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Passalacqua se va, pero no descarta volver

Por Fernando Oz


Inauguró la realpolitik en la Tierra Sin Mal, atravesó la crisis económica, y buscó mostrar la cara humana de la moneda política. Su relación con el gobierno de Mauricio Macri, su campaña por la boleta corta, sus errores, sus dolores, y su futuro. Una entrevista de fin de ciclo.

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“No está fácil la cosa…y no está fácil mismo”, seguramente esa fue la frase que más repitió el gobernador Hugo Passalacqua a lo largo de su gestión. Ese era el mensaje que dejaba en cada pueblo, en cada reunión, en cada acto público, pero también inyectaba la dosis necesaria de esperanza para que todos sigan caminado a su lado. Realmente fueron tiempos difíciles. Tuvo que lidiar con un gobierno nacional contrario a su color político, a su pensamiento y a los objetivos del Frente Renovador de la Concordia, partido del que fue uno de sus fundadores. Frente al desafío eligió una postura diplomática, pragmática, una suerte de realpolitik de subsistencia. “Gobernabilidad con gobernabilidad se paga”, dijo cuando comenzó su gobierno, esa fue la señal que envió al gobierno de Mauricio Macri en diciembre de 2015. Fueron cuatro años de negociaciones, de desilusiones, de tire y afloje.

Según diferentes encuestas, el saliente mandatario provincial tiene una imagen positiva que va entre el 60 y el 75 por ciento. Es lógico, durante su gestión puso en marcha una serie de medidas económicas y sociales para amortiguar la crisis, hizo malabares para que la escasa obra pública no se derrumbara del todo, aumentó algunos puntos el salario de los estatales y no se retrasó en los pagos, mantuvo equilibrado el déficit, no endeudó la provincia, y se la pasó corriendo como bombero para contener cualquier conflicto social. Pero, tal vez, la gestión del piloto de tormentas se caracterizó por humanizar la política de la Tierra Sin Mal.

Passalacqua, Hugo, el profesor, el gober, el tío, o simplemente el gobernador, caminaba entre los vecinos como uno más, sin corbata, sin séquito, sin custodios. Verlo tomando una birra en cualquier lugar, era algo común. Así fue él, así sigue siendo.

Passalacqua recibió a #PuenteAereo el martes pasado en el quincho de la Residencia Oficial. Remera negra, zapatillas Converse del mismo color, y su típico blue jean de gruesas botamangas arremangadas. Se encontraba bebiendo un jugo de naranja y su cara se iluminó cuando una señora ingresó con un plato de enormes tortas fritas. “Me vas a disculpar pero estoy merendando”, dijo antes de atacar el plato y compartir la merienda. No parecía un buen momento para empezar con las preguntas, pero sí para que el arriba firmante proponga las reglas de la entrevista: Trece preguntas, de ser necesario dos repreguntas, y un grabador como testigo. “No hay problema”, contestó mientras masticaba su segunda torta frita.   

–¿Cómo evalúa su gestión?

–Los ingleses inventaron la evaluación del 0 al 10 que todavía se ocupa en la educación, nunca creí en eso. Lo que sentís es la realidad, es qué siente tu interior. La evaluación es buena, así la sentí. Me esforcé, me equivoqué, hay cosas que hice bien, otras que hice mal. Pero siempre, siempre me esforcé y eso a mí ya me da tranquilidad espiritual. Esa es mi evaluación.

–¿No cree que durante los primeros tres años de gestión tuvo un acercamiento al macrismo que fue un poco más allá de lo meramente institucional?

–Yo lo dije el día que asumí: gobernabilidad con gobernabilidad se paga. Hoy sigo sosteniendo lo mismo. Nosotros somos una provincia pequeña y desde nuestro espacio nunca nos había tocado gobernar con un color político distinto en lo nacional, entonces había que buscar una manera ingeniosa, novedosa, y no hay un manual. Había que hacerse respetar, no entorpecer ni que te entorpezcan, para laburar tranquilo. Yo soy una persona de buenas formas, entonces por ahí la gente se confunde. Era el gobierno de la Nación, no del macrismo. Hay que gobernar con un opositor más grande en frente, hay otra agilidad, otra manera, otro formato. Soy una persona muy sencilla y creo que hablando la gente se entiende. Vos podés decir la cosa más dura del mundo, si la decís de forma histérica es una cosa y si esa misma cosa la decís de forma elegante es distinto, y no por eso perdés firmeza y carácter.

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–¿Qué fue lo que más le costó? ¿Cuál fue ese momento? 

–El tema de las inversiones. Fue un mundo que no invirtió en Argentina, que no creyó en Argentina. Fue una gran oportunidad la que se perdió Macri. Se perdió dos grandes oportunidades: terminar la grieta, que no hizo, y traer las inversiones, que no lo hizo. Nosotros hicimos un esfuerzo enorme para traer inversiones, trajimos algunas, pero la situación del país no era atractiva. Anduve dando vueltas, soy un sabueso, y lo que trajimos costó un baño de lágrimas. No estaban dadas las condiciones por lo que todos sabemos, por el tema político, por el tema financiero, social. Eso me costó un huevo.

–Iba a preguntarle qué análisis hace de la gestión de Macri, pero con lo que dijo creo que es suficiente.

–Creo que se perdió esas dos cosas. No es que tenía que crearse la oportunidad, estaba dada la oportunidad. Buscar un camino económico de inversión muy fuerte y salvar la grieta que era fundamental, inclusive para las inversiones. Es muy difícil venir a invertir en un lugar donde hay tensión todos los días. Acá, no sé si es por mi forma de ser, pero el misionero es una persona emprendedora que sólo quiere trabajar y no pelearse, el misionero quiere trabajar, el misionero va para adelante, y no por el gobierno sino porque el misionero es emprendedor y vanguardista. Un acierto que yo siempre remarco son las low cost, eso nos hizo un gran bien para el turismo y hay que reconocerlo. El aeropuerto de Iguazú, que era internacional pero no había vuelos internacionales, había que convertirlo en internacional con vuelos a Europa, por ejemplo, y hoy estamos conectados; también hay vuelos a Lima, a Chile; internamente a Rosario, a Córdoba. Todos eso es turismo, el turismo es dinero, es trabajo.

–¿En qué cree que se equivocó en la relación con el Gobierno nacional? ¿De qué se arrepiente?

–Cometo un error por día, ahora estoy pensando que en mil quinientos días son mil quinientos errores. Otra falta del Gobierno nacional, fue el tema de la integración y los puentes. Algo en lo que me ilusioné es en poder conformar una zona, una región, con el oriente paraguayo, los tres Estados del sur de Brasil, y Misiones. Hacer un convenio importante, vivimos mucha gente en ese entorno, me ilusione con los puentes que no ocurrieron.

–¿Se arrepiente de haberse ilusionado?

–Sí, me arrepiento de haberme ilusionado. Yo pedí los puentes, lo hice insistentemente, como corresponde, de todas las formas, de toda las maneras. Para el desarrollo de Misiones los puentes son clave.

–Pienso que debe ser poca la gente que se arrepiente de una ilusión.

–Sí, puede sonar raro. Era una ilusión, tampoco una fantasía, era algo que se podía hacer. 

–Digamos que le generó una expectativa.

–Expectativa, esa es la palabra, ilusión suena a una criatura y a Papá Noel. No sé si puse lo suficiente yo también, creo haber hecho todo el esfuerzo, pero tal vez no lo hice. Esos puentes eran clave para Candelaria, para Eldorado, otros dos puentes con Brasil.

–¿En qué cree que ha evolucionado la renovación desde sus inicios hasta el presente?

–Hay mutaciones que son inevitables. Yo creo que un partido político, un espacio político, un movimiento político, es una cosa que está en movimiento, en perpetuo cambio. Cuando nace la renovación, acá en éste lugar, cuando nos convoca (Carlos) Rovira, se plantea una ruptura con el pasado, un empezar de nuevo desde lo local y dejar los partidos nacionales que fueron un fiasco social marca cañón. Ese fue el génesis. Había radicales, peronistas, independientes. Después fuimos torciéndonos, lo digo desde un sentido positivo. No había doctrina, todo fue velocidad, entre que nos juntamos y las elecciones pasaron tres meses. Me acuerdo que cuando yo asumí como ministro de Educación, subí a un escenario y había gente a la que no conocía y eran ministros. Empezamos de cero y en medio de una crisis descomunal. Después fuimos virando hacia, no voy a decir doctrina ni mucho menos ideología, una nueva línea de pensamiento muy afincada en lo misionero, en lo bien misionerista, desde lo identitario con lo propio, desde lo histórico hasta lo gastronómico, desde lo energético hasta lo ecológico. Después nos dimos cuenta que gobernando con un estilo propio y con lo nuestro, no nos iba tan mal. Siempre me molestó que si vos no validas el pensamiento del país central, tu pensamiento no vale. Es como que no te permiten pensar desde un término misionero. Siempre estamos tributando al país central. Creo que la evolución de nosotros es esa, mucho más con lo propio, mucho más con lo nuestro, mucho más federal.

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–¿El refresh ocasionó algún tipo de erosión o grieta dentro de la renovación?

–Creo que Carlos (Rovira) fue muy inteligente ahí. Si la gente hasta ahora nos ha acompañado, estimulando y también marcando los errores, es porque evidentemente tiene una perspectiva de cambio. Hay gente que se cansó, otros se fueron a la casa, y tenés que poner nombres nuevos; no por un tema de marketing, sino hasta por un tema de energía. Hay mucha gente que se cansa rápido. Yo aveces me enojo y lo digo públicamente, se quedan en los despachos con el aire. Yo ahora vengo de Yapeyú y mañana a la madrugada me voy a Colonia Aurora, no me canso, me encanta estar con la gente.

–¿Puertas adentro hubo algún tipo de erosión?

–Creo que no, no sé. Yo supongo que al que le tocó irse se pudo haber ido amargado o feliz, no lo sé. Yo a eso no lo percibo, al contrario, te juro que yo veo muy buena onda entre los compañeros de trabajo, pero es lo que veo.

–Entiendo que el denominado Pacto Fiscal significó una pérdida de 2.000 millones de pesos anuales para Misiones. ¿Por qué lo firmó? 

–Esa es la pérdida impositiva, pero había compensaciones en la pérdida fiscal. Firmamos casi todos los gobernadores. Lo que vos perdías por la baja de ingresos brutos –este es un tema de aritmética– iba a ser compensado por Nación y de hecho, de alguna manera, lo fue. Lo que pasa es que cuando vos bajas los impuestos, a la larga la Nación no te va a ir compensando. Es decir que a la larga el efecto no es bueno. Lo que pasa es que Nación comete un gran error con nosotros cuando nos saca el fondo federal de la soja. Eso no estaba en los planes, eso no es lo que firmamos. Cuando empieza a haber incumplimiento de lo firmado todo comienza a trastabillar, después viene la demora con el FET y todas las otras cosas.

–Es decir que por un lado usted reconoce la pérdida, pero observa que por otro lado había una compensación.

–Había una compensación que a la larga no era buena, pero era una forma de salir en ese momento del lío. Acordate que estábamos con el tema del déficit y a las provincias también les convenía que el déficit no se desbarranque, además al mismo país, porque sino nos íbamos todos al bombo. Yo sigo sosteniendo que lo que nos diferencia enormemente de Macri –yo era el único gobernador que le decía las cosas de frente, no soy conspirador– es que la política fiscal del Gobierno nacional es muy mala para la gente. Eso de bajar impuestos suena hermoso, pero el Estado se vuelve raquítico y no puede dar respuesta, sobretodo al que menos tiene. Te dicen que si no bajas los impuestos el empresario no viene a invertir, pero si bajas impuestos no haces caminos, no haces escuelas para que los hijos del obrero pueda ir a estudiar o pueda ir a curarse a un hospital. La pregunta es cuánto te da el Estado por tus impuestos, no si ese impuesto es alto o bajo. Si el Estado no te da un carajo, el 0,01 es muchísimo, si te da mucho el 50 % es poco. Nuestra teoría fiscal dice que no hay que endeudarnos y recaudar lo más que se pueda, siempre fue muy rígida y teníamos que bajar unos escalones y no lo hicimos porque veíamos que Nación iba a dejar de compensar, ahí bloqueamos la baja de impuestos.

–En junio la renovación tuvo el 75% de los votos y en octubre salieron terceros. ¿Qué análisis hace?

–Yo sostengo y sostendré que la boleta corta es una enorme salida, es la única salida, desde el punto de vista electoral. La salida es impositiva, que la Argentina replantee sus impuestos. Que vayan tres pesos y vuelva uno, no hay forma, no hay pacto, no hay nada, más allá de lo cultural o lo comunicacional. Hay un concepto errado, es colonial, es viejo, hagámonos cargo, hay algo que desde Buenos Aires no está funcionado. La boleta corta es tu forma de independizarte. Va en camino de esa evolución, de la que te decía que es lo propio. Los diputados nacionales son diputados del pueblo de Misiones ante la Nación y voy a luchar para que salgan del fuero Federal, no sé si lo llegaré a ver. Los diputados Nacionales son de la provincia, no son de la Nación. No puede el Presidente y la justicia Federal intervenir en tus diputados nacionales, sí en el caso del Presidente porque es distrito único. A los diputados nacionales los elegís vos cuando querés y donde querés. La boleta corta te da esa independencia. Se armó toda una ensalada con la grieta, las boletas, pero bueno, lo que quiero decir es que estoy a favor de la boleta corta, ojalá que nunca termine y que todas las provincias vayan hacía la boleta corta.

–¿Usted dice que la pérdida de ese caudal de votos es como consecuencia de la boleta corta?

–Me ibas a hacer dos repreguntas y ya vas por la tercera.

–Me preguntaba si hubo alguna otra cosa que haya incidido.

–No. Nosotros creímos, tal vez un acto de jactancia, haber llegado a un punto de madurez en la que Misiones pueda tener su propia identidad de diputados tanto en lo provincial como en lo nacional. Pudo haber sido un acto de arrogancia política, no lo sé. Nosotros estamos convencidos en que la cosa debe ir hacia la boleta corta, tiene que ser corta, tiene que ser corta. Ya nos sacaron el Colegio Electoral en el 94, de a poco te van sacando herramientas políticas. ¿Porqué un gobernador no puede convocar a los diputados que van a representar a los misioneros ante la Nación?

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–Hay un video suyo, hecho durante la campaña, en donde dice que los tres candidatos a la presidencia eran iguales y que lo que importaba era votar a los diputados de la renovación. ¿Hoy sigue pensando que Macri es igual a Fernández?

–No, no, no. Yo no dije lo que yo pensaba, yo dije lo que la gente podía votar. Yo voté a Alberto, nosotros siempre votamos a Néstor, a Cristina, a Daniel (Scioli). Lo que nosotros dijimos, pudo haber sido un acto de jactancia, es que la gente separe lo que es el ámbito nacional y que votemos…

–Fue una mala explicación, en todo caso.

–Yo creo que no es un error conceptual. 

–En el video fue claro, dijo que los tres eran iguales.

–No, no, no. Entonces fue un error mío. Lo conté para el carajo. No era la idea.

–Entonces queda claro que no era la idea.

–No, claro. Voten a quien corno quieran en lo nacional. Si yo lo pudiera explicar bien, una cosa así como el slogan `La cosa no está fácil´. Lo que quiero explicar es que hay que romper con Buenos Aires, hay que animarse a romper aún a costa de… Pero lo del video te la pongo como mala mía, si sonó así sos el primero que me lo dice.

–¿Cuáles son sus nuevos objetivos políticos y qué aportaría a la legislatura?

–Yo fui dos años diputado y la verdad es que aprendí muchísimo, fue una escuela fantástica; soy de los que creen que se aprende toda la vida. No sé qué es lo que pueda aportar, no hay ninguna experiencia de un gobernador que vaya de diputado al recinto, así que voy a dar todo lo que pueda. Yo traté de ser un diputado serio, me esmeraba mucho, estudiaba como en la escuela. En ese momento no había ningún médico en el bloque y me tocó defender el Parque de la Salud, la oposición estaba convencida de que los pobres no iban a poder entrar si no tenían obra social, que era una cosa demasiada fabulosa para ser verdad, que casi la mitad de los misioneros no iban a poder acceder a la salud, después la historia demostró que no fue así. La cuestión es que lo tuve que defender yo, entonces me puse a estudiar, esos son los desafíos que me gustan. Yo estoy muy entusiasmado, ojalá pueda aportar, no lo sé.

–Me da pié para la próxima pregunta que justamente tiene que ver con la salud pública. ¿Cuál es su opinión respecto a la interrupción voluntaria del embarazo no deseado?

–Yo me reservo la respuesta.

–¿Por qué? 

–Después te lo cuento. Tengo una opinión pero me la reservo.

–En su momento Carlos Rovira, palabras más o menos, dijo que a la gente le quedó como un gustito a poco, con más ganas de Passalacqua. Como que al electorado le hubiese gustado cuatro años más de su gestión. ¿Y a usted le hubiese gustado?

–Ni asumió Oscar (Herrera Ahuad), qué se yo.

–Eso dijo Rovira. Me gustaría saber qué opina Passalacqua.

–No sé, fuera de joda, me parece tan extemporáneo. No lo sé, ahora quiero ser un buen diputado. Todavía me faltan cinco días y es una inmensidad de tiempo, en una hora pueden pasar tantas cosas. Yo creo en la conducción política, y creo en que hay una habilidad política de nuestro espacio en interpretar voluntades, sincerar, sintetizar, ver qué es lo que le conviene a la provincia. Lo que conviene hoy no lo sé, quién sabe de acá a cuatro años, yo no lo sé.

–Pero no descarta volver.

–No, no, claro, eso no. Pero tampoco muevo un dedo para nada.

–Perfecto, pero es una posibilidad que no la descarta.

–No, pero ahora quiero ser buen diputado. Y de última me iré al aula que es lo más hermoso que me puede pasar, yo dudo mucho de no estar en el aula, a mi me encanta dar clases.

–Pero no descarta el día de mañana querer volver.

–No.

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–Voy a hacer una sola repregunta. Cuando hablamos de la evolución de la renovación usted tiró algunos conceptos interesantes. Dijo que no hay una doctrina, algo que vengo advirtiendo desde mis escritos. Desde hace un tiempo me da la impresión que a la renovación le falta volcar el pensamiento en papel, establecer una doctrina propia. Es decir, en materia económica pensamos tal cosa, en lo fiscal x cosa, en lo social tal otra, sobre la región creemos tal cosa, del mundo tal otra, sobre el país y el federalismo pensamos lo siguiente. Me da la sensación que la renovación debería trabajar en establecer sus bases y parámetros doctrinarios. La renovación ya tiene una historia que le es propia, tiene un sentimiento territorial, tiene un cuerpo, aprendió a caminar, hoy trota. Aquel pensamiento, al igual que otros que tienen que ver con la historia de los movimientos políticos, debería estar plasmado, expuesto, presentado ante la sociedad y la historia, e incluso exportarlo al resto del país. 

–¿Exportarlo?

Por qué no. El pensamiento se comparte. 

–El día que alguien piense en exportarlo, nacionalizarlo…

–Hablo de exportar el modelo, de compartir conocimiento. Muchas provincias pueden aprender cosas positivas de la renovación, al país no se le puede negar eso.

–Eso te lo puedo reconocer. Te doy la derecha con el tema. Tenemos pocos años; el radicalismo, por poner un ejemplo, es 1906, nosotros estamos empezando la secundaria. Hay un déficit en la política nacional del país, no se escribe, hay una falencia intelectual fabulosa. Después de los 80, que fue el último bum de la inteligencia, del teatro, del cine, de la filosofía, de la literatura. Hoy nadie escribe, nadie se sienta a reflexionar, a debatir, lo hacíamos en la juventud con documentos de política nacional, internacional, de derechos humanos, había mucho que leer y hoy esa exigencia no está. La pregunta me interpela. Hoy eso no lo hace nadie, hace veinte años que nadie lo piensa en esos términos, en la provincia tampoco. Nosotros tenemos un protopensamiento que no llega a ser doctrina, en todo caso tenemos una sola doctrina que es misionerismo, que es de múltiple interpretación, que es lo único que se aproxima. Claro que hay que desarrollarlo más. Nosotros somos un proyecto misionerista y popular. 

–¿Qué le duele?

–Me duele la inequidad, la impotencia de no tener los recursos necesarios. El sistema está armado así, comunicacional, vial, ferroviario, aéreo, financiero, cultural, mientras eso ocurra vamos a estar así. A mi Alberto (Fernández), en lo personal, me convenció cuando él planteó que él iba a gobernar con 24 gobernadores, eso fue música. Eso nos ilusiona mucho. En un acto en Chaco, él dijo: “yo soy porteño, nacido en una ciudad llena de privilegios, y la verdad es que no está bien”. Claro, no está bien que ellos tengan todo y vengan acá y la gente esté como está.

La entrevista terminó pero Passalacqua sigue hablando, explaya sus conceptos, acude a la historia y a los próceres, se irrita con el falso federalismo que hay en el país. Mantiene un tono pausado y cuando se enoja se acelera y las palabras se amontonan en su boca, respira y vuelve a la carga. Su cuerpo sigue estando en el mismo sillón desde hace dos horas, en el quincho de la Residencia oficial, pero parece que su mente está en un aula donde anida el pensamiento. El gobernador vuelve a ser profesor, vuelve a dar cátedra. Levanta la voz para que escuchen los del fondo, pero el único alumno que hay en ese momento es el arriba firmante.

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#PA.

Sábado 7 de diciembre de 2019.