Rovira, el ordenador del tiempo

Rovira, el ordenador del tiempo

Por Fernando Oz

La fotografía del helicóptero presidencial pasando sobre la Casa Rosada, que tomé con el celular, me generó un desagradable déjà vu. Sentí el desabrigo de un Estado que pareciera estar en permanente situación de contingencia. Sucedió la otra noche, de camino hacia el departamento, después de una reunión que se alargó en la editorial.

A las tres cuadras un amigo de la renovación me llamó para preguntarme si tenía el escrito del discurso que días antes había dado Carlos Rovira ante funcionarios y adherentes del partido que lidera. Le contesté que lo tenía en mi correo electrónico, pero que no lo había leído porque había preferido verlo en un video que me había pasado una fuente.

Rovira es esa clase de personas a las que hay que escuchar y ver. Si sus discursos fuesen debidamente editados, primero serían legibles y después fabulosos. Mantiene una constante: una entrada dificultosa y la seca salida de quien no tiene más ganas de decir ni una palabra más. Pero la sustancia de la pulpa es inapelable.

Mi amigo también quiso saber qué opinión tenía sobre el contenido de la conferencia. Caminar de noche con el celular pegado en la oreja por el centro porteño no me pareció una buena opción y decidí despacharlo rápido. Le dije que la primera impresión fue positiva y que de una manera diplomática, Rovira había mandado a laburar a una nutrida manga que vagos que hay en el Gobierno y en los municipios, porque todos saben que los únicos que se pusieron la gestión de la pandemia al hombro fueron Oscar Herrera Ahuad y tres o cuatro funcionarios más.

Algunos están más preocupados en sacarse fotos para las redes sociales y en disfrutar de los privilegios de pertenecer, que en atender las diversas problemáticas de los ciudadanos. Hacen militancia en red como si la administración de la cosa pública pasara por un like. En resumidas cuentas, el principal mensaje del jefe de los renovadores fue: salgan a laburar porque hay elecciones y tenemos que defender el territorio.

“Pero si nos esforzamos un poquito más, ajustamos la gerencia de los actos públicos en una repasada rápida, sin lugar a duda estoy convencido que podemos sorprendernos de los resultados; podemos duplicar nuestros actos para la gente”, había dicho el presidente de la Legislatura.

Y también citó a Winston Churchill: “Obviamente yo veo y ustedes lo saben, ustedes también ven decaimiento, brazos caídos, andar despacio, mirar para el costado cuando hay un problema. O pedir plata, el famoso no tengo plata o recursos. Sangre, sudor y lágrimas”.

Claro está que a mi amigo no le gustó mi apresurado comentario. Tampoco se enojó, él sabe que no soy parte del rebaño de obsecuentes y que no tengo necesidad de mentirle. Colgué mientras cruzaba la avenida Corrientes, sin esperar que el semáforo se colocara en verde, donde después de las veinte hay más carros de cartoneros que automóviles. Un país en permanente situación de contingencia.

***

Rovira aprendió a manejar el tiempo, es el ordenador del tiempo, quien maneja el reloj en la Tierra Sin Mal. Realizó un artesanal trabajo de curaduría sobre los símbolos en los que se reconocen los misioneros, los alineó en fila, y los hace perdurar en el tiempo.

Esa permanencia en el tiempo no es producto de la resignificación de lo simbólico, sino de la adaptación, y no me refiero al refresh. El elector percibe en la Renovación el símbolo de lo duradero, un reconocimiento a una administración que supo adaptarse a los tiempos. Mérito que no supo conquistar la oposición, que simboliza la política de lo vacío.

Mientras la Renovación genera sentido y funda comunidad, es decir el sentido de pertenencia que da estabilidad a la vida, la oposición radicaliza la permanente sensación de la contingencia. De un lado, hacen del mundo un lugar fiable y habitable en el tiempo. En cambio, en la otra vereda se ejercita el flujo de una inconsistencia que se precipita sin interrupción, y el tiempo que se precipita sin interrupción no resulta un lugar habitable.

Es por eso que la cuestión de la alternancia en el poder es materia de debate. Al fin de cuentas, al menos en las democracias, es el elector quien decide sobre las alternancias. Sacando de la bolsa a quien tiene un interés legítimo, los únicos que apuestan a los estados en contingencia son los que ganan con la timba financiera, los capitales especulativos. “El poder está en la gente”, repite le conducteur.

La Renovación mantiene un ritual evolutivo que pelea contra lo volátil. Así lo demostró durante la primera y segunda etapa del kirchnerismo, con el macrismo, y ahora con el nuevo kirchnerismo. Para sostener esa postura, el ordenador del tiempo reafirma la identidad, lo simbólico: “Misiones no solo tiene autoridad, tiene carácter en lo político”.

A Rovira le preocupa el tiempo, por eso busca ordenarlo. Se para en el presente, recorre el pasado, mira al futuro. Así lo hace cada vez que habla en público. Poner la lupa en su último discurso me pareció cosa del datito chico, lo público, para la “noticia” del momento, del instante, lo que se dice para que se sepa. Quien dedique una mañana a escuchar tres o cuatro de sus conferencias, no importa de qué fecha, entenderá porqué le preocupa el tiempo.   ♣ ♣ ♣

#PA.