Cuba: entre conmemoraciones y recambios

Cuba: entre conmemoraciones y recambios

Por Lucía Sabini Fraga


En la pacífica isla de Cuba, se dio lugar estos últimos días a un importante hecho político: los Castro Ruz dejaron de comandar la política caribeña, al menos ser las figuras principales dentro de las estructuras estatales o partidarias. Raúl Castro, quien legó el poder del ejecutivo al actual presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel (de 60 años) en abril del 2018, había sin embargo mantenido el lugar de primer secretario del Partido Comunista de Cuba; partido único desde el cual se orienta y se organiza la política nacional.

La renuncia de Raúl Castro (de 89 años) a la secretaría del PCC, lugar ahora otorgado al actual presidente Díaz-Canel, cierra así una nueva etapa de la Revolución Cubana, que marcó a fuego el continente entero. Fidel Castro gobernó la isla 49 años, desde el inicio de la Revolución el 1 de enero de 1959, hasta febrero de 2008, cuando asumió su hermano menor; quién de todos modos, hacía dos años había comenzado a cumplir interinamente ciertas tareas. Raúl estuvo oficialmente 10 años al mando del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros -que es en los hechos, la presidencia- y otros exactos diez como primer secretario del partido; lugar que asumió en abril del 2011, cuando fue también nombrado por Fidel al retirarse.

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VIII Congreso

El octavo congreso del Partido Comunista (PCC) comenzó el viernes 16 de abril y se desarrolló por cuatro días. El denominado “congreso de la continuidad” arrancó en La Habana y finalizó en Bahía de Cochinos, costa sureña de la isla a unos 165 kilómetros de la capital, para darle un giro emotivo y recordar una fecha clave para el calendario revolucionario.

Alrededor de 300 delegados de todo el país se reunieron en la máxima instancia del partido cuya periodicidad es cada 5 años -desde 1975- y donde se definen los documentos finales que establecen las pautas políticas y económicas del país. Cada provincia realiza previamente los debates cuyas conclusiones son llevadas por los delegados al Congreso. La designación de Díaz Canel al frente del partido se terminó de confirmar bajo la elección del nuevo Comité Central (de 114 miembros) y su buró político, de 14, que es el último eslabón desde el cual se nombra al primer y segundo secretario.

Desde su Twitter oficial, el ahora máximo dirigente Díaz-Canel pregonó: “19 de Abril, día histórico en que culmina el histórico 8vo Congreso del PCC. La Generación del Centenario, fundadora y guía del Partido, traspasa responsabilidades. #SomosCuba #SomosContinuidad”.

Raúl Castro no solo se retiró este fin de semana de la dirección del partido, sino de cualquier lugar dentro de su estructura, aunque el presidente aseguró que lo valorará como “consultor” para aquella “decisiones estratégicas del futuro de la nación”. En su discurso final, Castro dejó entrever varios apuntes sobre el futuro de la isla y las relaciones internacionales con EE.UU, ante el cambio de gobierno y la vuelta de los demócratas a la Casa Blanca. “Ratifico desde este congreso del Partido la voluntad de desarrollar un diálogo respetuoso y edificar un nuevo tipo de relación con los Estados Unidos”, sin renunciar “a los principios de la revolución y el socialismo”, sostuvo Raúl, quién fue protagonista de los primeros pasos hacia un “descongelamiento” de las relaciones con el entonces presidente Barack Obama.

En los 90’, con la caída del régimen soviético, el recrudecimiento de las medidas contra Cuba hizo muy difícil la vida en la isla (el famoso “período especial”); en contraste con la llegada de la oleada progresista a nivel regional que logró establecer nuevos mercados y socios. A su vez, durante la gestión de Obama se lograron importantes relajamientos que fueron nuevamente revertidos apenas asumió Donald Trump en 2017.

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Un recuerdo de Playa Girón

“Que escriban pues la historia, su historia los hombres del Playa girón” escribió y cantó el músico cubano Silvio Rodríguez en 1975. El VIII Congreso tuvo como marco recordatorio el aniversario de los 60 años de Playa Girón, uno de los eventos más trascendentales en la historia de la Revolución. Durante la madrugada del 17 de abril de 1961 se llevó adelante el desembarco de 1.500 cubanos exiliados, que -entrenados por la CIA y con el apoyo logístico, político y monetario de EE.UU- intentaban realizar un levantamiento al gobierno de Fidel Castro. El día anterior, 8 aviones A-26 con bandera cubana (pintadas, simulando ser nacionales) habían bombardeado tres puntos militares y ya se preveía algún tipo de enfrentamiento en la isla. La operación en Bahía de los Cochinos (por eso también se la recuerda con ese nombre) fue un fracaso y la corta invasión no prosperó. En menos de tres días, los invasores se rindieron o fueron capturados: se calcularon más de 100 muertos en todo el proceso, mientras que 1189 atacantes fueron puestos a disposición de la justicia cubana.

Para el gobierno norteamericano, dirigido en aquel entonces por el demócrata John F. Kennedy -y aunque intentaron no quedar expuestos en la aventura frustrada- la jugada tuvo el peor resultado posible. No solo se frustró militarmente, sino que asentó la política del nuevo gobierno cubano (que llevaba apenas dos años) y le dio sustento para una reafirmación socialista del proceso. En su intervención por aquellos días el ya fallecido Fidel Castro, afirmó: “Eso es lo que no pueden perdonarnos: que hayamos hecho una Revolución socialista en las propias narices de Estados Unidos“. Por otro lado, el gobierno cubano se encolumnó -luego de esta intromisión- bajo la órbita de la URSS y el bloque socialista, actitud que hasta este momento era más cauta. En plena guerra fría, la URSS había logrado colocar una ficha en el tablero geopolítico de la época, muy cerca de su máximo oponente.

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Los debates que preocupan en la isla

Luego de 62 años de un sistema a contrapelo del mundo capitalista, el resultado ha sido interesante desde varias ópticas. Uno de los ejes más reconocidos a nivel mundial del desarrollo cubano ha sido en el área de la Salud; sin ir más lejos, la única vacuna de 100% producción estatal y de origen latinoamericano proviene de la isla más grande del Caribe. “Soberana 2” (nombre de la vacuna, que invita a problematizar -al menos- la dependencia de los países a los laboratorios multinacionales) se encuentra en la fase 3 de ensayos clínicos de acuerdo con BioCubaFarma, el instituto que la está produciendo.

La única vacuna de producción concebida y producida en tierras latinoamericanas no es un milagro: en realidad Cuba ha desarrolla un notable avance científico y experiencia en la producción de vacunas en los últimos 30 años, como fue el caso de la vacuna antimeningocócica y en contra de la hepatitis B. Tanto la vacuna Soberana 2, como la Abdala (la segunda vacuna de origen cubano) ya son codiciadas por muchos: Argentina se sumó a la lista de países que adquirirán este insumo, una vez aprobada su eficacia, lo que se estima recién para mayo.

Pero no todo es vacunas y Cuba padece otras complicaciones en su vida cotidiana. Al ya existente embargo comercial, económico y financiero (llamado más comúnmente como “bloqueo”) que sufre la isla hace 60 años por parte de EE.UU -que a su vez, exige a gran parte del mundo comportarse de igual modo-, se le sumó la crisis mundial del COVID-19. Durante la pandemia, sus ingresos debido a las restricciones turísticas en todo el mundo se vieron severamente afectados y el Producto Bruto Interno (PBI) del país cayó durante 2020 entre un 8.5% y un 11%.

Durante el Congreso del Partido el pasado fin de semana, se rondaron algunos de los ejes más problemáticos del momento: la respuesta estatal a la pandemia, la profundización de las reformas económicas, y el impacto del mayor acceso a Internet; una de las discusiones que en los últimos años han surcado la isla y que ha generado protestas y descontentos en parte de la población. “El Partido ha incluido en su sistema de trabajo el seguimiento y enfrentamiento a la subversión político-ideológica que tiene en internet y las redes sociales un escenario permanente de confrontación con el enemigo”, indicó el PCC.

Los enemigos de la Revolución aplican conceptos de guerra no convencional y tratan de colarse por el flanco de la sensibilidad, la cultura y el pensamiento”, sostuvo el actual presidente justamente en relación con el uso de la herramienta digital. “No vamos a permitir que los activistas del caos y el desacato mancillen a la bandera e insulten a las autoridades. Advertimos al lumpen mercenario que la paciencia de este pueblo tiene límites”, sentenció Miguel Díaz-Canel ante las manifestaciones que han surgido durante los últimos meses, tanto en las calles como por redes sociales. Evidentemente, se anida allí uno de los mayores desafíos del proceso político actual y las limitaciones o restricciones no parecen ser la solución más acorde a los tiempos que corren.

También si debatió la formación de nuevos cuadros políticos; es sabido que las nuevas generaciones tienen una relación completamente distinta con los procesos sociales y políticos que vivió la isla en sus primeros tiempos revolucionarios. Hoy día, la despolitización, la falta de perspectivas y el desencanto hacen mella en gran parte de la juventud cubana; y el sistema político pareciera no poder incorporar con rapidez y agilidad esos debates. Esta época es vivida como una nueva crisis y de las peores; bien lo describe Alcides García, uno de los integrantes del Centro Memorial Martin Luther King, espacio de referencia y militancia reconocida dentro y fuera de la isla: “Son los años más críticos después del período especial de los ´90. Todavía la mayoría de la población sigue respaldando el proceso, pero habrá que ver cómo se logra surfear todo un acumulado de cosas sin resolver, por lo tanto, es un gran desafío asumir el cambio generacional en medio de este mar de problemas” dispara García. Evidentemente, la crisis está en todos los planos y se requiere más audacia política que nunca para no fracasar: porque más que nunca “revolución es sentido del momento histórico”. ♣♣♣

#PA.