Saín y la guerra narco en Rosario

Saín y la guerra narco en Rosario

Por Fernando Oz


El ministro de Seguridad de Santa Fe se encuentra librando una guerra contra el crimen organizado. Un poder oculto lanza una campaña para desestabilizar su gestión y desplazarlo. Quiénes están al frente de los 90 espartanos que causan terror entre los narcos y los sectores corruptos de la policía.

En lo que va del año la guerra entre bandas por el control del narcomenudeo en Rosario lleva 40 crímenes violentos, entre los que se encuentra un bebé de un año y medio que fue acribillado junto a sus padres. El último asesinato, el miércoles pasado, fue el de Martín Sebastián Bertón, que recibió una treintena de disparos en la puerta de la casa de su madre, Mónica Cabrera, la secretaria general del Partido Justicialista de Villa Gobernador Gálvez.

Pero detrás de lo que algunos medios de comunicación muestran como un escenario similar a lo que fue la ciudad colombiana de Medellín a principios de los 90, se esconde la conexión entre sectores políticos, judiciales, policiales y empresariales que buscan desplazar de su cargo al ministro de Seguridad de Santa Fe, Marcelo Saín.

Mientras todas las miradas se posan sobre la descontrolada guerra de las bandas rosarinas, manejadas desde las cárceles donde se encuentran purgando condenas sus líderes, nadie habla de los permeables 849 kilómetros de la hidrovía Paraná–Paraguay que pasa por Santa Fe, en donde se encuentran los puertos de Santa Fe, Rosario, San Lorenzo, San Martín, Reconquista y Villa Constitución.

Los especialistas creen que el negocio de la cocaína en Rosario mueve unos 70 millones de dólares anuales. Pero el valor de la droga que pasa por los puertos santafesinos sería mucho mayor.

Saín se topó contra las redes que protegen el crimen organizado en Santa Fe desde que asumió en 2019 al frente del Organismo de Investigaciones del Ministerio Público de la Acusación. Desde aquel cargo, no sólo se enfrentó contra las bandas que se dedican al narcomenudeo, también dejó al descubierto la convivencia entre sectores de la policía provincial y del Poder Judicial, especialmente el Federal.

Aquel enfrentamiento forma parte de la raíz de la guerra narco que se desató desde que en diciembre el gobernador Omar Perotti nombró a Saín como ministro de Seguridad.

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¿Anarquía provocada?

Durante la reunión del Consejo de Seguridad Interior que se realizó en Tucumán el 13 de febrero último, Saín criticó a la Justicia Federal de Rosario por hacerse “la tonta históricamente” ante las investigaciones en materia de narcotráfico. Y, fiel a su estilo, dijo lo que pocos ministros a cargo de la seguridad de las provincias se atreven a decir: “Esa distinción entre lo provincial y lo federal es una falacia, una gran forma de sacarnos la responsabilidad que nos toca a las provincias. Gran parte de esos mercados se regentean a partir de la protección de la propia policía provincial”.

También recordó que en Santa Fe “en toda la desarticulación de la primera y segunda línea cayeron también altos jefes policiales” y apuntó a “algunos jueces y fiscales, y también de la política” que hacen “la vista gorda”.

Días atrás, en diálogo con radio Metro, Saín dijo que “las grandes organizaciones que antes organizaban el negocio y lo ordenaban de alguna manera, hoy tienen sus primeras y segundas líneas en la cárcel, desde donde manejan parte del negocio, con la dificultad de estar encerrados. Muchos de los eventos violentos son protagonizados por terceras y cuartas líneas”.

El ministro no es un Boy Scouts en materia de seguridad. Entre 2002 y 2003, siendo subsecretario de Planificación del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, tuvo que lidiar con una purga en la policía bonaerense. Fue el creador e interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria y director de la Escuela Nacional de Inteligencia durante el último periodo de la segunda presidencia de Cristina Fernández de Kirchner. Además, es licenciado en Ciencia Política y doctor en Ciencias Sociales.

Saín sabe que la anarquía que reina entre las células del narcomenudeo y los soldaditos de Rosario, terminan siendo funcional a un sistema que arrastra mucho tiempo. Lo que sucede en La Granada, Las Flores, Tablada, Fonavi, Bella Vista y otros barrios rosarinos, es la parte más visible de un complejo entamado. También sabe que los grandes negocios de las organizaciones criminales pasan por otro lado y que la economía formal, en gran medida, se sustenta de la economía informal y delictiva.

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Los 90 espartanos de Saín

Separar las manzanas podridas que se encuentran camufladas en la Policía de la provincia es solo una de las partes de la estrategia de Saín en su guerra contra el crimen organizado. Y una de las piezas fundamentales del engranaje que puso en acción son las Tropas de Operaciones Especiales (TOE).

Se trata de un equipo de elite de la policía de Santa Fe creado en mayo de 1990. Para su armado se utilizaron reglamentos y técnicas del FBI y del grupo SWAT de Estados Unidos, y de fuerzas especiales de otros países. Incluso muchos de sus miembros fueron entrenados en el exterior.

Pero la policía santafesina y el poder político nunca les dieron cabida. El rol que siempre tuvieron fue secundario: La custodia de mandatarios o embajadores de otros países en visitas protocolares, allanamientos, tomas de rehenes, y diversos operativos. Es decir, entrar y salir de escenarios complejos, pero nada que tenga que ver con investigaciones.

Nunca nadie quiso que las TOE metan sus narices en investigaciones de narcotráfico y mucho menos que sus miembros ocupen cargos relevantes dentro de la fuerza. Sucede que los integrantes de las tropas de elite siempre fueron vistas como una suerte de Rambos, como sapos de otro pozo.

En una fuerza policial manchada por la corrupción y vínculos con el narcotráfico, las TOE se hicieron fama de incorruptibles y todas las veces que tuvieron que participar en un operativo contra el narcotráfico, el resultado fue exitoso. Cuando Saín comandó el Organismo de Investigaciones del Ministerio Público de la Acusación, se vinculó con las tropas especiales y se apoyó en ellas.

Ahora, como ministro de Seguridad, Saín colocó a los miembros de las TOE en la cúpula policial. El primer paso fue reincorporar a Víctor José Sarnaglia y ponerlo al frente de la policía de Santa Fe. Se trata de un comisario general retirado que fue subinterventor de la policía de Rosario en 2001 y director de la Escuela de cadetes.

Pero lo que más le interesó a Saín cuando evaluó su foja de servicio, fue el paso de Sarnaglia como instructor y creador de las Tropa de Operaciones Especiales, además se adiestró en la Policía Federal y luego fue formado en Estados Unidos, Francia e Israel. Para las TOE “el viejo jefe sigue siendo propia tropa”.

Otro de los cambios que realizó Sain fue convertir a la dirección de la Policía de Investigaciones en la Agencia de Investigación Criminal. La nueva agencia está liderada por Maximiliano Bertolotti, un oficial que hasta hace unos meses se encontraba al frente de las Tropas de Operaciones Especiales.

El trípode del nuevo esquema de seguridad que diseñó el ex interventor de la PSA para enfrentar al crimen organizado se completa con la creación de la Agencia de Control Policial, lo que antes se denominaba como Asuntos Internos. Ahora la encargada de investigar el accionar de sus pares es la oficial Mariana Olivieri.

¿Qué tiene Olivieri de especial? Ella también es una TOE. Su último destino fue como jefa de la División de Investigaciones Criminales y Judiciales de las Tropas de Operaciones Especiales.

Las TOE quedaron al mando del subcomisario Ariel Angelucci, le dicen El Tano, dirige los operativos en persona, y por la noche se pone al frente del patrullaje de su tropa de elite.

Hoy las TOE están integradas por no más de 90 uniformados y se mueven por toda la provincia. Su base central se encuentra en Rosario y tienen otra más pequeña en la capital provincial.

El adiestramiento de la policía también es parte del Plan Saín. Por eso las Tropas de Operaciones Especiales se encuentran capacitando a la Policía de Acción Táctica, un grupo especial que tiene mayor entrenamiento que los agentes de calle, pero mucho menor que el temerario grupo de elite.

Hoy, en Santa Fe, las TOE manejan la fuerza, y no sólo son el temor de los narcos, sino que también de la propia policía. Algunos observadores de la guerra que se desató en los barrios de Rosario creen que hay una interna en la fuerza, habría comisarios no estarían muy contentos con la participación estelar de los 90 espartanos del “Turco” Saín.    ♣♣♣

#PA.

Domingo 23 de febrero de 2020.