Alejados de la realidad

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Por Fernando Oz

Aquella extraña comodidad del poder es el principio del fracaso de cualquier clase política. Si al puntapié inicial lo hubiese encerrado con signos de interrogación estaría presentando al asunto como una pregunta, una buena pregunta, pero preferí hacerlo como una afirmación y podría sostenerla con una larga lista de ejemplos históricos.

Entre otros efectos contaminantes, la acumulación y la excesiva permanencia en el poder suele colocar a quien lo ejerce lejos de la realidad del populus. No cualquiera tiene la capacidad necesaria para salir ileso de aquel tramposo laberinto de espejos y espejismos.

Tarde o temprano, los gobernantes que toman distancia de las masas son castigados. Abundan los casos de destierros, encarcelamientos y decapitaciones a lo largo de los siglos XVIII y XIX como producto del enojo de las mayorías. La sanción a los regímenes totalitarios se asemeja a las pequeñas burbujas que progresivamente crecen en el hervor, esos escenarios suelen terminar de manera violenta. En cambio, en las democracias modernas la pena impuesta por la sociedad tiene forma de urna.

Ya he dicho en alguna columna anterior que los políticos –la clase dirigente en general– padecen la costumbre de hablar en primera persona del plural. No importa de qué vaya la cuestión, pero ellos tienen al conjunto en la punta de sus lenguas. Sepan que no me gustan las generalizaciones, no suelo emplearlas, pero ahora simplemente me tomo la licencia para exponer el caso.

Nosotros creemos, nosotros somos, nosotros pensamos, nosotros respiramos, nosotros vivimos. Nosotros, siempre nosotros. Observamos tal cosa, comprendemos tal otra, tomaremos tal decisión. Y así la va la cosa.

El sujeto que se entrona y se para sobre las gruesas columnas del “nosotros”, por lo general, termina armando una realidad que sólo existe en su mente. Y su cuerpo de cortesanos, integrado por obsecuentes de naturaleza alcahueta, conversos devotos, entusiastas aplaudidores de poco talento, y honrados mercenarios de paso, colaboran con interesado entusiasmo para la filmación de esa película de pocos espectadores.

Desde aquel pedestal hablan al pueblo, a quien aseguran representar, con la impunidad de la primera persona del plural dicen lo que la gente quiere, cree y piensa. Sin saber que desde aquel lugar de autoencierro pierden el sentido de la realidad, la perspectiva más palpable. Y cuando aquello sucede no hay gurú, big data, ni granjita de trolls que lo salven, a lo sumo los cortesanos podrán inyectarle un placebo que alargue la agonía que no ven.

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Aquello me recuerda al cuento de Hans Andersen titulado El traje del Emperador, pido disculpas si ya he escrito al respecto. La trama va de dos sastres que llegan a las tierras de un emperador tan vanidoso que vivía esclavizado a los espejos y a los halagos de los cortesanos aplaudidores.

Los sastres, que en realidad eran dos chantas, dejan correr la noticia que son maestros en el arte de la confección y que tienen una seda especial que se vuelve invisible ante los ojos de los imbéciles. El bulo llegó a oídos del emperador de boca de uno de los cortesanos más obsecuentes.

Inmediatamente el emperador manda a buscar a los sastres y pide que le confeccionen un traje a medida con la seda especial. La tela no existe y el engaño fue tan sutil que hasta el cortesano más analítico aplaudió la delicadeza de la vestimenta. Claro, nadie quería decir lo que todos veían por temor a quedar como imbéciles.

Hasta el emperador eligió mentirse a sí mismo porque no quería quedar como un tonto y perder su poder al quedar en evidencia que había sido engañado por dos farsantes y que sus cortesanos no vieron lo que realmente estaba ocurriendo. Así fue que decidió no decir nada y seguir adelante, a tal punto que termina perdiendo el sentido de la realidad. Fue un niño quien termina demoliendo la farsa cuando en un desfile observa al emperador y con asombro grita: ¡El emperador está desnudo!        

Cuando el dirigente que habla en primera persona del plural y cree saber qué piensa “la gente” pierde la noción de la realidad, y por temor o inutilidad sus cortesanos evitan transmitir lo que realmente observan, el populos toma carta en el asunto. Así lo dice la historia de la humanidad. Nunca falta el niño rebelde que les escupe la verdad a la cara. Así lo cuenta Andersen.

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Espero que disfruten de la edición dominical de #PuenteAereo, lecturas interesantes que pueden leer toda la semana. Camilo Cagnacci nos adelanta cuáles son los nombres que suenan para conducir la AFI de Alberto y Cristina. Florencia Guerrero hace una radiografía de los cuatro jinetes que ganan la calle y lideran las protestas. El escudero Cristian Franchi nos alerta sobre el polvorín patagónico y nos cuenta cómo se organiza la visita de CFK a la Tierra Sin Mal. Andrés Repetto, nuestro analista internacional, nos habla sobre los nuevos liderazgos a nivel mundial. La sueca Lucia Sabini Fraga acaba de regresar de Europa con todas las pilas y nos relata cómo es la cumbia antimacrista que tomo las calles porteñas. Y hablando de regresos, Fiorella Del Piano volvió de Colombia y nos regala una crónica de la colorida Comuna 13, uno de los barrios más pintorescos de Medellín. Mauro Federico se tomó unos días de descanso para reponerse y volver a la carga. Bienvenidos a #PuenteAereo weekend, enderecen sus asientos y ajusten sus cinturones que estamos por despegar.  ♣♣♣

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