El autogolpe del fútbol

El autogolpe del fútbol

Por Cristian Franchi


El fantasma de Don Julio revuela por la sede de la calle Viamonte y hace virar al fútbol hacia donde va el gobierno de turno. Tinelli, Tapia y el doble comando. ¿Vuelve el Fútbol para Todos?

A lo largo de la historia y sobre todo desde la llegada de Julio Humberto Grondona al poder de la AFA, el fútbol argentino siempre se movió en sintonía con el poder de turno. El ya fallecido mandamás estuvo bien con todos los gobiernos, desde el fin de la dictadura militar hasta las fotos con Cristina Kirchner luego de sellar el Fútbol para Todos.

Hoy el fantasma de Don Julio revuela por la sede de la calle Viamonte y les susurró al oído de los dirigentes lo que tienen que hacer. Ellos obedecieron y en pocas semanas dieron un autogolpe al fútbol argentino.

En 2017, con el impulso de Mauricio Macri –que veía reflotar su proyecto de convertir a los clubes en Sociedades Anónimas Deportivas– y el aval de la AFA se creó la Superliga Argentina de Fútbol, la cual sedujo a los clubes con una suma nada despreciable: más de 3 millones de dólares anuales en conceptos de televisación. Para muchos dirigentes los buenos tiempos habían llegado, pero no imaginaron dos puntos importantes: la devaluación y el control que ejercía el organismo sobre la utilización de esos fondos.

Es cierto que durante la campaña, Alberto Fernández había dicho que durante su gobierno el fútbol no sería una prioridad, aunque en más de una oportunidad dijo que “puede autorregularse”. Pero el nuevo escenario político fue leído rápidamente por los clubes, cuyos dirigentes de ágiles reflejos empezaron a soltarle la mano a la boicoteada Superliga y observaron con buenos ojos el regreso a la casa madre del fútbol argentino, la AFA.

La salida de Daniel Angelici y sus discípulos por la puerta de atrás de Boca fue la estocada final para mantener bien lejos del mundo del fútbol a Macri, pese a su nombramiento en la dudosa Fundación FIFA y el repudio generalizado del cambiante mundo del fútbol argentino.  

Con el camino allanado, Claudio “Chiqui” Tapia –hábil en esos círculos– reunió a unas pocas voluntades con algo de poder para darle forma a lo que viene y empezar a dar el golpe. Así, los mismos que habían aplaudido la creación de la Superliga –y forman parte incluso de su comité ejecutivo– se sumaron: era tiempo de desacreditar el ente que integraban y recuperar el poder total para ellos.

Lo que viene es una nueva reestructuración, la número mil. Ya sin Mariano Elizondo, el CEO de la Superliga que renunció porque no se acostumbró a hacer política, algo que pondera como virtud, pero puede ser un defecto en el fútbol nuestro. Nadie que quiera permanecer en este particular mundo debe desconocer cómo las alianzas indestructibles de hoy son una foto clavada con alfileres en la pared de mañana. Ahí está Marcelo Tinelli, sentado al lado de Tapia después de haber defendido la autarquía de la Superliga en diciembre, cuando todavía no había asumido como presidente de San Lorenzo. Su nombre, fue el que en pocas horas reunió el consenso suficiente para ser el presidente de la embrionaria Liga Profesional de Fútbol.

El Gobierno también jugó este partido a la manera de Alberto Fernández. Ocupado en cómo renegociar la deuda externa, mandó a navegar a uno que conoce muy bien las internas: Sergio Massa. El presidente de la Cámara de Diputados e hincha fanático de Tigre fue el articulador que ofreció su casa, incluso, para una reunión en la que participaron Tapia, Tinelli, Jorge Ameal y Nicolás Russo (presidente de Lanús) a fines de enero.

Lo que vino después fue consecuencia de lo que se venía tejiendo. La Superliga y toda su estructura eran cosa resuelta, resta esperar que finalice la Copa para que el doble mando en el fútbol argentino tenga nombre y nuevo presidente: la Liga Profesional al mando de Marcelo Tinelli. A su vez, Tapia ya tiene el boleto picado para buscar su reelección en el 2021.

La llegada de la “nueva” dirigencia y las relaciones con el Gobierno montaron un manto de dudas sobre algunas cuestiones. La más importante de todas, el dinero a repartir entre los clubes, la otra, el posible regreso del fútbol a la pantalla abierta.

Semanas atrás, Claudio Tapia logró algo que años atrás parecía imposible, sentar en una misma mesa a Mario Pergolini y a Marcelo Tinelli. Más allá de la foto de unión entre los dos empresarios el mensaje que se dejó correr fue otro: los dos se encargarían de renegociar los contratos para las transmisiones televisivas del fútbol argentino.

El mismo Fernández señaló hace tiempo que el fútbol “no aparece en los primeros mil lugares” de su agenda y que no era prioridad a la hora de planificar su gestión de gobierno. Pero los nuevos tiempos al parecer van queriendo otras opciones y no se descarta que en un futuro cercano al menos tres partidos de los doce que se disputan cada fin de semana sean transmitidos por la TV Pública.

Grondona ya no está pero las viejas mañas siguen. Son sus aprendices los que hoy tratan de que el fútbol gire al ritmo de los vientos de la política. Hoy, los sobrevivientes del lamentable 38-38 buscaron la manera quedarse con el poder, el fútbol tuvo su autogolpe.   ♣♣♣

#PA.

Domingo 15 de marzo de 2020.