Empezó el 2021 pero la violencia machista no cesa

Empezó el 2021 pero la violencia machista no cesa

Por Lucia Sabini Fraga


Todo el mundo recibió el 2021 en estado de alerta debido a la pandemia del COVID 19 y las crisis económicas que acarrea en casi todas las regiones del globo. El cambio de año trajo aparejado la expectativa de una posible solución: la vacuna. Sin embargo, mientras tanto, continúan los mismos flagelos que antes de la bendita pandemia, como es el caso de la violencia machista. De hecho, muchas veces este fenómeno se vio profundizado debido a la poca movilidad de las mujeres víctimas de violencia, o al no poseer recursos necesarios y verse expuestas a situaciones de peligro.

Enero trágico

Empezó 2021 pero los femicidios no frenaron: como todos los años, el observatorio de la organización MuMaLá “Mujeres, Disidencias, Derechos”, presentó su Registro Nacional de Femicidios y los números no son nada alentadores. Se registraron 26 femicidios en el primer mes del año, que incluyen la figura de femicidios vinculados y trans- travesticidio: un promedio de un asesinato por razones de género cada 28 horas.

A su vez, el informe agrega 5 muertes violentas asociadas al género, “donde el 90% de ellas vinculadas a economías delictivas o colaterales (narcotráfico, venganzas, deudas, etc)”, y 7 muertes violentas más de mujeres que aún están en proceso de investigación. En cuanto a intentos de femicidio, se contabilizaron 36 en todo el país; más de uno por día.

Respecto a la vinculación de la victima con el asesino, la tendencia sigue siendo la misma. No por casualidad, las campañas contra la violencia machista se centraron en alertar los peligros que significaba que muchas mujeres que transitan por relaciones violentas deban convivir todo el tiempo con sus agresores. En el 59% de los casos, los femicidios fueron cometidos por parejas o ex parejas; en un 29% por hombres del círculo íntimo y en un 8% por hombres familiares directos. En el 63% de los casos, el lugar elegido para el crimen fue la vivienda de la víctima (propia o compartida).

En cuanto a las medidas preventivas que existen desde el Estado para evitar los femicidios, también se analiza la utilidad de las mismas: el 25 % de las víctimas ya había denunciado a su agresor, el 17% tenía orden de restricción de contacto o perimetral y el 4% ya poseía botón antipánico. La Justicia cumple un rol clave para evitar que las situaciones de violencia se agraven, y es justamente allí -en sus tiempos burocráticos, sus tardanzas y su falta de perspectiva de género- donde radican muchas veces las mayores injusticias.  

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Cuando la Justicia también violenta

Uno de los casos que conmovió a la ciudadanía durante la última semana, fue la violación a una joven venezolana de 18 años en su primer día de trabajo en un local de venta de uniformes en el barrio de Once, en la capital porteña. La indignación popular no está únicamente centrada en el aberrante hecho, sino en el proceder de la justicia: tras la detención del único sospechoso llamado Humberto Garzón Martínez, la jueza Karina Zucconi (a cargo del juzgado nacional en lo Criminal y Correccional N° 15) decidió que continúe en libertad por considerar que no existía riesgo de fuga ni de entorpecimiento de la investigación, y porque no poseía antecedentes en su contra. Pero que la Justicia no lo supiera, no significa que no existieran.

La secuencia es demasiado evidente como para tomar distancia y adoptar una mirada tan indulgente: la víctima, luego de terminar su primera jornada de trabajo, aceptó un vaso de agua y luego de ello comenzó a sentirse mal. La joven logró enviarle a su hermana un mensaje de alerta, y ésta se comunicó con la madre de ambas (quien tenía los datos del negocio donde su hija comenzaría a trabajar) y le dieron aviso a la Policía Federal. Una vez los efectivos en el lugar, debieron entrar a la fuerza y sacar semi inconsciente a la joven que estaba tirada en una escalera en el fondo del comercio y llevaba una ropa que no era suya. En la escena y de forma comprometida, estaba el dueño del local, Humberto Garzón Martínez, de 35 años. Los peritos no solo constataron que la joven estaba bajo los efectos de psicotrópicos, sino que había efectivamente sido violada sexualmente.

Los hechos transcurrieron durante el mediodía del 23 de enero, pero trascendieron con fuerza los últimos días. Circularon videos donde se podía ver el operativo policial y las condiciones en que la chica era sacada del negocio, ya cerrado y con sus persianas bajas. Se realizaron campañas virtuales con la tendencia #GarzónViolador que fue trendic topic en todo el país, y se llevaron a cabo distintas movilizaciones exigiendo justicia y cárcel al acusado.

Hay un elemento que amplía el foco del debate: esta joven no fue la única víctima de Humberto Garzón Martínez. El hombre había adoptado como modus operandi el atraer con fines laborales (en publicaciones vía Facebook) a jóvenes -preferentemente migrantes- para luego drogarlas y violarlas en su propio local: situación por demás aberrante, aprovechando la fragilidad legal de quienes hace poco viven en el país y de su imperiosa necesidad económica.

A raíz de la denuncia y el escrache público que llevó adelante la familia, varias mujeres han comenzado a aportar sus dolorosos testimonios (por ahora tres mujeres de nacionalidad venezolana y colombiana) aunque se sospecha que puedan haber más. La victima había aceptado el trabajo para poder contribuir económicamente con su familia, ya que su padre estaba internado en el Hospital de Clínicas por haber sufrido un ACV y la situación en el hogar era delicada.

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La causa fue caratula en un primer momento como “abuso sexual simple”, aunque -gracias a la apelación de la Fiscalía, y también en parte a la presión social y mediática sobre el caso-; la jueza Zucconi decidió procesar al acusado el jueves pasado con la carátula de “abuso sexual agravado con acceso carnal”, puesto que sobraban elementos para tal sospecha. Pese a todo, Garzón logró permanecer en libertad y en cambio, le facilitaron un botón antipánico a la víctima; para activarlo en caso de que el sospechoso intente acercarse. Desde el círculo de la joven también aseguran que las direcciones que Garzón Martínez dio a la justicia son falsas, y que en definitiva no se sabe su actual paradero. A simple vista, parece el mundo al revés.   

Ayer lunes, se movilizaron al Palacio de Justicia de Buenos Aires, amigos, familiares y miembros de la comunidad venezolana en Argentina entre otros, para exigir justicia por la joven. Dentro del Palacio -en paralelo- se encontraba declarando el acusado; aunque no en vivo, sino mediante una plataforma online. El comerciante en su declaración indagatoria fue más lejos y le echó la culpa a la víctima: “En ningún momento la violó ni drogó; esto fue una relación consentida. La chica pretendía un pago por la relación” declaró el abogado defensor, Osvaldo Cantoro en el mediodía de ayer.

Mientras avanza la causa, ya fueron presentadas varias denuncias por “mal desempeño” contra la jueza Karina Mariana Zucconi, quién tiene en su haber otro triste episodio: sobreseyó cinco veces a Francisco Amador, de 34 años de edad, acusado del asesinato de la joven Marianela Rago Zapata en el año 2010, cuando gran cantidad de indicios lo ubicaban como el femicida. El caso todavía espera el juicio oral.

La visibilidad de este caso puso una vez más en tela de juicio el rol de la Justicia, así como la fragilidad de las mujeres en situaciones de vulnerabilidad. No se necesitan mujeres más valientes, sino procedimientos más justos y sensatos. ♣♣♣

#PA.