El mercado laboral argentino y la pandemia

El mercado laboral argentino y la pandemia

Por Adrián Machado


El último informe del CETyD -perteneciente a IDAES-UNSAM- contextualiza la situación del trabajo a lo largo del mundo durante la pandemia. ¿Cómo puede resistir el empleo ante una crisis económica como la que desató el coronavirus?

El reciente trabajo del CETyD -Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo-, organismo dependiente de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín, trata sobre los efectos producidos por la irrupción del Covid-19: “El mercado laboral argentino en perspectiva global. Una mirada de conjunto sobre el impacto de la pandemia”.

El 2020 amplió la fragilidad prexistente de la estructura ocupacional. Tanto el empleo como los ingresos de los trabajadores en relación de dependencia formales fueron considerablemente menos afectados que los de informales y cuentapropistas. Y el aumento de la pobreza también se concentró sobre esos grupos -y de los desocupados, por supuesto-.

Del informe se desprende que son dos los factores clave para “aguantar” una crisis económica de la magnitud que provocó la pandemia: las instituciones laborales y el nivel de precarización laboral.

El virus expuso y profundizó la fractura existente que atraviesa el mercado laboral argentino, señala el informe, pero exhibió el rol fundamental que tienen las instituciones laborales a nivel global cuando están orientadas a proteger los puestos de trabajo y aminorar el impacto de la parálisis económica sobre el tejido social. La reacción mundial de los distintos mercados de trabajo ha sido dispar.

La investigación del CETyD reseña que donde los mecanismos de protección del empleo son débiles o inexistentes, la principal variable de ajuste en 2020 fue -lógicamente- el empleo. Ha sucedido así en los Estados Unidos, como en el sector informal de Argentina. Debido a la fragilidad económica local, la intensidad ha sido mayor aquí.

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El caso contrario se verifica en lo sucedido en la Unión Europea y en el sector formal de Argentina, donde la destrucción de puestos de trabajo fue acotada porque, entre distintos factores que incidieron en ese resultado, los actores sociales acordaron reducir la jornada laboral y el Estado implementó un programa de políticas orientado a proteger los puestos de trabajo.

Allí, entonces, la principal variable de ajuste ante la crisis no fue el empleo sino la cantidad promedio de horas trabajadas por ocupado -reducida en Europa por medio de los acuerdos “short-time work” y en Argentina, por las suspensiones, en las que el Estado pagó parte de los salarios-.

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“La conjunción de las dinámicas diferenciadas entre los distintos segmentos ocupacionales determinó que a fines de 2020 los principales indicadores laborales vayan acercándose a los niveles previos a la pandemia, aunque sin alcanzarlos aún”, detalla el informe e indica que en el cuarto trimestre del año las tasas de actividad y empleo registraron mejores niveles que en el segundo, pero todavía continúan por debajo de los del cuarto trimestre de 2019, en tanto que la tasa de desocupación también continúa  en  niveles más  elevados respecto a un año  atrás. “En particular, la cantidad de trabajadores ocupados aumentó en 3,1 millones respecto de los valores observados entre abril y junio de 2020, pero continúa habiendo 865 mil menos que a fines de 2019”, asegura el texto.

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Exceptuando la administración pública, el empleo creció en todos los sectores entre el segundo y el cuarto trimestre de 2020. El crecimiento es desigual, ya que hay actividades que superan los valores previos a la pandemia, como la industria manufacturera (+15%), la construcción (+8%) o los servicios sociales y de salud (+7%). Pero, por otro lado, hay actividades que continúan con niveles de empleo marcadamente inferiores a los de fines de 2019, tales como hoteles y restaurantes (-36%), trabajo doméstico (-20%) o comercio (-11%).

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La evolución de la cantidad de personas ocupadas en países latinoamericanos, norteamericanos y europeos da cuenta de que las caídas más relevantes se dieron en Latinoamérica, donde hay más trabajo informal y cuentapropista. Al contrario, la situación fue contenida de manera más eficaz en los países desarrollados debido a la mayor proliferación de empleo formal en sus estructuras ocupacionales.

Argentina finalizó 2020 en una situación intermedia respecto a los países de la región. La caída del número de ocupados fue superior a la de Uruguay y Paraguay, pero inferior a Colombia, Perú, Brasil y Chile.

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La crisis económica produjo un significativo aumento de la pobreza durante 2020. Entre el segundo semestre de 2019 y el primero de 2020, el valor pasó del 35,5% al 40,9% y luego, en la segunda mitad de 2020, se ubicó en el 42%. Entre los motivos que explican este aumento en el segundo semestre de 2020 en relación a lo ocurrido en la primera mitad del año es posible identificar que, a diferencia de lo ocurrido en el primer semestre, los dos trimestres de la segunda mitad de 2020 estuvieron enteramente atravesados por la pandemia. A su vez, durante esos meses los ingresos de la población volvieron a quedar por detrás del aumento de precios. La progresiva recuperación económica y laboral que experimentó nuestro país durante la última parte de 2020 permitió una moderada disminución de la pobreza entre el segundo y el cuarto trimestre del año, que contrasta con el incremento que tuvo lugar entre el primero y el tercero. De todos modos y más allá de esta leve mejoría, la situación social que deja la crisis es alarmante.

El nivel general de pobreza tiene una importante correlación con las diferentes realidades que atraviesan los distintos grupos ocupacionales. Mientras que la proporción de empleadores y asalariados formales bajo la línea de pobreza se sitúa entre el 11% y el 15% respectivamente, los valores están cerca de triplicarse entre cuentapropistas y asalariados (41% y 43%) y se cuadruplican entre los desocupados (61%). Estas diferencias se acentuaron durante este año. En efecto, mientras que el 84% de asalariados formales mantuvo su ingreso durante la pandemia, entre los informales la proporción disminuye al 67% y entre los cuentapropistas, al 36%. Como se observa, en este caso también queda al descubierto la marcada fractura que atraviesa al mercado laboral en nuestro país y la incidencia que tienen la precarización y el desempleo sobre este fenómeno. “En definitiva, tener un empleo precario o encontrarse desocupado incrementa notablemente las posibilidades de ser pobre en nuestro país”, concluye el informe del CETyD. ♣♣♣

#PA.