Chile y Ecuador: Cuando la pandemia es utilizada para el ajuste

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Por Lucía Sabini Fraga

Mientras que en Chile vecinos de un barrio de Santiago salieron a manifestarse por la falta de alimentos y fueron reprimidos una vez más por los carabineros; en Ecuador cientos de manifestantes protestaron contra un paquete de flexibilización laboral denominado “Ley Humanitaria”. Ambos gobiernos transitan un sinuoso camino de aumento de la bronca popular. ¿Hasta dónde funciona el Coronavirus como explicación para todo?

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Chile parece el reino del revés: el gobierno de Sebastián Piñera decretó este sábado 16 la cuarentena total para toda la Región Metropolitana de Santiago, luego de un estado de sitio (llamado de excepción) puesto en funcionamiento desde mediados de marzo, y del fallido método de “cuarentenas focalizadas” durante el mes de abril. Con el estallido de casos de las últimas semanas, Chile se posicionó como uno de los peores escenarios de la región y el cambio de estrategia pareció inevitable. Con 19 millones de habitantes (la mitad que Argentina) presentaba, hasta este martes, ya más de 49.000 infectados y una suba de fallecidos que asusta: 509 totales, con un registro en las últimas 24 horas de 31 muertos, número que viene superándose día a día.

La semana arrancó caliente. Recién en la noche del lunes el presidente Sebastián Piñera presentó detalles del programa “Alimentos para Chile”, que busca aliviar las necesidades de 2,5 millones de hogares a lo largo de todo el país. Los bolsones serán entregados de manera directa casa por casa y contendrán alimentos no perecederos y elementos de limpieza: “Quiero pedirles a las familias vulnerables y de clase media chilenas comprensión y tranquilidad. Comprensión, porque el proceso de preparación y distribución de estas canastas de alimentos, que nunca antes se había hecho en Chile en estas magnitudes, exige un gran esfuerzo de organización y logística y requiere algún tiempo para su implementación”, dijo Piñera. Nunca fue quizás tan palpable la falta de aquellas cadenas solidarias de distribución de alimentos organizadas por vecinos y las propias comunidades, que se gestaron en contraposición a los sabotajes económicos de principios de los 70 en los intentos por derrocar a Salvador Allende; experiencias todas aplastadas durante la dictadura pinochetista.  

Pero la ayuda llega tarde y la previsión no parece ser el fuerte del gobierno con más baja imagen positiva de los últimos 30 años; porque durante la tarde del lunes, los vecinos de El Bosque –barrio humilde al sur de la capital– realizaron protestas ante la falta de alimentos y de respuestas estatales para resolver el abastecimiento. Las quejas fueron rápidamente reprimidas por las fuerzas de Carabineros que utilizaron gases lacrimógenos y el carro lanza aguas para dispersarlos. El enojo popular se tradujo en algunos enfrentamientos y el armado de barricadas, dando como saldo al menos 22 detenciones. A la noche, se produjeron cacerolazos desde los edificios de Santiago mientras irrupciones artísticas formaron parte del escenario de protesta contra la tardía y desorientada acción gubernamental: en la torre de Telefónica por ejemplo, se proyectó en tamaño gigante la palabra “hambre”. 

“Chile tampoco estaba preparado. Tenemos que ser humildes en reconocerlo”, confesó el primer mandatario en una cadena nacional televisiva la noche del domingo. Una mirada más realista, que se contrapone con la confiada expresión de “estamos más preparados que Italia” que mantuvo Piñera los primeros tiempos de contagio del COVID-19 durante el mes de marzo. En el anuncio presidencial, destacó cinco medidas económicas; entre ellas la ya citada “Alimentos para Chile”, un Fondo con Garantía del Estado y una Red de Instituciones Financieras no Bancarias, aunque tampoco se detallaron mucho las iniciativas. 

La preocupación va en alza: como anticipaban las voces críticas, pero también médicas del país vecino, el problema del aumento de casos pone de manifiesto la fragilidad sanitaria: la ocupación hospitalaria a nivel nacional ya se ubica en torno al 81% y en Santiago ronda el 93% -al borde del colapso- según informa la agencia EFE

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Ecuador no pasa tampoco por –lo que se dice– un buen momento. El gobierno de Lenin Moreno parece haber decidido que el contexto de la pandemia, la emergencia sanitaria y el enfriamiento económico eran un buen momento para volver aún más frágiles las condiciones de vida de la población. Con el rimbombante nombre de “Ley Humanitaria”, el parlamento accedió a votar el viernes pasado un paquete de leyes a la medida de las grandes empresas. 

La pandemia como justificativo no alcanzó a bajar los humos de los sindicatos que marcharon el lunes por la ciudad de Quito, en protesta de las nuevas leyes de flexibilización laboral que incluyen: recorte de salarios de hasta un 55%, reducción de jornadas de trabajo, contratos de emergencia de hasta 4 años (los cuales pueden dejar de renovarse sin derecho a una indemnización) y hasta los periodos de vacaciones definidas por el empleador. El objetivo de la protesta era generar presión en el ejecutivo para que no promulgue el paquete humanitario, aunque el presidente ya había dado previamente el visto bueno de la medida. 

Si bien las columnas de trabajadores movilizados no fueron masivas (se calcula alrededor de 400 personas) el clima político y social dista de sellar la tensión vivida el año pasado en las calles, tras los acuerdos del presidente Moreno y el FMI. Justamente, otra de las polémicas leyes votadas la semana pasada en medio de la pandemia (y por recomendación del Fondo Monetario Internacional) fue una reducción del gasto público denominada Ley de Finanzas, que puntualiza recortes en las áreas de Salud y Educación: un timing político pocas veces visto. El recorte del gasto público superaría la cifra de 4.000 millones de dólares e incluye reducciones salariales para los trabajadores del Estado. 

Por su parte, el gobierno intenta una apertura ordenada con una escala de tipo “semáforo”: este lunes se plegaron más regiones al color amarillo y dejaron atrás el estricto rojo. En la práctica, esto significa ampliar la actividad comercial, abrir el tránsito de automóviles según número de patente y un horario de toque de queda más reducido (que se acorta desde las 21 horas hasta las 5 de la madrugada). Pero mientras el país está dividido por colores, los hospitales se saturan y los números no anuncian todavía el ansiado descanso. Con un total de 34.151 contagiados y 2.839 fallecidos (las peores cifras detrás de Brasil, Perú y Chile) la ciudad de Guayaquil sigue siendo el epicentro de la pandemia con un casi 40% de los infectados del país. De todos modos, las autoridades gubernamentales confían en que después de la crisis sanitaria del último mes y medio la curva de contagio se aplanará; lo que permita continuar abriendo actividades laborales para enfrentar el agujero económico. 

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En esta cancha, los pingos se ven como nunca: el presidente de Ecuador aprovechó el contexto para seguir profundizando la política económica de corte neoliberal que mascullaba desde mucho antes de la pandemia. Y aunque Piñera reconoció que no es momento de volver a la normalidad y que el país no estaba preparado para este escenario; no parece escuchar a una sociedad que sigue gritándole en la cara, que las desigualdades no se cambian con más palos, sino dándoles más a los que menos tienen.    ♣♣♣

#PA.

Miércoles 20 de mayo de 2020.
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