Pandemónium

Pandemónium

Por Adrián Machado


El psicoanalista argentino Jorge Alemán escribió un pequeño libro al calor de la primera ola de contagios de la pandemia de coronavirus. Algunas de las reflexiones plasmadas en el escrito mantienen su vigencia, al igual que las preguntas planteadas por el autor.

Jorge Alemán se exilió en España a los 25 años y a partir de ese momento -1976- reside en Madrid, con frecuentes visitas a Argentina. Psicoanalista y escritor, ha publicado numerosos textos en los que amalgama el psicoanálisis, la política y la filosofía. Su libro más reciente es “Pandemónium – Notas sobre el desastre”, redactado en la primera parte del año pasado, en el inicio del primer periodo de confinamiento europeo -principalmente-.

El autor, que recientemente sintetizó acertadamente las ideas de un personaje menor de la política argentina, aborda la irrupción de la pandemia y su relación con el capitalismo; sus metáforas bélicas; lo contemporáneo; las medidas de aislamiento tomadas por los diferentes gobiernos; la paranoia y la ultraderecha; la desigualdad social; el mundo pospandémico; el discurso capitalista y la emancipación.

Alemán caracteriza al capitalismo de manera integral: “no es solo una economía, sino más bien una estructura acéfala que se reproduce ilimitadamente, una maquinaria que aun en los tiempos más críticos tiene capacidad de rehacerse”. Da por tierra con la narrativa que señala que luego de la pandemia el mundo será mejor, o que de este trance saldremos mejores, así como la idea del golpe de gracia al capitalismo. Afirmaciones que fueron sostenidas apresurada e ingenuamente por pensadores de la talla de Slavoj Zizek al comienzo de la pandemia.

El psicoanalista argentino asevera que hasta el momento el capitalismo mundial solo se había encontrado con obstáculos internos, mientras que el coronavirus amenaza desde afuera al sistema. Lo cual genera una situación que puede desatar una “tormenta perfecta”. En el texto se identifican 5 aspectos que caracterizarían a la misma: la catástrofe sanitaria en curso es de índole global y desnuda las ficciones constitutivas del capitalismo, algo que no había ocurrido previamente; no existen categorías políticas o filosóficas para pensar el porvenir; la muerte aceptada como un efecto del virus “le roba al sujeto finito la experiencia singular del ‘morir propio’”, cuyos alcances son incalculables; la idea de un cambio de lógica distributiva y de producción sin conflictos o antagonismos es al menos ingenua; el enfermo visto como sospechoso es consecuencia directa de haber metaforizado la pandemia en términos bélicos.

Para ahondar en la concepción de un capitalismo casi siempre sujeto a problemas internos, Alemán cita al filósofo hegeliano Alexandre Kojève, quien advertía acerca del “fin de la historia”. Este concepto, muchas veces tergiversado, refiere a que los sucesos, las transformaciones, a partir de un determinado momento pasaron a ser simplemente variaciones producidas al interior del capitalismo y su forma de organización: la democracia de mercado.

En cuanto a los efectos de la gigantesca crisis en curso, el autor considera que los costos de la misma van a ser pagados por los de “abajo”, situación que se aprecia en las distintas medidas tomadas por los gobiernos y los organismos internacionales.

“Hay líderes políticos que no conciben otra vida que la ofrecida hasta ahora por el capitalismo, y hay otros que no desean sacrificar sus pueblos a las exigencias del capital, aun cuando tendrían dificultades en reconocerse en la aventura posmarxista del siglo XXI, la única que podría colaborar con el retorno de lo político en medio del desastre”, dice Alemán y manifiesta que es menester una nueva relación entre los movimientos sociales, los militantes, las fuerzas armadas y de seguridad, bajo la coordinación del Estado en la búsqueda de un nuevo proyecto de soberanía popular de izquierda.

Las fuerzas de seguridad no pertenecen a la oligarquía, subraya el autor, y si del caos “no surgen Estados populares capaces de generar disciplinas no represivas y creadores de una nueva conexión sensible con los movimientos populares, la situación se pondrá muy difícil. En este aspecto también resulta crucial iniciar por parte de las izquierdas un dialogo con las religiones basadas en el libro sagrado (judaísmo, cristianismo e islam)”, advierte el escritor.

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Contra Agamben

El libro también polemiza con la idea del intelectual italiano Giorgio Agamben de presentar la pandemia como una ficción instrumental, cuyo objetivo es el control poblacional. Las argumentaciones vertidas en “Pandemónium” expresan la existencia de antagonismos que confrontan con diversas desigualdades, el virus no es una ficción cuya existencia es falaz.

“Es cierto que el control, las fronteras, los dispositivos de segregación, pueden eventualmente ser, en definitiva, colonizados por el orden neofascista que el mundo del capital ya parece necesitar como alternativa en su futuro desarrollo. Pero sería igual de peligroso que se invite a los sectores desprotegidos a minimizar y relativizar un virus del que aún se desconoce su verdadero alcance”, analiza Alemán.

El confinamiento puede ser pensado desde la filosofía, el sujeto es arrojado a sí mismo, diría Hegel. “Por lo expuesto, no puede entenderse el confinamiento como mera protección, pues si al sujeto se le interrumpe durante bastante tiempo su rutina de la vida cotidiana y su relación con los otros se reduce a la relación virtual, entonces inevitablemente ocurre que pasa muchas horas consigo mismo … y por eso pueden empezar a suceder un montón de cosas inquietantes, que tal vez nos esperan… Además, no debemos olvidar que estos efectos en la subjetividad tendrán consecuencias políticas. Y también la traducción de ellos se llevará a cabo, aunque ahora aparezca como un enigma”, sentencia el documento.

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Paranoia, derechas y desigualdad

La acentuación por derecha ya se produjo en la pandemia, sugiere el autor. No son fenómenos aislados los grupos de ultraderecha en distintos lugares del mundo, forman parte de una fuerte advertencia del poder establecido: quien piense darle otra forma al Estado, será acusado de comunista. La normalidad que transitan estos grupos es la paranoica, Alemán caracteriza a la paranoia como una posición tanto del sujeto como colectiva, donde “todo es interpretable bajo un mismo signo amenazante”. En este caso, la amenaza es una serie de grupos infiltrados que desean robar lo más preciado de la Nación: la identidad. La misma está amenazada por todo tipo de seres ajenos al modo de vida tradicional: extranjeros, gays, comunistas, etc.

La pandemia desnudó la falacia de la creación de riqueza por parte la empresa por si misma: “el engranaje productivo nunca se reiniciaría si los que van a ser explotados no se suman, de entrada, a volver a vender su fuerza de trabajo para generar el excedente”.

Dos son las categorías políticas puestas en crisis: las demandas insatisfechas y el empresario de sí mismo. La primera se refiere a que ocurre que el deseo de sobrevivir es mayor a los demás, por lo que se minimizan las condiciones sanitarias, hay que trabajar como sea. La segunda categoría es la de “sé tu propio jefe”, que apuesta al desarrollo individual del sujeto, cuando la realidad posterior a la crisis necesitará de trabajo en conjunto para la adaptación.

La definición de igualdad que brinda el escritor argentino se despega de la homogeneidad, no supone equivalencia ni uniformidad. “considero que la igualdad no se refiere a la equivalencia entre los valores de la mercancía y la homogeneidad de su intercambio. La igualdad se construye en la reunión de la diferencia singular de cada uno con su inscripción colectiva”.

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¿Qué viene?

En la parte final del libro, el escritor plantea uno de los grandes desafíos para la humanidad: reconquistar la soberanía popular y, de manera simultánea, lograr acuerdos internacionales perdurables. Conformar Estados con autoridad simbólica y acordar mundialmente otra manera de habitar el mundo.

La pregunta por un nuevo comunismo o la barbarie es una reedición de la fórmula de Marx, consigna Alemán.

“El comunismo se interpreta, en sentido ilustrado, como el estado final del movimiento dialéctico de la historia, a través de la praxis social humana, cuyo motor es la contradicción. Este movimiento explicaría el progreso histórico hasta llegar a la sociedad sin clases, es decir, los momentos de la superación de una sociedad a otra mejor (dependiendo de las relaciones y de su modo de producción), desde la prehistoria hasta la sociedad capitalista, estudiada y analizada por Marx en sus grandes textos”, desarrolla el autor para luego explicar porqué esa opción binaria -promovida por varios sectores subalternos- no es primordial.

En el texto se esgrimen dos razones; la primera de ellas es el razonamiento del Partido Comunista Chino, que considera que ellos utilizan el capitalismo y no al revés; la segunda razón es que la hegemonía cultural de Occidente se mantenía en virtud de un “nudo” tejido por la economía de mercado, el liberalismo y la democracia. Ese nudo ha sido desatado por el neoliberalismo y funcionan sin ninguna articulación entre sí.

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Lejos de cuestiones proféticas, “Pandemónium” invita a pensar el futuro inmediato, lo que pudiera ser la pospandemia. Un 2021 que continúa y profundiza el legado de su predecesor necesita enfoques alternativos a una salida inevitablemente mejor o la vuelta a un pasado idílico y seguro. ♣♣♣

#PA.

Domingo 24 de enero de 2021.