Al final, nadie sabe qué hay que hacer

Al final, nadie sabe qué hay que hacer

Por Lucía Sabini Fraga


Esta semana un increíble cruce entre los países nórdicos llamó la atención mediática acerca del tratamiento sanitario que los distintos países le propiciaron a la pandemia. El continente americano sin receta.

El pasado miércoles, fue noticia en todos los medios las declaraciones del principal epidemiólogo y jefe de área a nivel nacional de Suecia, Anders Tegnell, quien admitió que se deberían haber implementado mayores restricciones desde el inicio de la propagación del virus para evitar el abultado número de fallecidos. Hasta este jueves, el país de Abba y el premio Nobel tenía en su haber 41.883 casos y 4562 muertos; siendo –en proporción a su población– el séptimo país del mundo con mayor tasa de defunciones por esta enfermedad, después de Bélgica, Reino Unido o España. “Podríamos haberlo hecho mejor de lo que hicimos”, aseguró Tegnell en una entrevista a la radio pública de ese país.

Suecia definió a principios de marzo (cuando estalló el virus en Europa) un esquema laxo y una cuarentena sugerida: no se cerraron locales, aunque sí se impulsó el trabajo desde el hogar –para quienes pudieras efectuarlo; generalmente profesionales blancos y rubios– no así los miles de inmigrantes con trabajos de servicios, quienes continuaron normalmente transitando las calles. En el área educativa, el esquema fue mixto, y tanto la escuela primaria como el nivel inicial continuaron desarrollándose, mientras que se suspendieron los secundarios y universidades. Por otro lado, la Agencia de Salud Pública (FHM) –que se maneja con fuerte autonomía respecto al gobierno de turno– instó a la población a evitar los viajes internos y suprimir las visitas a personas mayores, quienes se mantuvieron mayormente encerrados en sus hogares. Pese a la disciplina social, los números de contagio fueron imparables.

Por otro lado, intentar evitar la caída de la actividad económica fue una tarea con escaso éxito, y como en todo el resto del mundo, los índices más significativos cayeron estrepitosamente: una baja del 6.8% de su PBI y una estimación del desempleo que llegaría al 10%. Fiel al estilo sueco, Tegnell fue bastante cuidadoso y además de reconocer que la estrategia utilizada quizás no fue la mejor, también destacó el hecho de que realmente no hay seguridad acerca de qué modelo será (con ojos a futuro) el más exitoso.

Pero la sorpresa de que el gobierno sueco hiciera pública por primera vez una crítica hacia sus propias decisiones, no fue la única novedad desconcertante de las últimas jornadas.

Dos días antes, la directora del comité de expertos en la Dirección de Salud de Noruega, Steinar Holden, afirmó en una entrevista que de surgir una nueva ola de contagios, evitarían la cuarentena –medida que optó el gobierno noruego tempranamente y con la cual se diferenció rápidamente de su vecino país–. “Recomendamos un enfoque mucho más ligero”, dijo Holden con el diario del lunes y alarmada por las consecuencias económicas del aislamiento y el freno a la economía. La semana pasada la primera ministra noruega Erna Solberg, ya había admitido en una entrevista televisiva que la decisión del cierre de escuelas a causa del coronavirus, se tomó por miedo y algo de pánico. Vaya paradoja, que cada país considere ahora pertinente el modelo de su vecino.   

“Las medidas que pusimos en vigor el 12 de marzo han tenido consecuencias bastante pesadas sobre la economía: estimamos el efecto de todas ellas en 27.000 millones de coronas (equivalente a 2.780 millones de dólares) al mes”, dijo preocupada la especialista noruega Holden. Sin embargo, lo que se ganó fue en vidas humanas; porque ese país apenas tiene 8.488 casos y sólo 238 víctimas fatales; números francamente distintos que Suecia. Por supuesto, también habrá que evaluar si la vuelta a la apertura no deparará una nueva oleada de contagios.

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Las críticas de un lado y del otro abundan en todas las latitudes. Este lunes 1 de junio comenzaron a abrirse las instituciones educativas en Reino Unido; también se permite la actividad deportiva y se habilitaron reuniones de hasta seis personas en espacios públicos o privados al aire libre –siempre y cuando se cumpla el distanciamiento social–. Si bien las cifras diarias que tenía Inglaterra para tomar la decisión eran las más bajas desde que comenzó a extenderse la epidemia de COVID-19, lejos estaban del ansiado número cero.

En conferencia de prensa, ya el Ministro de Salud Matt Hancock, aseguraba que el gobierno estaba preparado para “volver a imponer medidas, si es necesario”, en caso de que repuntasen los niveles de transmisión del virus. Dicho y hecho: los números automáticamente volvieron a aumentar y el día martes se registraron 324 muertes, cuando los días anteriores apenas superaban los 110. Previo a la decisión gubernamental de relajación de las medidas de aislamiento, la Asociación de Directores de Salud Pública de ese país, emitió un comunicado poco alentador asegurando que “los directores de salud pública estamos cada vez más preocupados de que el gobierno esté juzgando mal este acto de equilibrio y levantando demasiadas restricciones, demasiado rápido”.

Por su parte, ya Escocia, Gales e Irlanda del Norte habían decidieron hacer la suya y no se plegaron a todas las nuevas medidas de reapertura del gobierno central. En definitiva, no hay acuerdo en cuál sería la decisión correcta sobre los tiempos pandémicos.  

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En nuestro continente, la actitud negadora de Jair Bolsonaro respecto a la expansión del virus y la cantidad de contagiados y muertos, le valió duras críticas internacionales e internas, así como la renuncia de ministros y la ruptura de alianzas parlamentarias. En Chile, Sebastián Piñera dio marcha y contramarcha de manera reiterada en relación a las cuarentenas y su función social; a esta altura, ya nadie tiene muy claro qué comuna tiene cuarentena, cual no, cuánto durará ni qué medida tiene pensado tomar el gobierno próximamente.

En las tierras argentinas, los anticuarentena ya no tienen tantos países de referencia para argumentar lo que consideran un error local. Lo que tampoco está en duda, es que en algún momento la cuarentena deberá ceder y dar lugar a las otras prioridades en materia económica y deudas sociales. El día después está cada vez más cerca.    ♣♣♣

#PA.

Viernes 5 de junio de 2020.