La derecha rebelde

La derecha rebelde

Por Adrián Machado


El último libro de Pablo Stefanoni recorre el largo y heterogéneo espinel de las nuevas derechas: alternativas, extremas, libertarias, incorrectas, neorreaccionarias, ecofascistas, diversas. La construcción de un nuevo sentido común debería importarnos, señala el autor. El texto es una guía para leer a estos movimientos y construir algunas alertas tempranas sobre fenómenos que pueden ser aun marginales, pero con potencial expansivo.

Hace poco menos de un mes Siglo XXI Editores publicó el nuevo libro del Doctor en Historia Pablo Stefanoni, “¿La rebeldía se volvió de derecha? Como el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos en serio)”. En poco más de 200 páginas Stefanoni indaga en distintos fragmentos de los nuevos movimientos de derecha; sus particularidades, coincidencias, divergencias, continuidades y rupturas con la derecha clásica neoliberal y los conservadores.

No son espacios lejanos ni ajenos a la realidad latinoamericana ni argentina, más allá que aquí no tengan una representación política fuerte, sí exhiben poder de fuego mediático y virtual. La apuesta del autor es alertar a que conozcamos quienes son, como piensan, que ideas sostienen, para que no nos sorprenda si en el futuro próximo se consolide un programa de ese tipo en Argentina.

“Quizás sea el momento de prestar más atención a las derechas, de analizar algunas de sus transformaciones y de indagar en el ‘discreto encanto’ que, en sus diferentes declinaciones, pueden ejercer sobre las nuevas generaciones”. Muchos jóvenes se sienten atraídos por estas derechas alternativas, en nuestro país podemos citar como referentes a Javier Milei y Agustín Laje, quienes realizan un movimiento de pinzas: uno desde lo económico y otro desde lo cultural. El autor del libro alienta a “aceptar la provocación e ir a ver en que consiste esa rebeldía, que es lo que quieren y por qué hay gente que los sigue. Incluso un paso más: tomar en serio sus ideas, aunque nos parezcan moralmente despreciables o ridículas”.

“El objetivo, más que ofrecer un mapa de las nuevas derechas, es una invitación, más modesta, a mirar juntos algunos fenómenos ‘marginales’ que podrían estar diciéndonos algo sobre el futuro próximo. Una especie de ‘miremos ahí a ver que hay, a ver si estamos viendo lo mismo’. Se trata, en casi todos los casos, de temáticas que ‘parecen de izquierda’, de banderas que el progresismo tiene en sus manos pero que podría estar perdiendo o que, al menos, no tiene aseguradas”, finaliza así su invitación Stefanoni.

La derecha parece haber ganado cierta capacidad de capitalizar la indignación, de hacerse ver como antisistema, pro pueblo, incluso rebelde, frente a una izquierda defensiva y políticamente correcta, especialmente en su vertiente “progresista” -concepto descafeinado si los hay-.

Luego de la implosión de la Unión Soviética y la historia no terminó, “volvió” abruptamente gracias a los movimientos terroristas, de extrema derecha, identitarios, a los cuales el historiador Enzo Traverso, citado en el libro, considera como “sucedáneos de utopías”. La izquierda se quedó sin imágenes de futuro para ofrecer -idea desarrollada por Alejandro Galliano en “¿Por qué el capitalismo puede soñar y nosotros no?”-, sin contar a las distopías, que son más bien visiones conservadoras de futuro. Pero tampoco estas derechas imaginan algo nuevo, “retroutopías” y catastrofismo, señala Traverso.

“Es claro que proyectos modernos como el socialismo (y el liberalismo) estaban intrínsecamente asociados al optimismo sobre el futuro y a una relación fuerte entre saber y emancipación. Si el futuro se clausura y el saber se disocia de la acción transformadora, la oferta discursiva de la izquierda, sea revolucionaria o reformista, pierde su atractivo”, grafica el autor.

Como ha mencionado Nick Land, uno de los iniciadores del aceleracionismo, hoy devenido en neorreaccionario: “la izquierda se encuentra con frecuencia encerrada en una lucha por defender al capitalismo tal como es frente al capitalismo tal como amenaza con convertirse”.

Es en este contexto que estallaron las nuevas derechas, algunas más conocidas, otras más de nicho. “Leer a un montón de gente que dice que ‘el mundo es de izquierda’ no deja de ser un ejercicio intelectual y político interesante. Es un poco como ver la Tierra desde el espacio. Ver el planeta progre desde la constelación de las derechas insurgentes”, argumenta el texto.

En el primer capítulo se exponen las transformaciones globales de las derechas, del conservadurismo de Reagan-Thatcher a las alt-rights. Todavía los liberales conservadores provenientes de la década del 80’ del siglo pasado no asimilan del todo la situación y prefieren creer que unos locos coparon su espacio político. Aun buscan reconstruir su viejo predominio neoliberal cosmopolita, cuando enfrente tienen a múltiples islotes que hacen del etnonacionalismo su modo de ser -esto continuará, a pesar de la derrota de Trump-.

A continuación, el autor desarrolla la incorrección política como forma de construcción antiprogresista. Luego, analiza por qué los libertarios dieron un giro hacia la extrema derecha y como esa tradición de pensamiento que tiene al Estado mínimo como bandera -incluso brega por la desaparición del dispositivo estatal- puede mezclarse con reaccionarios, autoritarios y fascistas en nombre de la “libertad”.

El capítulo cuatro es el momento de la indagación acerca de los vínculos entre sexualidad y extrema derecha, específicamente sobre el homonacionalismo. “¿Por qué nos encontramos con tantas figuras homosexuales en la escena de la extrema derecha europea? ¿Podemos hablar de una extrema derecha gay friendly?”, se pregunta Stefanoni.

Con el temor a la expansión del islam como telón de fondo, algunas extremas derechas intentan conseguir el apoyo gay-lésbico con un discurso de defensa de los valores occidentales para utilizarlo en su propia lucha contra la inmigración y el multiculturalismo.

El último episodio se concentra en desarrollar la relación entre la ecología y las derechas, a través de dos visiones sobre la crisis climática en curso: la ética de la nave Tierra, que consiste en visiones solidarias para afrontar el riesgo del calentamiento global, y la ética del bote salvavidas, que sostiene que si se intenta salvar a todos se terminará por no salvar a nadie.

Finalmente, el libro culmina con los desafíos que trae aparejado este escenario para el progresismo y las izquierdas. El texto incluye un necesario glosario para iniciarse en la cuestión, encontraremos términos como 4chan, Alt-right (derecha alternativa), corrección política, cuckservative, doxing, ecofascismo, gran reemplazo, homonacionalismo, ideología de género, incel, libertarismo, LOLcat, MAGA, marxismo cultural, MGTOW, Neorreacción (NRx), normie, paleolibertarismo, Rana Pepe, SJW, redneck, Red Pill, White Trash.

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Extremo

No son lo mismo las derechas alternativas, las extremas y los neorreaccionarios. Esa diferencia queda clara en el texto cuando el análisis atraviesa las experiencias de Vox en España, Salvini en Italia, Bolsonaro en Brasil, Le Pen en Francia. De todos modos, existen valores que los cohesionan: la identidad nacional, el rechazo a la inmigración, la condena al multiculturalismo, en Europa la obsesión con la “islamización” del continente y las “imposiciones” de la Unión Europea.

Otra subgalaxia de la Alt-right está compuesta por los neorreaccionarios, vinculados a Silicon Valley. La democracia e igualdad no figuran entre sus prioridades, es un movimiento antimoderno y futurista, “de libertarios desilusionados que decidieron que una cosa es la libertad y otra la democracia, y que no se pueden lograr cambios mediante la política”, detalla Stefanoni. El gobierno, dicen, debería administrar al pueblo irracional, no representarlo. E indican como modelo a seguir a Singapur o Hong Kong, pero con menos política y más tecnoautoritarismo. Las ciudades deberían competir por sus ciudadanos/consumidores.

“Aunque las diferencias son numerosas en la galaxia alternativa, hay un elemento común: en sus diferentes versiones, estas derechas odian a los conservadores convencionales, que habrían capitulado ante el progresismo”, argumenta el autor.

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Incorrectos

En cuanto a la incorrección política, se encuentran desarrollados en el libro foros como 4chan, Pepe the Frog, la red pill, los incel. La ironía sin límites morales y tabúes en la web, mayormente mediante memes, le da una ventaja a esta derecha contra otros movimientos tradicionales.

“Hoy ya no existe el comunismo más que en enclaves residuales; sin embargo, para muchos, un nuevo totalitarismo, portador de la misma utopía de llegar a colonizar los cerebros humanos, habría emergido de forma mucho más sutil pero efectiva, y se habría implantado en escuelas y universidades, medios de comunicación, empresas, organismos multinacionales y Estados. Es la dictadura de la corrección política, que dispone de su policía del pensamiento, su neolengua y sus ciudades vidriadas”, comenta de esta manera el historiador la matriz de pensamiento que engloba a la Alt-right. En otras palabras, la idea fuerza que sostiene la batalla anti-establishment de estos movimientos es, que como el marxismo perdió la lucha de la economía -el desmoronamiento del socialismo real sería la evidencia perfecta-, se abocó y ganó la batalla cultural. El llamado “marxismo cultural” agruparía desde “la socialdemocracia hasta la extrema izquierda y una de las manifestaciones de su victoria cultural se encontraría en la denominada ‘corrección política’, una forma de totalitarismo más disimulada, pero por ello más pérfida que el totalitarismo clásico”.

Es paradójico que la acusación de estos supuestos males: degradación moral, promiscuidad sexual, hedonismo consumista, entre otros, no sean otra cosa que el resultado de las propias dinámicas de las sociedades capitalistas.

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Gire a la derecha

Los libertarios giraron a la extrema derecha y una de las figuras clave para entender este proceso, sostiene el texto, es el estadounidense Murray Rothbard, economista formado en la Escuela Austríaca de economía de Mises y Hayek. “Fue el quien, en los primeros años noventa, bautizó la síntesis libertario-conservadora como “paleolibertarismo“. Los paleolibertarios consideran que la autoridad siempre será necesaria en la sociedad y distinguen la autoridad “natural” (derivada de las estructuras sociales voluntarias) de la “antinatural” (impuesta por el Estado)”, especifica Stefanoni.

La intención de destruir el Estado se mantiene, la variación se produjo en el ámbito privado. De “cada uno es dueño de su vida” y puede consumir o no drogas, tener la orientación sexual que considere, se ha llegado a una confluencia de pensamientos con las extremas derechas en cuanto a la importancia de la familia tradicional, la religión cristiana y el rechazo a la homosexualidad.

Otra idea compartida entre el libertarismo y la extrema derecha es la de “decadencia de occidente”. El gobierno pequeño, la jerarquía de género y de raza, se están perdiendo. Es decir, lo mejor de la sociedad se extingue por culpa de los progresistas.

Es el pensamiento de Rothbard, expresa el autor, el que puede unir teórica y políticamente a Milei con Laje y a los dos con figuras como Gómez Centurión o Cecilia Pando.

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Homonacionalismo

La relación entre sexualidad y derechas es explorada en “¿La rebeldía se volvió de derecha?” en torno al “homonacionalismo”. Este concepto dispara preguntas relacionadas a las articulaciones entre homosexualidad, nación, raza y clase: “¿el movimiento LGBTI de los países desarrollados esta corroído por el nacionalismo? ¿Le está lavando la cara a una xenofobia de nuevo tipo? ¿Sus reivindicaciones están siendo instrumentalizadas por los heraldos de un Occidente que lanzan operaciones militares en Medio Oriente, pero también operaciones policiales en los suburbios de las ciudades europeas, habitadas por un gran número de musulmanes, en nombre de la ‘democracia sexual’?”

El basamento que promueve la supuesta defensa de la diversidad y las minorías es el “gran reemplazo”, idea publicitada por el escritor francés Renaud Camus. El novelista disfraza un prejuicio común como una gran teoría: la población europea está siendo reemplazada por inmigrantes no blancos. Este remplazo echaría por tierra a un pasado idealizado y nostálgico.

El crac en la grieta que encontraron las nuevas derechas para adquirir apoyo es la denuncia de la homofobia -de parte de los musulmanes, siempre-, ya que la muestra renovada, moderna, republicana y occidental. Mientras que, al mismo tiempo, ensaya un discurso racista y anti inmigrantes.

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Pachamama

El ambiente, la ecología, la naturaleza, son tópicos recurrentes dentro de la derecha clásica y los movimientos ecofascistas. Las visiones de fin del mundo, ante la amenaza climática, conviven con las solidarias de intentar salvarnos todos juntos. Stefanoni bucea en la oposición entre espíritu y materialismo, entre la “naturaleza viviente de Goethe” y la “naturaleza muerta de Newton”. La intuición versus la razón, la cultura sobre la civilización, el regreso a la naturaleza en detrimento de las grandes urbes en un contexto de acelerada industrialización.

En el siglo XX, ni la socialdemocracia ni el comunismo prestaron atención al malestar romántico con la industrialización, la racionalización, reificación, mecanización de la vida y la individualización. Alemania fue precursora de esta cuestión, el nazismo le dio un lugar privilegiado en su sistema de creencias.

“Pureza ambiental y pureza racial, y, en parte del nazismo, adhesión a visiones neopaganas”, sintetiza el libro. Claro que dejaban fuera de esa ecuación a los judíos, nómadas sin raíces e incapaces de una relación “autentica” con la tierra.

Actualmente, el ecofascismo se compone del “veganismo, antimulticulturalismo, nacionalismo blanco, condena del plástico de un solo uso, antisemitismo y, a menudo, un interés apasionado por la mitología nórdica”.  La inmigración es descripta como una guerra ambiental, se sostiene que no existe un verdadero nacionalismo sin ambientalismo.

El aspecto ambiental es de suma importancia, porque la política del siglo XXI lo constituirá como uno de sus pilares. Las derechas xenófobas ya lo saben y aprovechan la crisis actual para presentarse como guardianes que evitaran el colapso global.

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Dos de los polos ideológicos dominantes actuales son el neoliberalismo libremercadista, culturalmente progresista y globalizado; y, por otro lado, la nueva derecha defensora de la soberanía nacional y antimoderna, xenófoba y reaccionaria, cuyo objetivo es encerrarse fronteras adentro. Las izquierdas encuentran difícil intervenir libremente ante ellos, argumenta Stefanoni, y relata el caso europeo de ex votantes de clase trabajadora que se identificaban y votaban a la izquierda que ahora se han corrido y eligen a las extremas derechas.

Las visiones de futuro son centrales en la disputa política ideológica y deben ser acompañadas de cierta certeza en su consecución. Lo económico, lo social y cultural debe verse posible, realizable. ♣♣♣

#PA.