El odio como bandera

El odio como bandera

Por Lu­cía Sa­bi­ni Fra­ga


Si bien la secuencia televisiva tuvo lugar el sábado, fueron estos últimos días que surgieron con fuerza las voces de rechazo denunciando las expresiones violentas del periodista Baby Etchecopar, para referirse a la vicepresidenta Cristina Fernández a quién calificó como “el cáncer” del país.

El sábado 20, Día de la Bandera, la nieta de la célebre almorzadora serial de la televisión argentina, llevó a cabo una nueva emisión de “La noche de Mirtha”. En la mesa se encontraron Baby Etchecopar, Oscar González Oro, Fernando Carnota y Eduardo Feinmann, quienes entre otros temas, analizaron la actualidad de la Argentina: desde la expropiación a Vicentin, hasta el escenario político más general.

Juanita Viale -la actual conductora- fue parte del convite de risas entre los hombres, y aunque pareciera que se quedó afuera de varios de los chistes fáciles, se evidenció la frescura y complicidad entre los invitados; que además son amigos entre sí. De hecho, en una de sus expresiones, la nieta de Mirtha Legrand, agradeció por la mesa de ese día (en comparación seguramente con otras más aburridas repleta de médicos o políticos) porque según argumentó, “yo no soy periodista, no estoy acostumbrada”, a la difícil tarea de conducir y comprender los códigos de los políticos, donde según ella mismo dijo “no entiendo nada”. Aquí ya fue el primer puntito para alimentar estereotipos.  

Entre las risotadas se colaron unas cuantas concepciones políticas que no son menores en el contexto político actual. Pero sin duda, lo más polémico fueron las expresiones de Baby Etchecopar, quien aseguró que “hay que poner las bolas arriba de la mesa y hay que empezar a hablar sinceramente. Hoy, Cristina Kirchner (…) es el cáncer de la Argentina; y mientras Cristina Kirchner ‘moje’ en política, no va a haber paz nacional”. 

Como si esto fuera poco, el hombre siguió cuál charla de asado con amigos, su interpretación psíquica de la expresidenta: “¿Por qué? Porque hay una patología en cada uno de nosotros, todos somos de una forma, por algo queremos llegar. Creo que la señora, es una señora sola, que el único poder que tiene es el poder, creo que es una señora que no quiere a nadie, honestamente, lo veo como ciudadano. Creo que se mira delante del espejo y dice “Estoy espléndida para cortar cabezas, salgo a arruinarle la vida a la gente”. El remate tampoco tuvo desperdicio: “Y hay que decirlo, si Cristina sigue en la Argentina, Argentina se termina.” 

El comentario fue acompañado de largas reflexiones acerca de cómo nos acercamos a una dictadura de izquierda y como Alberto es prácticamente un títere de la vice presidenta. Nadie (ni conductora ni demás invitados) discutieron estas palabras ni interrumpieron sus dichos, en un posible rapto de ubicación profesional. 

Mientras el programa de cocina “Bake Off”, con una popularidad desmedida, opaca las apariciones del periodista Jorge Lanata en la televisión dominguera (y él lo asocia a un ataque de trolls k), el discurso del odio se cuela sin problema por otros espacios: “La noche de Mirtha Legrand” que se emite por Canal 13, no sólo venció a su competidor habitual de Canal 11 (Telefé) “PH Podemos Hablar” de Andy Kusnetzoff, sino que fue el programa más visto en todo el día. Además, gracias a lo “polémico” de su contenido, siguió circulando en forma de tuits, recortes de videos, y artículos periodísticos (como éste).

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No hace falta mucho ejercicio de memoria, para recordar que ligar la enfermedad del cáncer con la vida política argentina no es ninguna originalidad de “Baby”: las pintadas de “Viva el cáncer” contra Evita, fueron el sello de odio que marcó las paredes de Buenos Aires en 1952 (el año de su muerte), cuando sus adversarios mostraban el desprecio por la salud de la entonces primera dama.

En su esfuerzo argumentativo, Baby Etchecopar intentó justificar su odio a partir de endilgarle a la ex presidenta Fernández sus supuestos problemas “psíquicos”, y en ningún momento lo puso en los términos que son: discusiones ideológicas o posicionamientos políticos. Una forma histórica de achicar al rival: no me molesta lo que piensa, sino que está loco o enfermo. 

Ni hablar de la cuota de machismo propia del periodista en cuestión (que ya tiene en su haber un arsenal de denuncias por comentarios misóginos), asumiendo que esa maldad o arrogancia deviene de su carácter de viuda. Conclusión: “Le falta un tipo al lado”. Concepto más machirulo, no se consigue.

Por supuesto, las críticas no tardaron en llegar. Desde el domingo comenzaron a circular manifestaciones de rechazo en las distintas redes sociales, respecto a las palabras de Etchecopar. Pero los primeros días de la semana la noticia tomó otro vuelo: el lunes, diputadas y senadoras nacionales del Frente de Todos presentaron una denuncia ante la Defensoría del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual contra el periodista por sus “expresiones de odio y violencia” hacia Cristina Kirchner. 

El martes, también se debatió el asunto en la Cámara alta del Congreso, más precisamente en la Comisión de Medios y Libertad de Expresión, donde senadores oficialistas rechazaron estos comentarios y pidieron “trabajar para la democratización de la comunicación”; al tiempo que la oposición abogaba por la libertad de expresión y la vía judicial para expedirse sobre estos casos. El Instituto Patria también repudió la calificación hacia la vicepresidenta y advirtió que “la convocatoria al odio nunca puede ser compatible con la práctica de la pluralidad democrática”. El hashtag #EsViolenciaPolitica también inundó las redes y puso de relieve la discusión de fondo. 

Por su parte, las disculpas de Etchecopar llegaron de una forma aún más desconcertante: “Me arrepentí de esa frase por mi hijo, y por Cristina, lo que pasa que a veces yo quiero significar el daño que nos hace su maldad, pero pido disculpas por esa frase”, declaró Etchecopar en su programa del lunes por Radio Rivadavia. Resulta que Leandro, uno de sus hijos, pelea contra un cáncer hace al menos dos años; increíble pero real. 

“La verdad que fue una palabra desafortunada, yo vengo trabajando el tema del cáncer, que destruye y no construye; cuando lo pensé me pareció una boludez lo que dije y le pido disculpas a Cristina, usted es un desastre para la Argentina, pero no es un cáncer. Quiero pedirle disculpas”, concluyó el periodista. 

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En el llamado “Banderazo” del pasado sábado por la tarde (el mismo dia que coronó la noche con el programa recién mencionado), la movilización arengada por sectores de la oposición que reunía conceptos amplios y confusos, tuvo también su cuota de odio. No fueron pocos quienes registraron imágenes de los carteles que ilustraron la jornada: contra la cuarentena, a favor de la libertad, en contra de Soros, por el fin del comunismo (?) y ensaladas varias. 

Dio vueltas -y fue hasta meme- el Fiat Duna blanco -no precisamente modelo 2020-, que expuso una cartulina con la leyenda “Todos somos Vicentin”: el colmo mismo de la alienación. Pero también se vieron carteles contra ella: “La cuarentena es para que la chorra no pueda ir a prisión” fueron algunas de las frases elegidas.

Más allá de la imaginación popular, quienes están frente a medios de comunicación tienen otras responsabilidades a la hora de enunciar. Sin pensar en coartar la libertad de expresión, es en todo caso, la ética profesional lo que debería primar como un reaseguro; una cosa es opinar, y otra agraviar de manera gratuita. Ese es el debate. ♣♣♣  

#PA.

miércoles 24 de junio de 2020