¡Trabajadores tecnológicos del mundo, uníos!

¡Trabajadores tecnológicos del mundo, uníos!

Por Adrián Machado


El reciente sindicato de los trabajadores de Alphabet -casa madre de Google- es un hito dentro de un sector con una tendencia marcadamente antisindical. Silicon Valley se encuentra bajo ataque: intento de regulaciones, acusaciones de monopolio y abuso de poder, la controversia sobre la suspensión de la cuenta de Twitter y Facebook de Trump. Este movimiento gremial cuestiona no solo las condiciones salariales y laborales, sino la ética de Google.

Poco más de 200 empleados de Google se organizaron durante la mayor parte de 2020 y consiguieron fundar Alphabet Workers Union -AWU- para discutir mucho más que el salario y las condiciones laborales. AWU se afilió a Communications Workers of America, sindicato de los empleados de telecomunicaciones y medios de comunicación de EEUU y Canadá que cuenta con más de 700.000 miembros. El gremio representará a empleados formales, temporales y contratados que se desempeñan en ambos países.

A pesar de haber casi duplicado la cantidad de miembros el mismo día de su lanzamiento, es un sindicato minoritario y sin reconocimiento legal, del mismo modo que es una autentica rareza en el mundo antisindical de Silicon Valley. Representa a una fracción de los más de 260.000 empleados formales y temporales del conglomerado tecnológico.

Según indican en su web, el objetivo de AWU es “darle estructura y longevidad al activismo en Google”, los trabajadores de Alphabet denuncian ser objeto de represalias cuando están en contra de las decisiones empresariales por motivos morales, informan sobre “la discriminación, el acoso y el abuso” que sufren y hablan del daño potencial que pueden causar sus productos. La cuestión ética tiene un lugar central en esta nueva organización, los empleados buscan discutir que hace Google con su tecnología y sus productos. En 2019, por ejemplo, acusaron a la empresa de crear una herramienta de vigilancia interna que estaría destinada a “supervisar los intentos de los trabajadores para organizar protestas y debatir los derechos laborales”.

Otros antecedentes son el despido de dos empleados que habían realizado reclamos ante autoridades de inmigración el año pasado; y en 2018 más de 20.000 empleados hicieron una huelga para protestar por el manejo patronal en un caso de acoso sexual. En el plano ético el caso más resonante fue el despido de la investigadora especializada en inteligencia artificial Timnit Gebru por criticar los “prejuicios integrados en el sistema de inteligencia artificial” y el enfoque de la compañía a la hora de contratar a minorías. Un caso no menor fue la oposición al desarrollo de inteligencia artificial para el Departamento de Defensa y a proporcionar tecnología a Aduanas y Protección Fronteriza.

Las prioridades de la empresa, según los miembros de la flamante agrupación, deberían ser el bienestar social antes que la maximización de beneficios. Además, pusieron ejemplos en su web sobre los problemas que puede ocasionar el mal uso de sus productos: ayudan a gobiernos que violan los derechos humanos, los modelos de IA pueden “afianzar el sesgo y la discriminación”. En cuanto a Google propiamente dicho: viola la privacidad de los usuarios para obtener datos, desaprovecha los servicios en los que los usuarios confían para obligarlos a utilizar alternativas más rentables -esto se conoce como efecto de red-, lanza productos con modelos de negocios obsoletos y explotadores.

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Aunque no puedan negociar salarios o condiciones de trabajo -debido a que la legislación laboral estadounidense no lo habilita-, este tipo de sindicatos -minoritarios- se caracteriza por otro tipo de tácticas para conseguir sus objetivos: campañas públicas exponiendo las problemáticas, lobby en el Congreso o en los entes reguladores para influir en el cambio de políticas corporativas.

La novedad radica en que se convierte en el primer sindicato abierto a todos los empleados -tanto formales como freelance- de las distintas empresas de Alphabet en el que sus miembros pagan cuotas -el 1% de sus ingresos-, con una junta directiva elegida por los afiliados y personal remunerado. La cuota se destinará a financiar los gastos del mantenimiento de la infraestructura digital, los salarios del equipo legal y de otros miembros del staff que realicen tareas específicas, y a constituir un fondo de reserva para eventuales huelgas.

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El desafío es sumar adhesiones y afiliados. Tarea compleja, ya que tanto los salarios como las condiciones laborales son superiores a la media -comida, gimnasios, esparcimiento en el lugar de trabajo, es decir, todo lo relativo a la imagen que proyecta Silicon Valley de sí mismo-.

“Nuestros empleados tienen derechos laborales protegidos que apoyamos. Pero, como siempre hemos hecho, continuaremos negociando directamente con todos nuestros empleados “, señaló Kara Silverstein, directora de operaciones del personal en Google.

A pesar de esta declaración, la diferencia es marcada, filtraciones de documentos internos de Alphabet exhibieron como se promovía la discriminación entre los trabajadores: una normativa prohibía que los empleados temporales recibieran remeras con el logo de Google por no tratarse de trabajadores directos de la compañía. Los freelances o tercerizados son la mitad de quienes laboran para el gigante tecnológico, aunque estos informales no cuentan con los beneficios de sus colegas a tiempo completo.

A pesar de la incipiente organización de los trabajadores de plataformas y empresas tecnológicas, este nuevo gremio es relevante simbólicamente porque se trata de la casa matriz de Google y se produce en los Estados Unidos. El objetivo es negociar las políticas internas y externas de la empresa, una especie de cogobierno. Esta iniciativa es un engranaje más dentro de la ofensiva que enfrentan las Big Tech del valle de silicio: intentos de regulaciones, acusaciones de prácticas monopólicas y de abuso de poder en EEUU y la UE.

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No todas las plataformas son iguales, como bien se detalla en “Capitalismo de Plataformas”, las que tienen menos activos y se autodenominan como simples intermediarias son las que desprotegen más a sus empleados -incluso este es otro punto de discusión, las empresas prefieren utilizar la categoría de “socios”-. La deslocalización del trabajo es una característica común a todas las plataformas, por ejemplo, los GAFA -Google, Apple, Facebook, Amazon- contratan de manera directa a muy pocos de sus empleados. La mayor parte de quienes trabajan para ellos lo hacen de manera tercerizada, con la consecuente precarización laboral.

Esas características son un gran obstáculo para conseguir la sindicalización de los trabajadores de las empresas tecnológicas. A lo mencionado debemos agregar las diferencias dentro de las compañías, el entorno de trabajo no es el mismo para los trabajadores del área de software, que para quienes realizan su tarea diaria en depósitos o los que fungen como administrativos.

Por el contrario, la ventaja de Alphabet es que buena parte de sus empleados -con todas las diferencias que tienen entre sí- comparten el mismo espacio físico, algo poco habitual en el régimen de plataformas.

La política anti sindicalización es compartida plenamente por todas las corporaciones de este tipo: amenazas de despido por intentos de agremiación, intimidaciones varias, uso de las tecnologías de vigilancia para impedir todo tipo de organización: ese fue el caso de los supermercados Whole Foods, propiedad de Amazon, que utilizaron mapas de calor para rastrear sucursales en “riesgo” de sindicalización.

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Un inicio de 2021 frenético para el valle californiano: a la injerencia política de 2020 -regulaciones y serias denuncias gubernamentales- se le sumó en estos primeros días del año el affaire Trump y la discusión sobre censura en las redes sociales. Y ahora un movimiento de trabajadores organizados en el corazón del capitalismo de plataformas. Todo en pocos días, el 2021 promete sorpresas. ♣♣♣

#PA.

Domingo 10 de enero de 2021.