Plataformas (II)

Plataformas (II)

Por Adrián Machado


Segunda entrega del análisis de “Capitalismo de plataformas” de Nick Srnicek. En esta ocasión reseñamos los distintos tipos de plataformas, sus disputas, las distintas tendencias y los desafíos existentes.

Hace siete días en esta sección abordamos la primera parte del trabajo de Nick Srnicek, Capitalismo de plataformas. En aquella entrega glosamos los tres momentos clave que considera el autor para la emergencia de la coyuntura actual: la res­pues­ta a la re­ce­sión de los años ’70, el boom y la caí­da de las pun­to-­com en los años ’90 y la res­pues­ta a la cri­sis de 2008. Luego nos adentramos en la definición de plataforma ensayada en el texto, es un nuevo tipo de empresa que se caracteriza por “pro­por­cio­nar la in­fra­es­truc­tu­ra para in­ter­me­diar en­tre di­fe­ren­tes gru­pos usua­rios, por des­ple­gar ten­den­cias mo­no­pó­li­cas im­pul­sa­das por efec­tos de red, por ha­cer uso de sub­ven­cio­nes cru­za­das para cap­tar di­fe­ren­tes gru­pos usua­rios y por te­ner una ar­qui­tec­tu­ra cen­tral es­ta­ble­ci­da que con­tro­la las po­si­bi­li­da­des de in­ter­ac­ción”.

Habíamos finalizado la columna de la semana pasada con los distintos tipos de plataforma que se identifican en el libro: publicitarias, de la nube, industriales, de productos y austeras. Como toda definición analítica, no significa que sea tajante, varias plataformas comparten dos o más características. Observemos en detalle de que se tratan estas divisiones.

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Plataformas publicitarias: son las primeras de esta nueva forma empresarial, además de ser pioneras en la intención de construir un nuevo modelo de negocios adecuado a la actual era digital. Luego de la debacle de las punto-com fue inevitable para este tipo de compañías enfocarse en la publicidad como fuente prioritaria de ingresos. Como sabemos, Google y Facebook fueron la vanguardia del proceso. Eventualmente Google empezó a utilizar los datos de búsqueda, junto con cookies y otros bits de información, para vender espacio publicitario personalizado a los anunciantes mediante un sistema de subasta cada vez más automatizado.

Srnicek confronta con quienes arguyen que este modelo de negocios se basa simplemente en el “trabajo gratis”: “los usuarios son trabajadores no asalariados que producen bienes -datos y contenidos- que son así tomados y vendidos por las compañías a los anunciantes y otros interesados”, afirman. En cambio, el autor de Capitalismo de plataformas se inclina por pensar que la actividad de las plataformas publicitarias es la apropiación de datos como materia prima.

Los ingresos son generados, dice el autor, “mediante la extracción de datos de las actividades online de los usuarios, de los análisis de esos datos y de la subasta de espacio publicitario para los anunciantes”. En la economía digital convergen la vigilancia y la actividad lucrativa, dando lugar a lo que se conoce como “capitalismo de vigilancia”.

Las plataformas publicitarias les venden a los anunciantes “la promesa de que el software de Google va a conectar de manera eficiente a un anunciante con los usuarios correctos cuando sea necesario”, no los datos propiamente dichos.

Los elevados ingresos que han obtenido este tipo de plataformas lo destinaron a tres cuestiones, ninguna de ellas es la inversión en capital fijo:

  • Ahorro, con un gran nivel de liquidez -algo extraño después del 2008-
  • Fusiones y adquisiciones -centralizar la capacidad existente, en lugar de construir capacidad nueva-
  • Inversión en start-ups de tecnología

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Plataformas de la nube: consolidaron a la plataforma como un modelo único y poderoso de negocios. Si se compara con los tradicionales negocios austeros es incomprensible, ya que para esos antiguos estándares lo que no da ganancias debe eliminarse. Pero, por ejemplo, la entrega rápida y barata es una de las principales formas con las que Amazon atrae usuarios para generar beneficios por otro lado.

Una de las características comunes a la génesis de las plataformas es que “a menudo emergen de necesidades internas de las empresas”. Por ejemplo, Google vende su sistema de machine learning en la nube, Microsoft posee una plataforma de inteligencia artificial que brinda herramientas a las empresas desarrolladoras de software, IBM despliega la informática cuántica en la nube.

Debe notarse que la totalidad de este proceso desplaza a los trabajadores del conocimiento y en muchas oportunidades es posible automatizar el trabajo. El atractivo para utilizar la nube por parte de quien posee cierto capital es que el análisis de datos, el almacenamiento de la información de los clientes, el mantenimiento de los servidores de una empresa, entre otras acciones, pueden ser derivados a la nube.

En cuanto a la extracción de datos, este tipo de plataformas es superadora porque permite la recolección constante mediante el alquiler de espacio en la nube, cuando en el viejo modelo de compra se los vendía como bienes separados de la empresa.

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Plataformas industriales: “en el nivel más básico, la Internet industrial incluye la inserción de sensores y chips de computadoras al proceso de producción y rastreadores -como la RFID, radio frequency identification– al proceso de logística, todos vinculados mediante conexiones a Internet”, describe Srnicek. La promesa de este tipo de plataforma es volver más efectivo el proceso de producción, cada componente debe ser capaz de comunicarse con otro sin la guía de operarios, para de esa manera reducir costos y tiempo muerto. También permite la customización masiva.

La disputa económica entre países fue una de las razones para impulsar a las plataformas industriales: Alemania -de fuerte capacidad manufacturera- y EEUU -de fuerte capacidad tecnológica- fueron los propulsores del cambio. Las plataformas industriales, para diferenciarse de las más generales como AWS, se promocionan como “poseedoras de conocimiento interno sobre manufactura y sobre la seguridad necesaria para operar semejante sistema”. Como otras plataformas, estas compañías industriales dependen de la extracción de datos como herramienta competitiva contra sus rivales, para garantizar servicios más rápidos, baratos y flexibles.

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Plataformas de productos: en el texto se menciona que existen dos modelos de negocios muy relacionados, pero a la vez muy distintos: la plataforma de productos y la plataforma austera. A través de la primera de ellas las empresas intentan recuperar la tendencia a cero de costos marginales en algunos bienes, el mejor ejemplo de ello es la música, a partir de que la descarga gratuita se volvió tan sencilla.

“Pero las plataformas on-demand no están afectando solo al software y a los bienes de consumo. Uno de los primeros impactos de la economía on-demand se centró en los bienes manufacturados, particularmente en los bienes duraderos”, detalla Srnicek.

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Plataformas austeras: a diferencia de las demás, estas plataformas retoman el modelo “primero crecimiento, ganancias después” de los años ’90. A primera vista parecen no tener ningún activo, ser 100% virtuales. Pero son poseedoras del activo más importante: la plataforma de software y análisis de datos.

Su modelo es de una tercerización extrema: los trabajadores y su capacitación, el capital fijo, los costos de mantenimiento, todo está deslocalizado. Lo que queda es el control de la plataforma, que permite obtener una renta monopólica.

Contratistas independientes, freelancers y todo aquel que necesite un microempleo, se valen de este tipo de plataformas.

“Si bien la tercerización en algún momento principalmente se dio en la manufactura, en la administración y en el sector hotelero, hoy se está extendiendo a una variedad de nuevos empleos: taxis, peluquerías, estilistas, limpieza, plomería, pintores, mudanzas, moderación de contenido, etc.-. Incluso está avanzando hacia los trabajos de oficina -corrección, edición, programación y contabilidad, por ejemplo-. Y, en términos del mercado laboral, las plataformas austeras convirtieron los servicios no transables en servicios transables, expandiendo de manera efectiva el suministro de trabajo a un nivel prácticamente global”, señala el ensayo.

Este tipo de empresas dependen de las plataformas de la nube. A diferencia de la situación de años anteriores, hoy una start-up no necesita invertir en equipamiento informático ni en la expertise necesaria para sus negocios, simplemente alquila el hardware y el software en la nube.

Los datos, como en todos los tipos de plataforma que hemos descripto, son centrales en las plataformas austeras. Uber es el ejemplo paradigmático de este tipo de empresas.

El financiamiento proviene del capital excedente, capital de riesgo, que busca tasas de retorno más altas en un contexto -en el momento de escribirse el libro- de tasas de interés muy bajas. La apuesta parece estar más en las expectativas de ganancias a futuro que en lo que sucede en el presente: “Hasta que estas empresas no alcancen el estatus de monopolio -e incluso también entonces-, su rentabilidad parece estar generada solo por el traslado de costos y la baja de salarios, y no por algo sustancial”.

Una de las creencias, por la naturaleza de las plataformas, que rebate Srnicek es que con este nuevo tipo de empresas se avecina el fin de la propiedad, al contrario, la concentración de la misma se acentuará porque no son simplemente dueños de información, sino que se están apoderando de las infraestructuras de la sociedad.

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Disputas

A lo largo de ambas columnas hemos señalado que los efectos de red dirigen a las plataformas a tender hacia la monopolización, cuanto mayor es la cantidad de usuarios que interactúa en una plataforma, más valiosa se vuelve. Esto se plasma en que la recolección de datos es más efectiva cuando una compañía tiene acceso a más actividades: de esa manera puede extraer mayor cantidad de datos con más valor agregado, reiniciando el círculo. Ese acceso masivo a datos permite que la organización algorítmica de la vida se perfeccione, por lo que alienta la centralización de toda la data en una plataforma.

La competencia se manifiesta también en “muros” que construyen las distintas empresas; aplicaciones que solo funcionan con determinado sistema operativo, servicios a los que es obligatorio suscribirse a través de alguna plataforma. Como vemos, el capitalismo no desarrolla solo mayores recursos para el monopolio sino para la competencia.

Aunque actualmente no es posible superar a un monopolio como Google, afirma Srnicek, “la inversión de capital no es suficiente para desmantelar los monopolios; el acceso a los datos, los efectos de red y las trayectorias dependientes ponen en el camino obstáculos más difíciles de franquear para que sea posible superar un monopolio como Google”.

Otra característica central que destaca el autor es la diferencia que existe entre la competitividad en las plataformas. A diferencia de la manufactura, no se estima solamente por la diferencia máxima entre costos y precios. La recolección y el posterior análisis de los datos también inciden, si las plataformas quieren seguir siendo competitivas deben intensificar “la extracción, el análisis y el control de datos -y para hacerlo tienen que invertir en capital fijo-”.

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Tendencias

El autor repara en la propensión que tienen las plataformas por expandir la extracción de datos, posicionarse como “guardianes” de un sector, lograr la convergencia de mercados y levantar “muros” para eventuales competidores. Estas tendencias se originan en que las plataformas se basan en la extracción de datos y la generación de efectos de red. Luego esas características se instalan en el sistema económico.

Acumular y analizar materia prima es el principal ingreso de las plataformas, además de otorgarles ventajas competitivas, por lo tanto, buscan acumular tantos datos como sea posible. Por esa necesidad imperiosa es que debe entenderse a la Internet de las cosas -IoT-, por ejemplo. Bajado al nivel de la vida cotidiana, se acceden a nuevos registros de comportamientos diarios, es un paso absolutamente lógico para cualquier plataforma.

Srniceck recupera una definición de Shoshana Zuboff para graficar la constitución de las plataformas y ciertos reclamos que pecan de ingenuos: “una vez que entendemos esta tendencia, queda claro que pedir privacidad al capitalismo de vigilancia o reclamar para que se ponga un fin a la vigilancia comercial en Internet es como pedirle a Henry Ford que haga a mano cada uno de sus Ford T”. Lo que no implica alertar y exigir límites legales y sociales en lo que refiere a recolección y uso de datos.

Las empresas no solo tienen el imperativo de recolectar y acumular datos para ser competitivas, también necesitan desarrollar los métodos de análisis para los mismos. Lo que resulta en el incentivo para desarrollar todo el stack, no quedarse en un solo campo -administración de datos o herramientas analíticas, por ejemplo-. “Los cuellos de botella en el flujo de datos desde los sensores a los commodities son un impedimento para producir más valor”, explica el ensayista.

Esto se enlaza con otra tendencia; las compañías intentan expandirse alrededor de un segmento central de su actividad, dada la necesidad de ocupar posiciones dominantes en el ecosistema económico. No son fusiones horizontales -combinación de empresas que compiten directamente-, ni verticales -fusión de empresas dentro de la misma cadena de abastecimiento-, ni de conglomerados -combinación de proveedores de productos semejantes y complementarios-.

El ejemplo de Google es ilustrativo en este sentido: “Durante la última década, el motor de búsqueda de Google ha sido la interfaz principal hacia el resto de Internet, superando todos los demás intentos. Las plataformas rivales han tenido que dar un rodeo al predominante motor de búsqueda de Google mediante la expansión de sus negocios a nuevas áreas de la interfaz. Una muestra de esto es que los motores de búsqueda en las aplicaciones -más que en la red general- se están volviendo cada vez más comunes. En vez de buscar en Internet usando Google, los usuarios pueden buscar desde adentro, en Amazon o Facebook”.

Otra tendencia resaltada en el libro es la canalización de la extracción de datos hacia plataformas aisladas: “Cuando los grandes medios no alcanzan para sacar ventajas competitivas, esta estrategia intenta atar usuarios y datos a la plataforma encerrándolos mediante distintas medidas: la dependencia de un servicio, la incapacidad de usar alternativas o la falta de portabilidad de los datos, por ejemplo”. Esta cuestión es relevante en la competencia intracapitalista, las empresas que no son de plataforma están forzadas a usar plataformas para usar con sus actividades.

El modelo de plataforma dirige el movimiento desde una red abierta a una cerrada, mediante el uso de aplicaciones de ese tipo. El cerramiento como medio para competir contra sus rivales es aplicado debido a la tendencia que tienen las grandes plataformas de adquirir dimensiones inmensas gracias a los efectos de red y la convergencia en una forma similar.

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Desafíos

Cuando escribió su ensayo, Nick Srnicek planteaba algunos problemas y disyuntivas por resolver en el futuro: la rentabilidad, la sobrecapacidad de la manufactura global. Asimismo, describe la saturación de la tercerización y el truco que hoy ya conocemos: si todas las empresas que hacen de la tercerización un principio fundamental e inamovible otorgaran derechos básicos a sus trabajadores, acabarían quebradas. Aún tratando a los empleados como “socios” y declarándose como simples intermediarios -Uber, rappi, globo, pedidos ya, etc.-, la rentabilidad es un problema para muchas de estas compañías. Las plataformas austeras son totalmente dependientes del capital excedente.

“Las plataformas se siguen expandiendo por la economía y la competencia las lleva a encerrarse en sí mismas cada vez más. Al final, parece ser que el capitalismo de plataformas tiene tendencias inherentes a desplazarse hacia la extracción de rentas mediante la oferta de servicios -en forma de plataformas de la nube, plataformas de infraestructura o plataformas de productos-”, argumenta el autor sobre el final del texto. Y delinea algunas tenues alternativas; más que la construcción cooperativa -que implicaría trasladar problemas tradicionales de esa forma de asociación, como la autoexplotación, a una empresa monopólica, con efectos de red y enormes recursos-, apela a la intervención del Estado para combatir y regular a las plataformas: “Demandas antimonopolio pueden quebrar a los monopolios, regulaciones locales que pueden impedir o incluso prohibir las plataformas austeras explotadoras, agencias gubernamentales pueden imponer nuevos controles de privacidad, y acciones coordinadas sobre la evasión fiscal pueden traer capital de vuelta a manos públicas”.

No solo la regulación corporativa es central, sino la creación de empresas públicas que estén fuera del radar del aparato de vigilancia del Estado, explicita Srnicek. Ese es el camino que han tomado la UE, Inglaterra y los propios Estados Unidos este año. Hace algunos pocos días vimos como por primera vez estuvieron sentados ante una comisión del congreso estadounidense, por abuso de posición dominante, Marck Zuckerberg -Facebook-, Jeff Bezos -Amazon-, Tim Cook -Apple- y Sundar Pichai -Google y su casa matriz Alphabet-. ♣♣♣

#PA.

Domingo 2 de Agosto de 2020.