Y aún yo te recuerdo

Y aún yo te recuerdo

Por Adrián Machado


A cuatro años de su muerte, un perfil de uno de los pensadores más estimulantes del siglo XXI: Mark Fisher.

El 13 de enero se cumplieron cuatro años de la muerte de Mark Fisher, quien había nacido el 11 de julio de 1968 en Midlands, Inglaterra y desarrolló un pensamiento que encuentra plena vigencia en estos momentos. A pesar de haberse graduado en Filosofía tanto en su carrera de grado como de doctorado, se desempeñó en la crítica cultural y musical. Lejos del ámbito y el lenguaje académico, escribió sobre una abrumadora cantidad de temas: televisión, ciencia ficción, cine mainstream y de culto, artes visuales, fotografía, literatura, política, filosofía, salud mental, Internet y redes sociales —la soledad conectada y el aburrimiento entretenido, en palabras de Simon Reynolds—. Habitualmente lo hacía acerca de varios de los campos enumerados, y en ciertas ocasiones sobre todos al mismo tiempo.

Precisamente Reynolds, interlocutor privilegiado y amigo, define cual era el tema de su pensamiento y escritura: “Al establecer conexiones entre campos remotos, acercándose para prestar una atención vívida a los detalles estéticos y alejándose para abarcar el campo más grande posible, Mark podía identificar la metafísica de un programa de televisión como Sapphire and Steel, las verdades psicoanalíticas latentes en una canción de Joy Division, las resonancias políticas cosidas en la tela de un álbum de Burial o una película de Kubrick. Su tema era la vida humana en su conjunto —incluso si él no se describía ni como un humanista ni como un vitalista—. La ambición era vasta; la visión, total”.

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Contexto

Nació el año del Mayo Francés, vivió su adolescencia y el inicio de la adultez con la caída del socialismo real y el ascenso del neoliberalismo global a cargo de la dupla Reagan-Thatcher. Su carrera académica/intelectual la forjó primero en la Universidad de Warwick, en un espacio “paraacadémico” como era la Unidad de Investigación de Cultura Cibernética -CCRU-, comandada por Nick Land y Sadie Plant. Esta unidad fue una primera instancia de lo que luego se conocería como aceleracionismo.

El momento de madurez intelectual lo tuvo en la Universidad de Suffolk, en los primeros 2000 fue cuando creó su blog K-Punk, en el que desató una febril actividad y alrededor del cual se formó un entorno de blogueros que discutían asiduamente lo propuesto por Fisher. Esos posteos los reunió y editó en castellano, al igual que el resto de su obra, Caja Negra Editora. Fueron divididos en tres volúmenes, dos de los cuales ya han sido publicados: el volumen 1, que trata sobre libros, películas y televisión; mientras que el volumen 2 refiere a música y política.

En aquel entonces el aceleracionismo ya se había bifurcado: por derecha fue su precursor, y mentor de Mark, Nick Land, mientras que Fisher tomó ciertas concepciones de dicha teoría para aplicarlas desde la izquierda. Una de las ideas que unía al movimiento es ver en el presente la posibilidad de un futuro mejor.

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Los libros en castellano de Mark Fisher son:

  • Jacksonismo. Michael Jackson como síntoma (editor)
  • Realismo capitalista: ¿No hay alternativa?
  • Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el poscapitalismo (VV.AA. autor y colaborador)
  • Lo Raro y lo Espeluznante
  • Los fantasmas de mi vida. Escritos sobre depresión, hauntología y futuros perdidos
  • K-PUNK – VOLUMEN 1. Escritos reunidos e inéditos (Libros, películas y televisión)
  • K-PUNK – VOLUMEN 2. Escritos reunidos e inéditos (Música y política)

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Aceleracionismo

“El aceleracionismo es una herejía política: la insistencia en que la única respuesta política radical al capitalismo no es protestar, agitar, criticar, ni tampoco esperar su colapso en manos de sus propias contradicciones, sino acelerar sus tendencias al desarraigo, alienantes, descodificantes, abstractivas”, esta definición da inicio a “Aceleracionismo, estrategias para una transición hacia el postcapitalismo”. El núcleo de buena parte del pensamiento aceleracionista es la evaluación del vínculo de las fuerzas transformadoras, emancipatorias y las axiomáticas del valor de cambio y de la acumulación capitalista que organizan la sociedad.

La filosofía base del aceleracionismo es el inmanentismo, explica el historiador y escritor Alejando Galiano: mientras que en el trascendentalismo Kant y Hegel entienden que hay un afuera donde se puede acceder a la verdad, en el inmanentismo autores como Deleuze, Spinoza o Toni Negri consideran que hay una sola sustancia, no hay un afuera, hay que trabajar con lo que hay. En el plano político, prosigue Galiano, si un anticapitalista busca prácticas no capitalistas por fuera del sistema puede ser un okupa, un hippie o pertenecer a la llamada izquierda folk, que promueve una vuelta a la naturaleza -volver a un pasado bucólico e idílico, quienes suscriben al decrecionismo adscriben a dicha posición-. Por otro lado, un anticapitalista inmanentista como Fisher trabaja con lo que le da el propio sistema, busca en la cultura popular y en la tecnología del propio capitalismo la salida y alternativa para superarlo.

El Doctor en Filosofía Emanuel Bisset diferencia tres etapas de esta corriente de pensamiento; la emergente: cuando se retoma la teoría francesa de los años 70’, con el Anti Edipo de Deleuze y Guattari, las obras de Lyotard y las de Baudrillard, la búsqueda es acelerar el propio proceso del capitalismo, también se emplea una relectura de Marx -atravesado por Nietzche-; la segunda es la del periodo de la CCRU; mientras que la tercera se ubica temporalmente a partir de la publicación del “Manifiesto por una Política Aceleracionista” de Williams y Srnicek. En suma, dice Bisset, el aceleracionismo propone pensar en tecnologías no capitalistas y en no tener un imaginario melancólico del pasado. La clave es imaginar un futuro distinto, distinto al capitalismo. Allí es que Fisher nos advierte, con la frase tomada de “Bifo” Berardi, sobre la lenta cancelación del futuro, estamos progresivamente más exhaustos, pero más estimulados -precarizados y comunicados-.

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Realismo Capitalista

Su obra y concepto más conocido lleva ese nombre y es por el cual empezamos a leerlo. Fisher plantea que no hay imaginación de un futuro distinto posible, que nuestro deseo ya está configurado por el capitalismo, pero lee atentamente las transformaciones culturales que ocurren a través de las tecnologías capitalistas, aunque hay jóvenes que ni consideran que eso sea un problema porque no tienen otro horizonte.

En este ensayo se encuentra la famosa frase atribuida a Frederic Jameson: “hoy parece más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Fisher aborda la precarización actual de la vida, la gerencialización de la política, el consumo desenfrenado, la educación como un elemento que no asegura la movilidad social ascendente, el stress y el desmedido consumo de psicofármacos -siempre en el plano social y colectivo, por ejemplo, ¿Por qué tantos jóvenes acuden a ellos?-, la sobreinformación e instantaneidad que ofrecen las redes sociales. “Es algo más parecido a una atmósfera general que condiciona no solo la producción de cultura, sino también la regulación del trabajo y la educación, y que actúa como una barrera invisible que impide el pensamiento y la acción genuinos”, reflexiona el autor.

La intención es rastrear en la cultura popular elementos subversivos que pueden ser reinterpretados. Fisher intenta recuperar esa cultura que lo formó: el postpunk de fines de los 70’, el jungle o house de mitad de los 90’, así como los movimientos psicodélicos de los 60’ y las vanguardias de principios del S. XX. Es recurrente su análisis sobre las resistencias no melancólicas musicales y culturales que se generaron en medio de la emergencia neoliberal de los 80’, que tomaban los elementos que les parecían útiles del pasado para continuar hacia adelante.

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Hauntología

Otra noción que atraviesa su obra es la que toma prestada de Derrida, hauntología -fantasmagoría-. Nuevamente Galiano clarifica la cuestión: son determinados elementos que no terminan de irse del pasado o que se anuncian desde el futuro. Es una alternativa a la nostalgia, que se encierra en la añoranza melancólica paralizante de un pasado que se considera cerrado y del que solo quedan reliquias. En cambio, la hauntología busca en el presente los elementos del pasado no resueltos, como si fueran fantasmas, y entiende que esos elementos pueden anunciar un futuro. Lo inmanentista se percibe, no hay un pasado clausurado o un futuro por construir totalmente, ambos están contenidos en el presente y hay que activarlos.

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Depresión

“La depresión es, después de todo y sobre todo, una teoría sobre el mundo y sobre la vida”, escribe en el capítulo dedicado a Joy Division en “Los fantasmas de mi vida”. “La depresión es el espectro más maligno que me ha acechado a lo largo de mi vida”, comenta hacia el final de “La lenta cancelación hacia el futuro”, capítulo inicial del mencionado texto.

Más allá de padecerla buena parte de su vida y ser la causa de su suicidio, la escritura de Mark Fisher no refleja ese padecimiento. Al contrario, expresa una salida política y colectiva, como cuando trabaja sobre la “privatización del stress”. Siempre existe una salida al “no future”, rechaza la idea thatcheriana de que no hay alternativa -al neoliberalismo-.

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Pensamiento situado

Como cualquier intelectual que se ubique fuera de nuestra particular geografía latinoamericana, debemos leerlo con ciertas precauciones, fundamentalmente ubicarnos en los contextos de su pensamiento. Disputar el imaginario de futuro, correrse de una posición defensiva, melancólica, de un pasado idílico, eso nos lega el aceleracionismo en general y el pensamiento de Fisher en particular. Es menester recordar que nuestra región no alcanzó los mismos estadios capitalistas que el Reino Unido -donde desarrolló su carrera Fisher-, aquí esta teoría es menos subversiva que en el viejo continente.

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Quien mejor definió el vacío que dejó su partida fue Simon Reynolds: “Siento su ausencia como amigo y como camarada, pero más que nada como lector. Muchos días me pregunto qué habría dicho Mark sobre esto o aquello. No me había dado cuenta de lo dependiente que me había vuelto de las sorpresas y desafíos que Mark planteaba permanentemente: la incitación y la chispa de su escritura, la claridad que le daba a casi todo sobre lo que dirigía su luz. Extraño la mente de Mark. Es un sentimiento desolador”. ♣♣♣

#PA.