mayoría por jóvenes.

No obstante el compromiso público, el presidente Díaz Canel atacó duramente las actividades del grupo y no dudó en vincularlo con intenciones ocultas por parte de Washington: “Cuba soberana no acepta injerencias. Algunos se empeñan en protagonizar shows mediáticos contra la Revolución, envenenando y mintiendo en las redes. El pueblo revolucionario cubano dará el combate“, escribió en Twitter.

Un día después, el ministerio anunció la ruptura de las conversaciones porque, según indicó el ministro Alpidio Alonso, desde el movimiento buscaban incluir a participantes que, “bajo el disfraz de arte”, agredieron símbolos patrios cubanos. Se referían específicamente al artista Luis Manuel Otero Alcántara, fundador del espacio y quien el año pasado realizó una performance en la que vistió una bandera cubana durante un mes.

“El ministro de Cultura no se reunirá con personas que tienen contacto directo y reciben financiamiento, apoyo logístico y respaldo propagandístico del Gobierno de los Estados Unidos y sus funcionarios. Tampoco lo hará con medios de prensa financiados por agencias federales estadounidenses”, atacó duramente Alonso.

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Arte y política

Movimiento San Isidro fue creado en 2018 por Otero Alcántara luego de que el gobierno aprobara el Decreto 349, que regula la expresión cultural en la isla. Artistas, intelectuales, periodistas y académicos comenzaron a organizarse para oponerse a la puesta en marcha de la medida, la cual entendieron como una forma de limitar las manifestaciones populares.

A partir de ese quiebre, comenzaron a realizar una serie de controvertidas intervenciones con una estética irreverente y contestataria que mezcla el arte y el activismo político, que llevó a que algunos de sus miembros fueran perseguidos y encarcelados.

No somos enemigos sino cubanos que pensamos distinto y soñamos una Cuba mejor que legar a nuestros hijos, con todos y para el bien de todos. Apostamos por un diálogo de reconciliación que pueda saldar nuestras diferencias”, dijeron en un manifiesto difundido en las redes sociales —su principal vía comunicativa—, las mismas que el gobierno cortó en toda la isla la noche del desalojo de los manifestantes.

Entre quienes se declararon en huelga de hambre el pasado noviembre están el bioquímico Óscar Casanella, antiguo profesor de la Universidad de La Habana y los periodistas Iliana Hernández y Esteban Rodríguez. Días más tarde, se sumó a ellos la poeta Katherine Bisquet. A partir de esa decisión, agentes de las fuerzas de seguridad intensificaron los controles en la calle en la que está ubicada la sede del colectivo e incluso puso guardias policiales frente a sus domicilios.

El movimiento nace como “una iniciativa compuesta por artistas, activistas, periodistas, intelectuales y todo aquel que se sienta parte del fenómeno de lo independiente, unido para promover, proteger y defender la plena libertad de expresión, asociación, creación y difusión del arte y la cultura en Cuba, empoderando a la sociedad hacia un futuro con valores democráticos”.

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Contrarrevolución

El caso de Daniel Solís le dio trascendencia internacional al MSI, que aprovechó la repercusión en medios internacionales como The Washington Post, DW o Al Jazeeray para fogonear protestas en varias ciudades de Europa, América Latina y Estados Unidos.

Eso provocó que el Parlamento Europeo y organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights Watch pidieran a las autoridades de Cuba la liberación del rapero.

Pero también se dio una reacción hacia el interior. La artista visual Camila Lobón lo resumió como “una situación excepcional porque se ha generado, como nunca antes, una reconstrucción del sentir de la comunidad intelectual como comunidad ciudadana. Es un cambio: cada vez más artistas se están comprometiendo con la realidad que están viviendo. Y la población ha visibilizado que hay una discusión”.

El MSI sostiene que la contracampaña que alude al injerencismo imperial norteamericano es un signo de debilidad por parte del régimen, que ante la crisis económica imperante, teme por un estallido social, el cual -aseguran- no vendrán de parte de los artistas, “que disienten pacíficamente”.

Los artistas además sostienen que la Revolución ya avizora su final y que su sobreactuación se debe a que, más allá del Movimiento San Isidro, numerosos jóvenes comienzan a manifestarse por el bienestar animal, el cuidado del ambiente o en contra de los femicidios: “No obedecen a liderazgos políticos, sino que reclaman derechos”.     ♣♣♣

#PA.