La opoberreta, los trolls y otras minucias

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Por Fernando Oz

Carlos Rovira cree que la cuarentena no debe ser para su ejército renovador. Así se los dijo a un grupo de lugartenientes, entre los que se encontraban funcionarios del gobierno y referentes del partido. Oscar Herrera Ahuad no logró llegar a la reunión porque se encontraba reclamando plata por los pasillos de la Casa Rosada y el estacionamiento de la Quinta de Olivos, donde Dylan orinó sobre uno de los neumáticos de su auto. El amplio lugar donde se realizó el cónclave permitió que los asistentes respeten las medidas sanitarias, sin embargo, no faltaron los abrazos al finalizar la reunión.

“Todos deben salir a trabajar, no es momento para estar en sus casas. No debería haber excusa. Lo hablamos con el Gobernador, los otros días; la gente está mirándonos, quiere respuestas. Hay que hacer política publica, hay que estar más cerca que nunca de la gente”, dijo el presidente de la Legislatura. Durante las casi dos horas y media que duró la reunión, bajó el mismo discurso media docena de veces; el tiempo restante los acaparó el sueño de una Silicon Valley propia en la Tierra Sin Mal.

En resumen y sin tanta pompa, le Conducteur pidió que salgan a laburar, que dejen de estar de vacaciones y no pongan pretextos. También les encomendó que gestionen en Buenos Aires todo lo que puedan; es decir que pidan recursos, plata, obras, planes, lo que sea.

Algunos creen que el reclamo para que los funcionarios laburen más, se debe a que Rovira cree que el Frente de Todos prepara el terreno para disputarle el territorio a la renovación y por lo tanto hay que mostrar más gestión. Otros dicen que en realidad lo que observa es la importancia de la crisis económica y la crítica situación que se vive en los barrios más vulnerables de la provincia. Sea como haya sido, la política no se toma cuarentena.

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Ricardo Wellbach, hombre cuya principal virtud es el de guardar secretos, ya tendría en su bolsillo derecho la mitad de la promesa de encabezar la lista de diputados nacionales del próximo año. Para conseguir la otra mitad tendría que pasar una serie de postas, nada que no pueda superar el paciente y hábil penitente.

El diputado sería el hombre del consenso entre la renovación y el Frente de Todos. La extensa agenda de contactos de su celular es conocida por muchos políticos y operadores de importante trayectoria, y él sabe sacarle lustre.

Algunos sonríen de mala gana cuando miran el ascenso de Wellbach, son los mismos que opinan que sería de mayor utilidad en la provincia que “yendo y viniendo a Buenos Aires”. Otros creen que no hay mejor conseiller que él, por que seguramente seguirá sumando kilometraje durante un buen tiempo.

Habrá que ver qué sucede, son varios los que tienen ganas de estar una temporada en la Ciudad de la Furia. Según dicen en los pasillos de las intrigas palaciegas de la Tierra Sin Mal, en el entorno del diputado correcaminos hay algunos enojos. Lo acusan de no haber cumplido ciertos pactos. Mientras tanto, el reloj de arena corre para el diputado. 

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Todo indica que un nuevo foco rebelde se encuentra floreciendo en el radicalismo de la provincia. No se trata del mini pelotón de revoltosos que impulsan algunos cortesanos de la renovación, sino de un importante grupo de correligionarios que dicen estar “cansados” de las “estupideces” de Gustavo González.

Según se lee entre los mensajes de un grupo de WhatsApp recientemente armado, el diputado provincial: “parece un pendejo de secundaria”. También lo acusan de “jugar a la pelota solo” y que “hace cualquier cosa para llamar la atención”.

En la discusión digital explican que hoy la oposición debe salir a la palestra aportando ideas para solucionar lo más rápido posible la crisis y propiciar un mayor debate político. Sorpresivamente, uno de los whatsapperos planteó la idea de hacer una autocrítica por el rol del radicalismo durante la desastrosa gestión de Mauricio Macri.

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El deslucido rol de la oposición –si es que se la puede llamar de esa manera– debería ser motivo de reflexión y discusión entre la dirigencia y sus bases. Algunos de ellos han mantenido comportamientos que resultan indignos frente a la situación de pandemia. Me parecería hasta de mal gusto publicar los nombres de los dirigentes de Juntos por el Cambio que se ponen a embarrar con sus propias chanchadas al gobierno nacional, aquello en el mejor de los casos; porque también están los cobardes que se dedican a generar y divulgar noticias falsas sin dar la cara ni poner la firma.

Pero ojo, no seamos hipócritas. Las fake news no comenzaron ni se incrementaron con la pandemia, tampoco son una exclusividad de determinados sectores de la oposición. En algún momento alguien debería investigar y sacar a la luz la ruta del dinero con el que se financian portales que se dedican a la difamación y a la propagación de mentiras. De algún lado sale la platita para montar estructuras fantasmas y ejércitos de trolls.

Hasta que no tocaron a uno de los suyos, desde el oficialismo no habían cacareado tanto por la abundante contaminación de noticias falsas. Por respeto a la libertad de expresión, de prensa, y en definitiva a la propia democracia, toda la clase política debería hacer algo sobre el asunto.

La palabra –ya sea a favor, en contra, disidente a las demás posturas, o incluso equivocada– se sustenta con la firma, con los años y con la credibilidad. Un medio es un servicio público fuera de cualquier gobierno. En ese sentido, soy de los que creen que la misma transparencia que se pide sobre cualquier acto de gobierno, hay que exigírsela a los medios de comunicación. Ya no es suficiente saber quién se encuentra al frente de la línea editorial de tal o cual medio, también se debería saber cómo se financian, quién es el amo que les da de comer.   ♣♣♣

#PA.

Miércoles 20 de mayo de 2020.
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