Apurar la agenda propia

Apurar la agenda propia

Por Lucía Sabini Fraga


El discurso de Alberto en el Congreso: repaso de lo realizado y anuncios para 2021. Críticas al Poder Judicial, al Fondo Monetario Internacional y quienes hicieron posible el ruinoso acuerdo con el Organismo. Autocrítica por la crisis de la distribución de vacunas y la intención de pasar la página de la pandemia para abocarse de lleno a las serias dificultades que enfrenta el país.

La sesión de apertura de este lunes 1ro de marzo comenzó alrededor de las 11.30 de la mañana y fue presidida por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, también presidenta del Senado.

Acompañada por Sergio Massa, el presidente de la Cámara de Diputados, y luego de las instancias protocolares habituales, se apersonó el primer mandatario quien leyó un discurso que rondó las casi dos horas de duración.

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Critica y autocritica

A menos de tres meses de asumir como presidente, Alberto Fernández dio su primer discurso en la apertura de la Asamblea Legislativa en el Congreso de la Nación en marzo pasado: nadie se esperaba -mucho menos la incipiente gestión- que tendría que modificar todas esas intenciones casi 15 días después a causa del estallido de la pandemia del COVID-19.

Para este 2021, que parece comenzar algo mas predecible que el caótico 2020, el discurso presidencial intentó retomar la senda del programa político del Frente de Todos y volver a unir a la dispersa tropa. Para eso, recordó en que estado asumió su gobierno y resumió el infierno macrista con una de las primeras analogías poéticas del mediodía: “Debíamos enfrentar el incendio sabiendo que otros habían terminado con el agua”.

El presidente realizó un repaso de las decisiones en materia de salud y políticas sanitarias de cara a la pandemia, así como la incorporación de medidas para los sectores más afectados por las políticas de confinamiento; tal fue el caso del IFE -Ingreso familiar de emergencia-, la suspensión del corte de los servicios públicos, la doble indemnización para despedir trabajadores o el ATP -Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción-. Posteriormente, complementó esos logros con los objetivos para este año: inversión estatal y desarrollo, federalismo, vivienda y educación para los más postergados. La pelea contra la inflación, las políticas de cuidado y primera infancia, la cuestión energética, o el financiamiento educativo, también tuvieron sus párrafos aparte.

Por supuesto, el escándalo del Vacunagate no podía ser eludido: Alberto prefirió la estrategia de asumir el fuego amigo como error, en vez de mirar para otro lado. Era una jugada predecible: la cabeza del exministro Ginés González García rodó al poco rato de que las palabras de Horacio Verbitsky destapasen la olla. “Cuando se dijo que aquellas reglas habían sido transgredidas me encargué de recabar la información pertinente, y aun cuando en lo personal me causaba mucho dolor, tomé las decisiones que correspondían”, dijo el mandatario.

Aprovechó el momento de la autocrítica para dejar claro que no todo señalamiento es bienintencionado, y así confrontar con la línea opositora más dura, que intenta corroer a cualquier precio la confianza ciudadana en el gobierno: “No llegué a la presidencia para dejarme aturdir por criticas maliciosas, que responden a intereses inconfesables de poderes económicos concentrados que en ocasiones buscan sembrar la fractura, la polarización y la discordia” expresó mientras se escuchaba en el recinto un aplauso cerrado.

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El plato fuerte

Luego de semanas de fuerte desgaste, el gobierno necesitaba un contrataque. Lo encontró aparentemente de la mano del maldito endeudamiento: la acusación directa sobre el expresidente Mauricio Macri fue un suspiro de alivio para los propios y un movimiento inquietante de sillas para la oposición. “Es necesario que endeudarse no sea gratis y que los responsables rindan cuentas de sus actos y dejen de circular impunes dando clases de economía en el país y en el mundo” expresó un Alberto con tintes cristinistas.

Increíblemente, luego del bochornoso acuerdo de Cambiemos con el FMI -Fondo Monetario Internacional- no hubo ninguna consecuencia penal concreta ni prácticamente política para con sus responsables. Pero para el Estado argentino sí hubo un antes y un después: logró un récord en la obtención de deuda externa a través de préstamos fraudulentos -en tiempo y cantidad- por una cifra de 44.000 millones de dólares que fueron dilapidados en pocos meses y que pesan sobre las actuales renegociaciones.

En política, no sólo los logros ayudan a cohesionar; también es necesaria la confrontación clara contra un adversario que sabe cómo lastimar. Un pedido que hace rato se rumiaba, salió finalmente a la luz. “He instruido a las autoridades pertinentes que formalmente inicien una querella criminal tendiente a determinar quiénes han sido los actores y participantes de la administración fraudulenta y la mayor malversación de caudales que nuestra memoria recuerda“, dijo Fernández y el recinto estalló en aplausos que dieron diputadas y diputados directamente de pie.

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“El poder judicial de la Nación está en crisis”

El discurso presidencial encadenó tres ejes importantes, no por casualidad. En relación con la seguridad y las fuerzas policiales y federales -además de mostrar avances en la lucha contra el narcotráfico o el mejoramiento salarial-, Fernández tiró otro tiro por elevación a la doctrina Chocobar: “Las fuerzas federales son auxiliares del Poder Judicial. Las fuerzas de seguridad no son juezas de la sociedad”.

Acto seguido, se dio lugar a describir los logros en políticas de género, con el primer año en funciones del flamante Ministerio de las Mujeres. Se habló de la Ley Micaela y del Derecho a la Interrupción Voluntaria del Embarazo -recientemente votado en ese mismo Congreso-; pero sobre todo se destacó la preocupación por la ininterrumpida violencia de género. El presidente equiparó esta preocupación con el histórico lema “Memoria, Verdad y Justicia” ya convertido en política pública y, sobre todo, en memoria viva de la sociedad. En dos de los últimos femicidios, los asesinos eran miembros de las fuerzas estatales de seguridad.

La crítica al sistema judicial fue el tercer elemento de esta triada. “Es el único poder que parece vivir en los márgenes del sistema republicano” describió lapidariamente Fernández. Si bien el tema no parecía una novedad -puesto que la reforma judicial fue un anuncio hecho con bombos y platillos en marzo pasado- la necesidad de reformar el funcionamiento y atribuciones de los magistrados pareció volver y con más fuerza. Llamó “privilegiados” a los jueces, denunció un “sistema perverso”, la falta de rigurosidad en los procedimientos y la existencia cada vez más nítida de procesos de “judicialización de la política”. Se refirió sin nombrarlo al fiscal Carlos Stornelli y dijo lo que ya sabemos todos: que tiene poder, y lo usa a su favor.

De cara a lo que los “sótanos de la democracia” tienen bajo sus sombras, el presidente anunció el envío de un proyecto de ley para reformar el funcionamiento del recurso extraordinario ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, así como del funcionamiento del Consejo de la Magistratura.

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En el tramo final, el discurso también invocó a la lucha por las Malvinas y la persistencia en las políticas de Derechos Humanos ligados a los crímenes de la última dictadura militar. En el plano internacional, revindicó el papel jugado ante el golpe de Estado en Bolivia y se manifestó con altas intenciones de volver a darle vida a los órganos regionales como la CELAC -Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe-. “Nuestro presente y nuestro futuro es con la Patria Grande” resumió.

Antes de cerrar, el mandatario eligió dar un guiño al propio espacio gobernante -espacio que ha mostrado su heterogeneidad en cada debate nacional, lo cual ha sido oportunamente aprovechado por la oposición-. “Hay quienes se sorprenden de que haya diferentes opiniones dentro de nuestro gobierno o de nuestra fuerza política. Cuanta mayor unidad haya en pos de la reconstrucción argentina que lleve a un desarrollo integral, mayor diversidad habrá en esa unidad. La unidad es sinfónica” anunció musicalmente Alberto.  

Una versión pandémica de “La Patria es el otro” se tornó en “Cuidarse es cuidar a otro” para hacer alusión al rol del Estado en el escenario actual. Un discurso que intentó, en definitiva, abrir un nuevo capítulo; dejando -un poco- atrás la exigencia de improvisar ante una pandemia que todo lo arrasó y haciendo foco en un programa amplio, ambicioso y por momentos, contradictorio. Será hora (ahora) de chocar de frente con los problemas que siempre estuvieron ahí: ¿Cómo saldrá de esa? ♣♣♣

#PA.