De la pantalla al escaño: Las nuevas caras de la política

De la pantalla al escaño: Las nuevas caras de la política

Por Florencia Guerrero


El Dipy, Cinthia Fernández y Luciana Salazar, trabajan para ganase un lugar como voceros populares de la política vernácula, un espacio que ya conquistó Amalia Granata. ¿A qué apuestan los partidos políticos?

De mediáticos a influencers, de influencers a políticos o periodistas. La agilidad de la vida misma ya no sorprende, con la velocidad de la luz, la propia existencia humana cambia en menos de lo que canta un gallo, y una figura que llegó a cristalizarse en los pasillos de la fama por algún logro particular -salir con un famoso, casarse con un famoso, ser comediante, actriz o musicó-, parece con la posibilidad de alcanzar el crecimiento profesional en amitos que antes le eran impensados.

El fenómeno no es nuevo: Hay ex integrante de Gran Hermano liderando noticieros de prime time, humoristas candidatos a una variedad de puestos en el ámbito público y diputadas que alguna vez pidieron pista en el plató de Rial para contar sus romances con Robbie Williams. ¿Está bien o mal? Depende.

Pero vamos a lo nuestro, porque si algo nos está dejando la pandemia de Coronavirus es una galería variopinta de personajes, con voz propia. Entre ellos, uno de los que se le planta al oficialismo es El Dipy, un cantante de música tropical cuyo nombre real es David Adrián Martínez, nacido a la luz de la critica década del 80´ que llegó a la fama junto a su amigo “Fideo” Gavilán, con quien compartía parte de su tiempo en las bailantas, en sus tiempos de juventud. Con el tiempo llegaría la versión solista del cantante, que ahora critica al gobierno sin prejuicios y gracias a eso, se metió en la programación de Radio Rivadavia, que entre sus filas tiene a Baby Etchecopar, Luis Majul, Nelson Castro y Eduardo Feinman.

Envalentonado con la noticia, esta semana el músico volvió a cargar contra la gestión Albertista, tras haber criticado el aumento del precio de la carne y a la opción estatal, poblada de grasa, esta vez habló en la televisión sobre la campaña de vacunación para combatir dl Covid-19: “Lo de las vacunas es un circo”, decretó el cantante de cumbia que además aseguró: “Que sale el avión, que viene, que llora la azafata… Y al paso que vamos, van a vacunar a todo el país en 14 años. Les gusta el show. Este Gobierno es un show”. Todo un analista de la magra comunicación del gobierno que, a diferencia del Kirchnerismo, no tiene un núcleo duro de la cultura que lo banque.

¿Cómo que no? No. Si bien Pablo Echarri o Florencia Peña han salido a responder campañas en su contra, Alberto Fernández no se ha interesado ni trabajó, ni busca un vinculo con esa parte sensible del campo de lo popular, que en silencio tampoco quiere salir a respaldarlo cien por ciento. Para que quede claro: no hay actores dispuestos a dilapidar su capital de credibilidad por esta gestión.

Pero sigamos con El Dipy, que ya ha dicho que la política es un ámbito que le parece “interesante”: “Acá es todo River o Boca. No existe un Independiente o Racing. Acá sos kirchnerista o sos de Macri. Y los kirchneristas necesitan esa grieta todo el tiempo porque si no tienen con quién pelear, no funciona. Conmigo les pasó que pensaron que era pobre, cantante de cumbia y peronista, pero con lo último le erraron. Entonces quedaron medio descolocados”.

Con una mezcla de doñarosismo y honestidad brutal, el musico analizó: “Me mandan a estudiar porque, como tuve que salir a laburar, no pude hacer la secundaria. Y Máximo (Kirchner) aumentó su patrimonio un 50%, cobra 292 palos y no tiene estudios. (Martín) Sabbatella no tiene estudios y fue intendente de Morón. Son buenos a los que piensan como ellos”. Fuerte pero tan real que duele.

Pero no todas son rosas para El Dipy, que también pelea contra el prejuicio de sus propios compañeros en la radio. Esta semana, un reconocido periodista de la emisora se quejó con los directivos por compartir la campaña callejera con el cantante popular, y le tuvieron que hacer acordar que están todos del mismo lado de la vereda.

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La bailarina que llega al corazón

La vida de Cinthia Fernández es extensa, aunque solo reviste 32 años. Madre de tres niñas, la joven trabajó en teatro y televisión como bailarina, vedette, actriz y ha expuesto ampliamente sus dotes como panelista, aunque lo suyo hace años sea más que nada el rol de influencer, que le garantiza el pan de cada día.

Pues bien, luego de las peleas con el padre de sus niñas, y varias quejas a la justicia, muchas veces injusta con el rol de las madres, en junio pasado recibió la propuesta para iniciar una carrera como candidata a diputada en las legislativas de este año. Lo pensó en silencio y esta semana aceptó en público el reto, dentro del partido Unite, que ya tiene como legisladora a su colega Amalia Granata.

“No tengo una formación política, pero también hay mucha gente en la política que no la tiene y que está ahí por familiar de…”, explicó la artista, en alusión a Máximo Kirchner, a quién tal como Dipy, terminó nombrando en el programa de El Trece donde trabaja.

Lógicamente, Fernández comentó que quiere trabajar en las cuestiones de familia, como el tema de la ley de adopción. No es un tema que le sea ajeno, hace algunos años, cuando participaba en Gran Hermano, contó que era nieta del cantante Horacio Guarany. Ese drama o la denuncia de violencia hacia el capo cómico Tristán la catapultaron a la fama, luego se construyó como referente.

“Yo intenté acercarme a Horacio y su respuesta fue de poco hombre. Me dijo que mi madre podía ser hija de cualquiera. Sus respuestas fueron bastantes desagradables”, dijo la joven que con el tiempo construyó un perfil en las redes altamente interesante para las marcas, que hoy constituyen su principal sostén económico, aunque prometió ponerse a estudiar Ciencias Políticas ya mismo.

Algo parecido pasó en el 2019 con Luciana Salazar, la sobrina de Palito Ortega que de golpe y porrazo empezó a tuitear análisis políticos y alguna que otra posta sobre la situación de ciertos políticos macristas. Incisiva, al punto que llegó a autodenominarse “influencer política con fuentes confiables”, la actriz opinó sin vergüenza de casi todo, aunque desde que asumió Fernández, pasó a las sombras. A pesar de eso, a quién le pregunte, le dice que ella aspira a ser presidenta de los argentinos.

Así las cosas, las muestra valen más que un botón. Artistas, deportistas, músicos y muchos más, aparecen en el firmamento de las directrices del país, con la intención de ganar terreno. ¿es circo o tienen algo para dar?

Por ahora, Granata, una de las pocas con un conchabo estable en la Legislatura santafecina, ha demostrado que con paciencia pudo ponerse al frente de la voz de los anti derechos. Con ganas y esfuerzo, fue vocera de los opositores de la ley del Aborto legal y aunque terminó perdiendo, un poco ganó ante sus votantes.

Del otro lado de la vereda, al humorista Miguel del Sel, la cosa no le resultó muy amigable: acostumbrado a una realidad de éxitos con Midachi, fue dos veces candidato a gobernador por la provincia de Santa Fe en 2011 y 2015 con el Macrismo, y las dos veces perdió ¿Será la tercera, la vencida?

Nadie lo sabe. Pero ante un cambio de perfil de lo político, cada vez menos empático con su electorado, el terreno parece prospero para los oportunistas mediáticos, habidos de certezas económicas y sin plataformas serias, por ahora. Como muchos de los que llegan por la política, sin interés en la gestión. ♣♣♣

#PA.