Política de proximidad, apuntes de una tesis neo-renovadora

Política de proximidad, apuntes de una tesis neo-renovadora

Por Fernando Oz

La siempre oportuna Fundación Internacional para la Libertad (FIL), un think tank de la derecha liberal, aprovechó el excepcional estado de pandemia para arremeter contra los gobiernos de centro izquierda como los de España, México, Venezuela, Cuba, y Argentina. Sucedió hace algunas semanas cuando difundió un duro manifiesto firmado por varios ex mandatarios como José María AznarErnesto ZedilloÁlvaro UribeLuis Lacalle Pou y Mauricio Macri, entre otros políticos y pensadores de centro derecha como Mario Vargas Llosa.

Entre otras críticas, el documento dice que “en varios países impera un confinamiento con mínimas excepciones, la imposibilidad de trabajar y producir y la manipulación informativa”. También añade que algunos gobiernos “han identificado una oportunidad para arrogarse un poder desmedido. Han suspendido el Estado de derecho e, incluso, la democracia representativa y el sistema de justicia” y que “se utiliza el Grupo de Puebla para atacar a los gobiernos de signo distinto”. Y que “a ambos lados del Atlántico resurgen el estatismo, el intervencionismo y el populismo con un ímpetu que hace pensar en un cambio de modelo alejado de la democracia liberal y la economía de mercado”.

Desde el Grupo de Puebla, un foro político y académico integrado por políticos y líderes sociales de centro izquierda, recogieron el guante. No tuvieron que pensar mucho, la respuesta se encontraba servida sobre la mesa: La administración de la pandemia de los gobiernos nada progresistas de Boris JohnsonEmmanuel MacronDonald TrumpJair Bolsonaro, y Sebastián Piñera, siguen dando resultados desastrosos. Los números de fallecidos por COVID-19 no dejan lugar a más.

La derecha y la izquierda no pudieron ni acordar una respuesta adecuada al coronavirus. Ninguno parece haber advertido que tanto los conservadores como los progresistas tienen la misma probabilidad de contraer coronavirus, incluso morir.

Por un lado, todo hace suponer que el mundo post pandemia estará marcado por la conflictividad social. Por el otro, se observa un marcado debilitamiento de los parámetros de la globalización y las organizaciones internacionales parecen haber entrado en una suerte de autismo.

Estados Unidos, Rusia y China se encerraron en sus problemáticas, dejando de lado –al menos por el momento– el rol que mantenían en el mundo. La Unión Europea no logra dar respuestas y las diferencias entre el norte y el sur quedaron expuestas al igual que a principios del siglo pasado. Las Naciones Unidas y la Organización de Estados Americanos no van más allá de enunciados irrelevantes, ni qué decir del Mercosur.

Las olas de protestas que azotan la aldea global, no se deben solo a problemáticas comunes que atañen a toda la humanidad, como por ejemplo la cuestión ambiental o la igualdad de derechos. Los ciudadanos también tienen preocupaciones que están exclusivamente relacionadas a sus comunidades, y que no son fácilmente traducibles al conflicto entre izquierda y derecha.

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En el horizonte de este desafinado concierto de incertidumbres de un mundo de complejas democracias, aparecen nuevas alternativas políticas que pueden jugar un importante papel moderador. Se trata de los mal llamados “localismos”.

Sucede que las opciones políticas locales han logrado mantener posiciones moderadas en un contexto en el que los partidos nacionales empujan a sus miembros hacia posturas cada vez más extremas. El electorado más joven observa que la política local polariza menos que la nacional y que los partidos locales son ideológicamente más plurales.

El gobierno de Alberto Fernández no logra salir del discurso de la grieta. El oficialista Frente de Todos y la oposición del conglomerado que dirige Mauricio Macri vuelven a polarizar al país. Frente a esta historia conocida, la política de cercanía –principal virtud de los partidos provincialistas– adquiere un valor singular.

En la Tierra Sin Mal el fenómeno de esa política de cercanía ha ido evolucionado hasta la consolidación de un nuevo localismo, que no es otro que el Frente Renovador de Concordia. La renovación fue el resultado de la reacción social frente a la diversificación de las demandas sociales, a la incertidumbre de la globalización de la economía, y a la crisis de legitimidad de los partidos políticos tradicionales.

Podría decir que la neo-renovación –evolución pragmática del Frente Renovador– ha inaugurado un modelo único y singular de administración de proximidad. Esta tesis –de la cual no me explayaré por el momento– postula que en un entorno cada vez más polarizado y diversificado, la ejecución programada de una política de cercanía es la que sostiene una administración de poder sobre la base de un electorado que es constantemente bombardeado por factores exógenos de un mundo globalizado.

En ese sentido, la disruptiva dinámica de la neo-renovación deberá mantener el equilibrio y tomar distancia de las diferentes vertientes de la política nacional. Pero, especialmente fortalecer las políticas de cercanía –lo que ellos llaman “estar cerca de la gente”– ante un evidente escenario de politización del mundo local.

Las nuevas alternativas políticas generan espacios para acuerdos de cara al futuro inmediato de la pos pandemia y permite que la política no se reduzca a la rivalidad entre bloques irreconciliables. Eliminar lo local del debate político nacional, significa dinamitar un dique efectivo para contener la dañina polarización.    ♣♣♣

#PA.

Domingo 21 de junio de 2020.