Bolsonaro y una matanza organizada

Bolsonaro y una matanza organizada

Por Florencia Guerrero


La muerte de un hombre importante en la comunidad aborigen brasilera, despertó nuevas criticas a la política de abandono sobre las comunidades que habitan el Amazonas. Miles de muertos en los pueblos originarios, intereses económicos y sálvese quién pueda por la falta de vacunas.

Tenía entre 86 y 90 años y era el último indígena de la casta brasileña de los Juma, pero el miércoles pasado Aruká Juma corrió la surte de miles en tierras de Jair Bolsonaro, y murió victima de la pandemia del Coronavirus.

Había sido internado en un hospital de la amazónica Porto Velho, estaba a casi dos horas de su aldea. Ese día, en el país vecino fallecieron 1.150 en una de las catástrofes más grandes que esté viviendo es población desprovista de un plan de vacunación, y en manos de un gobierno que apostó a la teoría de la inmunidad del rebaño y ya puede darse el lujo de contabilizar casi 250 mil muertos, 1300 de ellos indígenas.

Al cierre de esta edición, los referentes de la ONG Kanindé en la zona confirmaron a #PuenteAereo que Aruká era el último varón de su pueblo. Protector de los saberes de sus ancestros y sobreviviente junto a otros seis jumas de una matanza para exterminarlos, que resistieron hasta aquí. Todavía el Amazonas recuerda aquella brutal masacre financiada por el comercio ilegal de caucho, cazándolos como si fueran animales. El plan de Bolsonaro parece más dañino que cualquier otro frente organizado.

Además de los muertos, Brasil informó hasta el cierre de esta nota casi diez millones de contagios que atacaron especialmente a las zonas más vulnerables. Falta de oxígeno y hospitales colapsados parecen el corolario inconfundible para un gobierno que mostró desprecio ante la acción preventiva y llamó a salir, en plena crisis mundial.

Desde Kanindé no ocultan el descontento y responsabilizan a la gestión de Bolsonaro por las pérdidas aborígenes “el Gobierno brasileño se comportó con un grado de omisión criminal y de manera incompetente. El Gobierno lo asesinó”, describió la organización cuyo trabajo con las culturas locales se remonta a principios de los ochenta, en un comunicado. Es que desde su asunción el mandatario ha trabajado esforzadamente por abrir los territorios de Amazonas para la explotación privada, sin valorar los derechos originarios.

Fue justo allí, en el epicentro verde más importante de la región y la mayor reserva tropical del planeta, que la pandemia corrió como pes en el agua y sin ningún mecanismo preventivo.

Otra de las denuncias en el caso de Aruká se centra enn que el líder fue internado en enero, intubado y recibió lo que el Ministerio de Salud denomina tratamiento precoz, con cloroquina, sin ninguna garantía médica.

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En suspenso

Mientras el numero de muertes aumenta, esta semana el gobierno comenzó a suspender el proceso de vacunación, que a priori parecía poco claro. En simultaneo, varias ciudades brasileñas dejaron de aplicar la vacuna contra el coronavirus porque se quedaron sin dosis.

Para entender el polvorín en el que está parada la sociedad brasilera, sirve explicar que según los datos emitidos por el Ministerio de Salud, esa nación registró 51.879 nuevos casos de coronavirus en las últimas 24 horas. Con esos números a cuestas, Brasil es el tercer país del mundo con más contagios confirmados, y hace un mes enfrenta los momentos más críticos en medio de la segunda ola del brote. Así y todo, las autoridades sanitarias confirmaron que solo pusieron vacunar al 2% de la población, mientras que crece la polémica por “inmunización apócrifa” en varias zonas del país, donde se habría inyectado a la población, agua y aire.

De hecho, la policía de Río de Janeiro investiga la presunta aplicación de vacunas que no contenían ninguna dosis. Según la fuerza civil, que investiga el hecho, un grupo de ancianos fueron víctimas de simulación. Confiaron en que estaban siendo vacunados pero en realidad eran protagonistas involuntarios de una puesta en escena, recibían el pinchazo pero o bien se trataba de jeringas vacías o directamente la enfermera a cargo de la aplicación nunca empujaba el émbolo.

Para profundizar el descontento, Bolsonaro prometió la distribución de 230,7 millones de dosis hasta julio de 2021, pero el Ministerio de Salud de su gestión anunció que de las 9,7 millones de dosis que debía recibir hasta febrero, el Instituto Butantan solamente adquirió el 30 %. No dan los números y aparentemente nadie quiere ser responsable del final anunciado.

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Vacunagate para todes

Primero en Perú, después en Argentina, el escándalo por el uso indebido de las vacunas financiadas por los estados estalló en la cara de cada gobierno. En ese contexto, Brasil pidió este viernes 30 millones de dosis extra de la vacuna que produce el Instituto Butantan de San Pablo, con insumos del laboratorio chino Sinovac.

Mientras, ayer por la tarde extensas caravanas volvieron a las calles de las principales ciudades para pedir que el presidente sea sometido a un juicio político, cuyo último fin sería la destitución por su cuestionada gestión frente a la pandemia de la covid-19. Mientras, según las encuestas, la imagen de Bolsonaro cae con la fuerza de una bolsa de arena, con un 42% de desaprobación sobre su gestión.

Con todas estas cosas en contra, el presidente de Brasil eligió bajar el perfil, ya no ataca a los mandatarios de países vecinos y ejercita el equilibrio forzado en su terruño, donde deberá trabajar duro para revertir una imagen que solito gestionó en terrenos del exabrupto y que hoy le pasa factura. ♣♣♣

#PA.