El Capitán B(v)eto y la palabra empeñada

El Capitán B(v)eto y la palabra empeñada

Por Fernando Oz

El valor que le damos a nuestra palabra no sólo define quiénes somos, sino que también cómo será nuestra relación con los demás. De ella dependerá nuestra credibilidad, es decir el grado de confianza que nos merecemos. En el tiempo, la palabra es la mejor tarjeta de presentación. En definitiva, es la palabra lo que da un significado especial a la existencia del hombre.

Miramos el corazón de la gente”, dijo el presidente Alberto Fernández el viernes último en el Estadio Único de La Plata. En el moderno palco se encontraba la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el gobernador bonaerense Axel Kiccilof y su vicegobernadora, Verónica Magario; el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, y el jefe de la bancada oficialista Máximo Kirchner.

Con el acto, Fernández buscó enviar un mensaje de unidad del frente gobernante y abrir la puerta al año electoral que se avecina. En Argentina, las elecciones legislativas de medio término suelen ser plebiscitarias; un buen resultado en las urnas, además de fortalecer la posición en el Congreso, resulta una suerte de cheque en blanco para los dos años siguientes de mandato.

El tramo final del discurso presidencial, el desenlace, se basó en la palabra empeñada. “Miramos el corazón de la gente”, repitió dos veces más antes de decir que siente que “en medio de semejante crisis hemos podido ir asumiendo las promesas que hemos asumido”.

Cuando fue el turno de Fernández, los principales canales del país transmitieron el acto como si se tratara de una cadena nacional. “Claro que nos quedan temas pendientes, claro que sí”, enfatizó, mirando hacia algún punto fijo que se encontraba por arriba de los funcionarios, sindicalistas y demás invitados que se encontraban sentados sobre las sillas plásticas que habían sido ordenadamente acomodadas sobre el césped de la cancha de fútbol.

Fernández, tal vez, miraba hacia el corazón de la gente que lo miraba por televisión. “Estoy seguro que tenemos deudas pendientes. Y las vamos a ir, poco a poco, cumpliendo. Porque si hay algo que tenemos es palabra”, continuó.

El discurso se arrimaba a la fe que Kant expuso en la obra Metafísica de las Costumbres. “Porque si hay algo de lo que me jacto es de no mentir, si hay algo de lo que me enorgullezco es haber abrazado la política con la convicción de que la palabra en política vale mucho. Es nuestro principal patrimonio. Y lo vamos a hacer”, agregó Fernández antes de la puntada final: “Vamos a poner la Argentina de pie, reconstruir este país, porque a fin de cuentas todavía está pendiente la Argentina que nos merecemos”.

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El Capitán Beto y el veto presidencial

Casi una semana antes del discurso de Fernández, la provincia de Misiones se desayunaba con la mala noticia del veto presidencial al artículo que en el Presupuesto 2021 establecía la creación de zonas francas, un pedido que había sido realizado por el gobierno de Oscar Herrera Ahuad. El pasado lunes, después de sostener el aire durante buena parte del fin de semana, el mandatario provincial dijo sentirse “sorprendido como todos”.

La sorpresa de Herrera Ahuad era tan legitima como la de los empresarios de la Tierra Sin Mal que proyectaban en la realización de las zonas francas aduaneras una salida a las asimetrías con Brasil y Paraguay. La promesa del área impositiva diferencial no era producto de una fake news impulsada por alguna usina del gobierno renovador, el sello de garantía había sido la palabra de Carlos Rovira.

Un avance muy importante es tener la seguridad de estar aprobada en el presupuesto”, dijo el presidente de la Legislatura misionera al hablar sobre la zona aduanera especial. “Esto significa; términos más, términos menos, una baratura de, vamos a ponerle, el 50% o más de lo que hoy nos cuesta frente a nuestro propio país y los países vecinos”, festejó a mediados del mes pasado cuando inauguró el moderno edificio del Tribunal de Cuentas.

Yo agradezco la comprensión, primero al presidente de la Nación, que es nuestro principal aliado en la conquista de los pasos que faltan, porque ahora hay que convertir el término de la ley, que es algo inédito, porque es el gran respaldo y la garantía institucional que tenemos”, agregó. Y sumó otro agradecimiento: “el otro gran aliado en esto es el presidente de la Cámara de Diputados, el doctor (Sergio) Massa, sin el cual no se habría podido lograr”.

Rovira no es de los políticos a los que le gustan hablar de más, todo lo contrario. Si decidió avanzar de esa manera es porque tenía el compromiso del presidente, además el Presupuesto 2021 fue aprobado por el Congreso con la inclusión de las zonas francas. Tanto el oficialismo como la oposición en la Tierra Sin Mal saben que “los hechos dan fe a las palabras” y que Rovira cumple con la palabra empeñada, tal vez sea por eso que este año fue electo por todos los bloques como presidente de la Cámara de Representantes.

La idea de “la palabra empeñada” me recuerda a las clases de literatura de tercer año del Liceo. Cuando don Quijote se retira de la caballería y luego muere, por cumplirle “la palabra empeñada” al bachiller Sansón Carrasco, para las lides de fierros llamado el Caballero de la Blanca Luna, quien lo había vencido en las playas de Barcelona. También tengo presente el octavo punto del Decálogo de la Caballería: “No mentirás, y serás fiel a la palabra empeñada”. Tenía quince años y amaba esas historias. Y claramente era más seguidor de Rodrigo Díaz de Vivar que del Alonso Quijano que creó Miguel de Cervantes Saavedra.

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Vivir en la frontera

En las zonas de fronteras, por lo general, mantener el equilibrio entre la economía formal y la informal es algo sumamente complejo. La línea que corta lo legal de lo ilegal es tan delgada como el cordón blanco de diez centímetros que separa la localidad argentina de Bernardo de Irigoyen con las brasileñas Dionísio Cerqueira y Barracão.

Las principales decisiones de la economía de cada una de esas tres pequeñas ciudades, que a su vez forman parte de tres subestados diferentes, se toman a cientos de kilómetros de distancia. El movimiento fronterizo y comercial en la localidad argentina, que se encuentra en la provincia de Misiones, es controlado por organismos que dependen de Buenos Aires. Y en Brasilia se marcan las reglas del Estado de Santa Catarina, donde queda Dionísio Cerqueira, y del Estado de Paraná, que tiene entre sus municipios a Barracão.

Pero más allá de las disposiciones que se tomen en Buenos Aires o en Brasilia, en los hechos, las economías domésticas de los habitantes de las tres localidades fronterizas fluctúan entre dos monedas. No importan las leyes, las normativas, ni los convenios bilaterales, si el argentino que vive en Bernardo de Irigoyen puede comprar la carne más barata en la carnicería que se encuentra a una cuadra, en Barracão. Lo mismo sucede cuando su vecino de Brasil cruza para llevarse tres cajas de un buen vino argentino que en su país cuesta tres veces más caro.

Hace algunos meses, cuando la cuarentena por la pandemia en Argentina aún era estricta, la ministra de Seguridad, Sabina Frederic, removió a la cúpula de Gendarmería en Bernardo de Irigoyen por contrabando. Me pregunto si los tecnócratas del Palacio de Hacienda, que manejan desde Buenos Aires la economía del país, tienen una idea de cómo llegan a fin de mes los habitantes de Misiones cuyos ingresos no alcanzan a cubrir una canasta familiar.

En Puerto Iguazú la economía familiar fluctúa entre la cotización de cuatro monedas: el peso argentino, el real brasileño, el guaraní paraguayo, y el dólar que corre como pan caliente en la turística ciudad. En 2001, cuando el país se encontraba en llamas, el arriba firmante hizo uso y abuso de las bondades de vivir en la Triple Frontera. Tenía la heladera y alacenas llenas de productos comprados en Foz do Iguaçu. Y a través de la pantalla del televisor de última generación comprado en Ciudad del Este, veía cómo Fernando De La Rúa abandonaba la Casa Rosada en helicóptero.

Los primeros días de cada mes, especialmente en épocas navideñas, la fila de autos para cruzar el puente internacional que une la capital de Misiones con la ciudad paraguaya de Encarnación es tan larga como mirar hacia el horizonte. Como tienen la ventaja de cobrar el mensual antes que los privados, los primeros en cruzar son los empleados públicos.

Sostener esa economía de frontera es imposible para las arcas del joven Estado misionero, ni qué decir para los comerciantes. Alguien debería recomendarle al ministro de Economía, Martín Guzmán, que consulte a la AFIP cuánta guita se le escapa por mes por los pasos fronterizos habilitados en Misiones. Apostaría que si a eso sumamos las pérdidas económicas que ocasiona el contrabando al fisco nacional, el cálculo sería asombroso.

Misiones tiene 1.391 kilómetros de frontera, de los cuales sólo 124 lindan con el territorio nacional, 900 con Brasil y otros 367 con Paraguay. Si mal no recuerdo, hay 28 pasos fronterizos habilitados, de los cuales dos se destacan por estar entre los cinco de mayor circulación del país.

Tuve la suerte de conocer cada paso fronterizo del país, cada puerto, cada aeropuerto, cada aduana, cada zona franca. He dado charlas en universidades y empresas internacionales sobre el fenómeno del contrabando, participé en jornadas de capacitación para aduaneros y fuerzas de seguridad. Y después de escribir Historia del Contrabando en la Argentina (Aguilar-Penguin Random House) junto a Mauro Federico —el periodista que más sabe sobre el flagelo narcotráfico en el país—, les aseguro que todo el territorio de Misiones debería tener el tratamiento de una zona aduanera especial. Ese status particular, por cientos de razones, no sólo beneficiaría a los habitantes de la provincia, sino que también a las arcas del Estado nacional.

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Las ideas y la palabra empeñada

Los argumentos que dieron en la Casa Rosada sobre el veto presidencial no tienen sentido. La raíz del problema surgió en el Congreso, cuando el pedido de Misiones se extendió. Podría ser un malpensado y creer que quienes decidieron no tratar el caso de Misiones como algo particular, lo que realmente buscaban era que el ministerio de Economía alentara el veto del Capitán Beto.

El veto presidencial no hace más que reforzar el pensamiento colectivo del misionerismo en las puertas de un año electoral. Frente al clásico centralismo porteño, no queda más que reforzar el frente interno. Y el rol del elector independiente, del libre pensador, será fundamental para el futuro de la provincia.

No hay que ser derrotistas, el veto de Beto no mató ninguna ilusión, ningún sueño. Recuerden lo que escribió Sarmiento al escapar a Chile: On ne tue point idees. “Estoy seguro que tenemos deudas pendientes”, reflexionó el presidente durante el acto del viernes, y es bueno que lo sepa. Pero como dijo Plutarco, “la palabra empeñada no debe dejar lugar a reflexiones”. ♣♣♣

#PA.